sábado, 31 de diciembre de 2011

lunes, 26 de diciembre de 2011

Años después

Me escribes y me dices: Te recuerdo.
Y pienso en tu mirada. Me parece
sentir tu corazón que me golpea
mi pecho y las costillas. Te deseo.

Me recorre los días la tersura
de esa piel de mujer. El suave roce
de tus labios calientes. Esa noche
en que, pegada a mí, le recordabas
cuando tú estabas triste. Cuando era
tu voz desolación por el pasado.
Cuando no me querías y buscabas
en mi carne otra carne. Eras amarga,
como un adiós, igual que el nombre
que entonces pronunciaste.

Pasión antigua. Relámpago perdido.
Amanecer con alguien que no amamos.
Y tú estabas ausente y con la fiebre
del sexo muy lejano y allí mismo
la fugaz sensación de ser un pájaro
caliente y frágil y ni siquiera ajeno.
Hay noches como mundos. Ya vencida
me gritaste su nombre en el instante
en que mi vida entraba entre tus piernas.

Luego lloraste. Jamás me permitiste
que secara tus lágrimas a besos.
Amaneció después. Estaba solo.

***

viernes, 23 de diciembre de 2011

Nuevo artículo en Diario Abierto

Hay nuevo artículo en diarioabierto sobre el Gobierno de Rajoy.

Alguna sombra hay en el nuevo Gobierno de Mariano Rajoy. Y eso por decir algo. No deja de sorprender que, con lo cuidadoso que ha sido Mariano Rajoy, haya cometido el desliz de nombrar algunos ministros cuyo pasado arroja algunas sombras por lo menos curiosa.

*** 

lunes, 19 de diciembre de 2011

Una historia

Yo la recuerdo aún. Había en sus ojos
una cierta tristeza, como si todo fuera
una página escrita por un loco. Y en la fiesta
no hubiera ni licor ni cigarrillos.
Me había dicho unos minutos antes
no sé qué de un amigo que no había
acudido a la cita. Conversamos
de esas cosas que se hablan cuando nada
promete una aventura apasionante.

Era hermosa. Tal vez, como son todas
las mujeres que alguna vez hallamos
sin nombre ni país en nuestra cama.
Me contaba de libros y poemas y decía
que se encontraba mal. No conocía
al dueño de la casa. “No sé qué hago
en esta fiesta absurda”. Y sonreía.

Fumamos un cigarro, mientras alguien
cantaba a gritos, y mal, una ranchera.
Le propuse marcharnos y salimos
hasta la noche fría y a la calle.
En un bar de suburbio emborrachamos
su corazón y el mío. 
Era muy tarde para hablar y muy temprano
para llevarla, vencida, hasta la cama.
Así que nos quedamos. Y las horas 
acercaron sus labios y sus brazos.
Me llevó hasta su casa. En la cocina,
con un café cargado y el cansancio
de tantos cigarrillos, me besó muy despacio.

Amanecía.
A tropezones bajé por la escalera.
Supe entonces
que el amor nunca es como queremos,
ni siquiera remotamente se parece
a lo que alguna vez leímos en los libros.
Pero os juro que habría dado
un trozo de mi vida porque ella
me hubiera dicho: “Esperé siempre, amor,
una noche como ésta”. Pero sólo me dijo:
“Estoy cansada. Te llamo cualquier día”.

***

Estos son



Estos son los cantautores que fueron a la inauguración de la exposición del gran Fernando Lucini. Jóvenes y menos jóvenes. Pero todos dejándose la piel por la canción, por el mensaje, por la vida, como el propio Fernando. Ojalá salga adelante ese Centro de Cantautores que Lucini quiere llevar adelante, un centro para la investigación, la documentación, la historia, la formación.. Ojalá. ¿Es que no va a haber ninguna institución que apoye una iniciativa que existe en Francia, Italia o Alemania...?

No dejéis de ir. La exposición sigue abierta hasta mediados de enero.

***

jueves, 15 de diciembre de 2011

Exposición que no hay que perderse









Hoy estaré en Rivas, asistiendo a la inauguración de la exposición que el gran Fernando Lucini ha montado en el Centro cultural Federico García Lorca.

