martes, 19 de febrero de 2008
Galletas de tierra
Ahora esa tierra ha subido de precio y ya no pueden comprarla. Posiblemente, alguien se dio cuenta de que en esa tierra estaba el negocio y la pusieron precio. Los pobres ya no pueden comprarla y ahora las galletas las hacen con tierra que recogen al lado de los basureros. Los niños las comen y enferman. Siempre se puede ser más pobre. Cuando parece que ya no hay forma de caer más bajo, los pobres caen todavía más. Ya no hay tierra "comestible" para ellos.
Sé que es difícil no caer en la demagogia. Pero los basureros europeos están llenos de productos que arrojamos a la basura, que no somos capaces de consumir antes de la fecha de caducidad. Tiramos el pan del día anterior, los yogures pasados de fecha, la fruta picada. Se arrojan toneladas de tomates al mar para que no bajen los precios, nuestros cuartos de baños están llenos de medicamentos que no utilizamos.
Y mientras, en Haití, los niños comen tierra, galletas de tierra, y enferman y mueren sin medicamentos. Pero no importa: nosotros vivimos en un mundo feliz y en la abundancia.
lunes, 18 de febrero de 2008
A mis amigos de Argentina
Buenos Aires
Buenos Aires, tan vivo en la memoria
en la calle Corrientes donde fuimos
a buscar ese tango deseado.
Pero no estaba el tango,
y el deseo tenía la amargura
de los días perdidos en tu ausencia.
Y la niña sentada en su sillita
con un bandoneón más grande que ella.
Las viejas librerías.
Mercado de San Telmo
y los viejos cafés,
los nuevos besos
en el hotel cuando era Buenos Aires
pincelada de luz, La Recoleta.
Cuando Madrid era un nombre
rompiendo el corazón y la distancia.
Y estaba entre tus labios,
en los brazos
de los viejos amigos encontrados.
Buenos Aires olía
a esa ciudad siempre soñada
hecha, por fin, azul entre los dedos.
domingo, 17 de febrero de 2008
Camino del trabajo
Con la primera tos de la mañana,
las muertes cotidianas, los espejos
de esa realidad donde el dolor se hace
la palabra de tinta del periódico.
Luego viene ese sueño de los lunes,
el billete del metro, la muchacha
que mira los apuntes y se aparta
el pelo de los ojos y subraya
con el bolígrafo rojo
unos folios en blanco.
Y después, ya en la calle, este febrero
que quiere ser diciembre y los carteles
de playas soleadas,
el olor a café de un bar cualquiera.
En la pared, alguien con tiza
escribió sobre el ladrillo desconchado:
“Estoy muy sólo”.
Madrid está hoy a cero grados.
miércoles, 13 de febrero de 2008
12 años
Ya sé que asistimos cada día a hechos que destrozan el corazón. Niños, o casi niños, que cometen crímenes como violaciones, asesinatos, incluso, aunque sean excepciones. Sé que es difícil explicar a unos padres que el que arrebató la vida de su hija saldrá a la calle en apenas unos años. Pero también sé que esos niños son el producto de una sociedad que hemos hecho entre todos, una sociedad que ha hecho de la violencia y la crueldad sus más importantes valores.
Algún sesudo psicólogo decía hace unos días que los reformatorios eran escuelas de delincuentes. Que tenían un nulo o casi nulo valor reformador. Meter en una cárcel a un niño de 12 años me parece que no solucionara el problema, mientras no seamos conscientes de que es la educación, el ambiente familiar y de barrio lo que hace a hombres y mujeres ciudadanos capaces de entender que viven en un mundo de todos en el que el respeto al otro es la única forma de conducta.
Me asusta que cada vez que el PP lanza un disparate como éste, suba en las encuestas. Me asusta que la buena gente crea que sólo el palo es capaz de solucionar una enfermedad que atraveisa la sociedad de punta a punta.
Doce años, Dios mío. Doce años. Quienes hacen propuestas así, ¿cuando llegan a su casa son capaces de mirarse en los ojos de sus hijos?
Plataforma PAZ
No puedo compartir la idea expresada por Mariano Rajoy de que se trata de artistas "untados" y vendidos. No creo yo que a estas alturas gentes como Joan Manuel Serrat, Sabina, Almodovar o José Luis Cuerda necesiten al PSOE para vivir. No creo que necesiten ser "untados". Es gente que ha vivido y vive de su trabajo y que, cuando han tenido que dar la cara -guerra de Irak, por ejemplo- lo han hecho. Las gruesas acusaciones de Rajoy son, en la forma y el fondo, una villanía que sólo descalifica a quien las hace. Tampoco me parece a mí que sea el pago por el tan controvertido canon digital.
O sea, que defiendo y defenderé el derecho de cada uno a apoyar a quien le dé la gana. Pero no deja de ser curioso que nadie haya criticado el apoyo al PP de gente como Jiménez Losantos o Pedro J. Ramírez. Da la sensación de que eso sí está admitido. Eso es normal. No lo es que otros hagan lo mismo con el PSOE.
Lo que no sé es la eficacia de estos apoyos. Muchos de los que hoy apoyan al PSOE lo hicieron antes a IU que se ha quedado casi en completa soledad. Víctor Alfaro me preguntaba que qué opinaba de que Sabina pidiera el voto para el PSOE cuando antes lo hizo por Izquierda Unida. Yo hubiera preferido que la dichosa plataforma hubiera pedido el voto para la izquierda, en general. Hubiera sido más justo, sin duda. Pero no puedo criticar que lo haya hecho por Zapatero.
Sí me causa una cierta desazón que el apoyo esté tan personalizado en Zapatero. No es ni siquiera un apoyo a los socialistas, sino a su líder. Sinceramente creo que es un error porque no se apoya a una ideología. Se apoya un nombre. Y eso no es bueno, aunque la verdad es que todas las fuerzas politicas han personalizado su campaña, incluida IU. Creo que son cosas de las elecciones norteamericanas.
En cualquier caso, como decía más arriba, no sé el efecto que iniciativas como ésta tienen en el electorado. No creo que el votante, por fan que sea de Sabina, de Serrat o de Ana Belén, se sienta influenciado por sus opiniones. A mí me parece que los electores tienen su propio criterio, sus propias ideas y, posiblemente, les agradará coincidir con los artistas que admiran. Y poco más.
Me da una cierta tristeza el abandono a IU. Se merece mucho más. Tal vez por eso, algunos han preferido no estar en la Plataforma. Pero, por lo demás, vayan mis respetos por quienes han tomado una decisión que, desde luego, no se basa en lo "untados" o no que puedan estar.
lunes, 11 de febrero de 2008
Tristeza
Estamos asistiendo a una de las campañas electorales más extrañas y, posiblemente, más sucias. Vale todo. Desde la mentira a las amenazas. Un cambalache tremendo. Hablan los políticos de nuestros problemas, pero, ¿por qué nos suena tan falso todo? ¿Por qué nos suena tan lejano?.
Hoy en algún medio se contaba que los jóvenes licenciados entran en el mercado de trabajo con sueldos cada vez más bajos. Antes, tener una carrera era una garantía para "colocarse" bien o medianamente bien. Hoy, un licenciado puede acabar sin poder ejercer su profesión. Dinero, esfuerzo, estudios desperdiciados.
Hablan los políticos de la vida. Y nos parece que ellos viven otra vida. Hablan de proyectos. Y nos parece que son proyectos en los que el ciudadano no encaja. Las últimas encuestas dicen que se recorta la distancia entre PP y PSOE. Y lo preocupante es que eso sucede cuando el PP endurece su discurso con los derechos de homosexuales, de inmigrantes.
¿Vivimos en una sociedad intolerante? ¿O es que la repetición machacona y apocalíptica hace mella en esa sociedad? El PP utiliza el miedo como arma electoral. Miedo a los inmigrantes, a los extraño, a la diferencia. Miedo al terrorismo, miedo a la tolerancia y la solidaridad. Ayer decía Rajoy algo parecido a "que vengan de fuera, pero, ojo, que al final aquí no cabemos todos".
Pero, ¿quiénes no cabemos? Rajoy defiende un país para unos pocos, un país para los que han tenido la suerte de nacer en él, insolidario y egoista, amenaza a los artistas que no están con él, amenaza a los homosexuales diciéndoles que les quitará derechos, amenaza a los inmigrantes en un país de emigrantes... Y sube en votos. Y puede ganar. Ha descubierto que la dureza, que la falta de corazón, vende. El PP no lucha por una España igualitaria y solidaria. Lucha y propone una España egoista.
Me da tristeza escuchar todas las mañanas el discurso cansino y catastrofista de los que creen en el infierno, de los que creen en el cielo sólo para escogidos, en los países de una felicidad basada en la infelicidad de los demás.