La exposición estará abierta hasta el 13 de enero, con lo que tendremos y tenéis tiempos de visitarla. Merece la pena, porque es la memoria no sólo musical, sino artística y social de un país y de un pueblo.

De Fernando ya lo he dicho todo. Creo que es uno de los pocos que ha dedicado su vida a la canción de autor, a la memoria, a la lucha. Hombre de una generosidad que casi hiere, tiene en el corazón cada nota que se ha interpretado en España para luchar por la libertad. Yo me siento orgulloso de ser su amigo.

***

miércoles, 14 de diciembre de 2011

Pueblo espejo

Esta noche mi amigo Emiliano  presenta su disco. Quién pudiera estar allí. Quién pudiera acompañarle, escuchar su voz, su música, sentirme parte de ese compendio de canciones, de ternura, de sensibilidad, de rabia.

Mi amigo Emiliano me tendrá allí, a su lado. Mi corazón estará escuchando sus canciones, viviendo con él su noche, la nuestra.

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lunes, 12 de diciembre de 2011

Dos poemas


Te reías

Me llevaste una tarde, en esa hora
en que juegan los niños y las cosas
adquieren otra luz. Yo te esperaba
sentado en nuestro bar y tu llegaste
resplandeciente, abierta. Y te reías. .

Había un secreto tuyo en esos ojos
en los que el mundo entero se caía.
Me besaste despacio sin dejarme
abrazar tu cintura. Te reías.
Y luego me tomaste de las manos.
Dijiste: ven conmigo. Y te reías.

Yo preguntaba. Inútil preguntarte.
Corrías de mi mano por la calle.
Montamos en el coche. Y te reías.
Es por aquí, dijiste. Me llevaste
por calles y por barrios. Te reías.

Entraste en un portal. Tu cuerpo breve
subía la escalera a tropezones.
Te seguía como un ciego, como el niño
que sabe que no hay nada en otros brazos.
Paraste ante una puerta. Y te reías.

Al entrar en la casa me miraste.
Me besaste con rabia. Me mordiste
los labios y tus brazos me apretaban
como si toda la vida se estuviera
cayendo entre tus pechos. Te reías.

Dijiste: es nuestra casa. Y allí mismo
contamos lentamente amor y noches.
Nuestra casa, dijiste. Y te reías.


Las cosas no marchan

Las cosas marchan bien si considero
que el médico me dice, por ejemplo,
que han bajado los índices en sangre
de la glicosilada y que parece
que tengo el colesterol muy controlado.

Las cosas marchan bien. Incluso puedo,
según receta médica, tomarme
mis vasitos de vino. Están las cosas,
los análisis de todas las miserias
de este cuerpo vencido, en plena forma.

¿Qué quieres que te diga? En estos tiempos
de fría incertidumbre juraría
que tengo el corazón y mis asuntos
en paz con esta vida y con los hombres
y soy afortunado, o eso dicen.

Sin embargo, cuando leo el periódico me asaltan
los miedos y las sombras. Y no duermo.
Y sigo por las noches tiritando
sobresaltándome el alma cuando oigo
que el hombre está muriendo en su esperanza.

Así que me detengo. Veo la lluvia
cayendo lentamente como lágrimas.
Y aquí mismo, en esta soledad de la tormenta,
me paro ante tus labios. Desearía
tenerte una vez más bajo mi cuerpo.

Porque así, la tristeza mismamente,
el dolor de los otros, esa dulce
sensación de morir cuando no hay nada
que pueda rescatarme del naufragio,
sería como el mal sueño de tu ausencia.

Y siento que en la oscura madrugada
volverá otra vez, como un perro salvaje,
la angustia de saber que los informes
de médicos y todas sus recetas
no servirán ya nunca para darme
esa felicidad de un mundo que se muere.

Las cosas no van bien. Sólo por eso
te escribo estas palabras. Duele el hombre.