Y otra cosa.
El actual Papa ha dicho que el infierno existe, ese lugar sádico, de sufrimiento eterno. El infierno de un Dios cruel capaz de castigar eternamente por los errores siempre fugaces de los hombres. El Papa es infalible, o sea que no se equivoca al plantear la existencia de una monstruosidad semejante.
El problema es que el anterior Papa, que también era infalible, que no se equivocaba en estos asunto, dijo que el infierno no existía. Que el infierno era una situación: la ausencia de Dios.
¿Cuál de los dos Papas era infalible?
viernes, 8 de febrero de 2008
Enfermos de amnesia
Por fin, gracias al PP, sabemos por qué se vienen los inmigrantes. es por las mamografías. Pero dijo más: dijo que quienes llegan a España son gentes sin preparación alguna, sin formación. Y recordó aquellos años en los que había camareros que te servían un cortado como Dios manda. Es verdad. Había que ver en los casinos de antaño cómo los camareros servían con reverencia y humildad, sin una queja a los señoritos. Coño, este Cañete sabe de lo que habla.
Tremendo todo. Cañete, seguramente, prefiere que los inmigrantes mueran de un cáncer y sufran sus enfermedades sin una queja y sin atosigar al personal de la Seguridad Social. Olvida que los inmigrantes pagan su Seguridad Social y tienen los mismos derechos que cualquiera. Y olvida que la Seguridad Social en España es universal y todos tienen derecho a ella. No olvida porque no lo conoce, que hay algo que se llama solidaridad entre los hombres y los pueblos. Y aunque sólo fuera por eso, cualquier ser humano tiene derecho a ser atendido en su enfermedad.
Y olvida, sobre todo, que este país ha sido un país de emigrantes. De hombres y mujeres que fueron a latinoamerica, a Francia, a Alemania a buscar trabajo o a buscar amparo tras una guerra atroz. Y que muchos tampoco eran mano de obra cualificada. Y que esos españoles tuvieron atenciones sanitarias, y cobran ahora su pensión de los países que les dieron acogida. Olvida la canción de Ismael, Dulce Memoria:
Ya no recuerdas los trenes
que partían de aquí
cargados con tu esperanza
hacia la vieja Alemania.
Pueblo emigrante
enfermo de amnesia.
Nuestros emigrantes no sabían francés, ni alemán. No juraron las constituciones de los países que les dieron acogida, no se les obligó a prender sus costumbres y siguieron escuchando flamenco, haciendo su paella, añorando las fiestas de su pueblo, rezando a su virgen de la Macarena o trasladando allí sus romerías y su cultura. Y gracias a ellos, a su ahorro, la economía española resistió y aguantó.
Los inmigrantes que ahora recibimos no saben servir el café, ni preparar la tostadita de manteca colorá. Sólo vienen para que les hagan una mamografía. Va a tener razón Arias Cañete: hay que vigilarlos de cerca. Son unos abusones.
PD. Por cierto, recomiendo encarecidamente la lectura de Soledad Gallego en El País de hoy. Claro, limpio y emocionante.
miércoles, 6 de febrero de 2008
Dimas Cuevas
Y, ya metido en harina, el buen Dimas, por cierto el buen ladrón que fue crucificado con Cristo, añade: "y los convites para homosexuales serán a base de perritos calientes y plátanos al horno". Para troncharse. Habrá que oirle en el Senado si sale elegido, que parece que puede salir, cuando tenga que hablar sobre cualquier asunto. Estoy seguro que hará gala de su nunca bien ponderado sentido del humor y de la ironía.
En fin, ésta es la gente en la que el PP confía. Al menos, nadie podrá decir que es un hipócrita. Él va con sus pensamientos por delante.
Dimas, eres un monstruo, tío.
martes, 5 de febrero de 2008
El niño que cantaba
Era un chaval de unos 14 años. Parecía tener el síndrome de Down. Sonreía feliz. Tenía en sus orejas dos auriculares y, de vez en cuando, cantaba a voz en grito alguna estrofa. Cantaba con pasión, sin dejar de sonreír. No recuerdo que canción era porque, además, era difícil identificarla. Sólo repetía algunas frases. Y sonreía.
En medio del vagón, entre gente silenciosa y aburrida, la voz del niño me pareció un canto de esperanza, de vida. Dejé de leer y todo el trayecto fui oyéndole, mirando su cara de felicidad. Coincidí con él alguna vez más y disfrute de su alegría, de su canto.
Entre las páginas del periódico, en medio de aquellas noticias de muerte, de las declaraciones huecas de los políticos, de los anuncios de compras imposibles, la canción de aquel muchacho era un soplo de aire, el recuerdo de que la felicidad tiene rostro y la vida puede hacerse canción desafinada.
Ahora, que por razones de trabajo, he dejado de coger aquel tren, recuerdo alguna mañana la voz de aquel niño y sonrío. La gente, a mi lado, me mira como si estuviera loco.
lunes, 4 de febrero de 2008
Buscando en los cajones
Estos días anduve por mi vida
buscando en los rincones, colocando
en su sitio recuerdos y postales,
las palabras de adiós,
un beso, cigarrillos
de las noches sin ti.
Revolví en los pliegues de la carne,
en los huecos del alma, en los cajones
del armario de arriba.
He encontrado billetes de autobús
ya caducados
marcando viejos libros de poesías
que copié en tus caderas
y en tus pasos.
Encontré en los recuerdos
el olor del membrillo del verano,
el perfume a lavanda de tu risa.
Y, luego, bien doblado,
he encontrado el olvido
igual que una camisa
que no sirviera a nadie.
viernes, 1 de febrero de 2008
El voto
El documento electoral de la Conferencias Episcopal supera todo lo imaginable. De una manera nada sibilina, terminan por aconsejar que no se vote al PSOE con los mismos argumentos que el PP: el PSOE pactó con ETA. De entrada, el PSOE y todos los partidos que han estado en el poder, no te jode. Pero se suben al carro de los populares para intentar hacer creer a todos que han sido los socialistas los únicos que lo han hecho.
Y de salida, a mi me parece bien que la Iglesia defienda su moral, pero que no trate de imponerla. La Conferencia Episcopal se mete en política, e interfiere en lo que es un asunto civil. Puede hacerlo, pero que se atenga a las consecuencias, porque habrá que recordarles su postura ante las distintas dictaduras, su ominoso silencio ante los ataques a los derechos humanos, su obscena riqueza en un mundo injusto y desigual, su falta de moral ocultando violaciones, abusos a menores de m uchpos de sus miembros.
En el pasado, en este país, se debatió firmemente el voto femenino y dirigentes nada sospechosos de derechismo plantearon no conceder el derecho del voto a la mujer. Eso ahora -y entonces- nos parece una barbaridad. Pero temían que la mujer terminara votando lo que imponía el confesor y el marido. Hoy la Iglesia quiere conducir el voto para mantener sus privilegios. Unos privilegios que, por cierto, ningún Gobierno de izquierdas les ha negado y que, incluso, ha aumentado.
La santurronería de la Iglesia, su hipocresía les lleva a hacer un comunicado en el que, al amparo de la libertad de expresión, de su incarnación en el mundo, intentan influir en las elecciones. Lo peor es que habrá gente, buena gente, que hará caso a los obispos, que entenderán que ellos hablan desde el magisterio divino y no pueden equivocarse. Habría que recordarles la postura de Cristo, cuando le enseñaron la moneda del César: "Al César lo que es del César, a Dios lo que es de Dios". Es difíciñl pedir respeto a una institución que no se distingue precisamente por respetar creencias que no coinciden con las suyas.
Una cosa más.
Hay un tal Miguel Ángel Rodríguez que fue Jefe de Prensa de Aznar, y ocupo altos cargos en su Gobierno. El que fue un chaval de Valladolid, prácticamente desconocido e inexperto y casi sin oficio ni beneficio, es hoy empresario de fortuna y contertulio habitual. Tiene hasta su propio programa en la televisión de los obispos.
Bien está. Lo malo es que se cree un auténtico showhman, gracioso y chispeante. Descalifica, insulta, se ríe de todo aquello que huela a izquierda o simplemente progresista. Dice barbaridades con un desparpajo que asusta. Ha llamado nazi al Dr. Montes y en una demostración de finura e inteligencia ha dicho que si le pasa algo que avisen a la policía antes que al equipo de urgencia del Severo Ochoa, a los que ha calificado de asesinos, portando ataúdes. y cuando se le replica en tono parecido, exige que se retiren inmediatamente esas palabras. Las suyas no las retira nunca.
Es un fenómeno. Pero, a mí, la verdad, me da miedo este individuo.