***

jueves, 8 de diciembre de 2011

Nuevo artículo

Nuevo artículo en diarioabierto.es

Nunca he sido monárquico. He respetado la institución como algo inevitable. Pero siempre he creído que era más justo y democrático cualquier otro sistema que no viniera de esa idea de la designación divina y hereditaria


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lunes, 5 de diciembre de 2011

La luz oscura

Esta noche, la luz.
Inmenso mundo que parece
detenerse un instante, mientras ruedan
despacio por la vida tus sonrisas.
Ay, si pudiera darte esos momentos,
la palabra no dicha, y esas manos
que tiemblan al buscarte entre las sábanas.

Todo oscurece ahora, cuando el hombre,
sin paz y sin paisajes, se adivina
en el certero norte donde estaban
las voces de la tierra. Y ahora mismo,
mientras el miedo corre por las venas
y atasca los semáforos, reinventa
caminos y montañas, sueña algo,
la esperanza tal vez  de cualquier noche,
me detengo y sonrío al recordarte.

Me llamas esta tarde. Y yo camino
por calles y mercados, atravieso
las plazas y los ríos y te busco,
sin encontrar jamás la estrella que me guíe
hasta tu pecho cálido y culpable.
No hay tiempo para amar. Sólo recuerdo
un hueco en el costado de tu carne,
la humedad de tu boca. Y esa muerte
que me hacía vivir entre tus piernas.

Pero de todo, de la luz y de la noche,
del camino y la calle, de tus labios,
del calor de tu vientre, del mareo
de caer en tus ojos, del espanto
de tanto empeño inútil por tenerte,
de todo, todo eso, nada puede
salvarme de tu olvido, de que un día
me amases como a nadie.
¿Dónde andas?

***

viernes, 2 de diciembre de 2011

Día mágico, de padres e hijos

Llego tarde a casa. Muy tarde. Y, sin embargo, esta noche, no me siento cansado. Será que mi alma le da un chutazo al cuerpo por lo vivido a lo largo del día.

En Libertad, 8 he presentado el libro de Jon Andion. Me he encontrado, después de tantos años, con Raúl del Pozo. Hemos recordado los años en los que hacíamos periodismo de calle. Hablamos del desastre  que vivimos en estos tiempos. Raúl ha dicho unas palabras maravillosas sobre Jon y su libro. Hemos leído poemas. Nos hemos emocionado (Ay, esa mirada de su madre, colgada del hijo. Ay, ese padre que casi no escuchaba nada que no fueran los versos del hijo).

Y cuando he escuchado en la voz de Patxi, de Pablo Guerrero, de Antonio Marín Albalate, de Alexandra Fierro, de su editor Antonio Huerga, en mi propia voz, la poesía de Jon me he dado cuenta más profundamente de su belleza, de esas palabras que parecían otras, distintas, brillantes.

Dios, qué juventud ésta. Capaz de vivir a mordiscos la vida y, a la vez, hacer poesía como la que ha publicado Jon.  Qué jóvenes éstos que saben del mundo y lo llenan de esperanza. Porque luego, más tarde, y a la carrera, me he ido al concierto solidario de TeleK. Y allí más juventud, mas luz, más esperanza.

Un auditorio abarrotado (cerca de mil personas) para escuchar a jóvenes como Pedro Pastor (ojo a este chico). Y otra vez esa mirada del padre sobre el hijo. Esa mirada de Luis Pastor (tan joven siempre) sobre Pedro. Su sonrisa.

Para escuchar otra vez a Manuel Cuesta. Un divertido Manuel Cuesta que, a guitarra descubierta, llenó de sueños el auditorio Marcelino Camacho. Para escuchar a Ismael y, al más joven de todos, a Luis Eduardo Aute, al que sólo con verlo te llena el corazón de música.

Luego, charla distendida. Y disfrutar de la alegría y la humanidad de cantautores como Moncho Otero, Rafa Mora o Lucía Caramés y Javier Rodríguez del Barrio... y Joaquín y Nacho y.... Y antes, el gran Fernando Lucini. Fantástico, cariñoso y paternal con todos.

Por eso, cómo no llegar a casa, feliz, sin cansancio. Con la esperanza puesta.

***