miércoles, 15 de febrero de 2012

Nuevo artículo

Tenéis nuevo artículo en diarioabierto

No. Yo no creo que la reforma laboral sea sólo la de los despidos. Aunque haya llegado esa idea de que casi lo único que importa es el despido en la reforma que ha abordado el Gobierno.
Hay mucho más. Posiblemente sea tan importante como el despido lo referente a la negociación colectiva que, con la nueva formativa, se desregulariza y hace que los sindicatos pierdan uno de sus valores más importantes.

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martes, 14 de febrero de 2012

Versos prohibidos


Y la besó. Y la besó. Y la besó. Y... Juraría
que era  la punta del corazón lo que asomaba
entre sus labios cálidos y abiertos.

Y las manos, las de él, que rebuscaban
bajo las cremalleras
y la blusa los caminos
que llevaban hasta el vientre, hacia ese suave
laberinto perfecto del ombligo,
a humedades
tan dulces como ríos
de licor y de miel,
hacia esa exacta curvatura gloriosa
de los mundos que ocultan sus vaqueros.

Y ella dice: “fóllame, tierno amor mío,
entra en mí, vida mía, hasta matarme”.
Y ese verbo perfecto,
relámpago de noches y tormentas
les deshace
el jadeo animal y la saliva,
el cuerpo moribundo, la piel que  aprieta sangre,
los tendones, el músculo que tiembla,
las camas tan soñadas
el mordisco que les lleva a la locura.

Y él sabe que no hay nada,
ni desesperación como este instante mismo,
cuando el sueño
no acude hasta los ojos que le miran.
La chispa que recorre la aureola
del pecho que se mueve entre sus manos,
las manos que descubren los planetas
de aquella vía lactea
que hoy sabe ya vencida para siempre.

Y todo, todo, en fin, es una fiesta,
es la noche más dulce de la tierra,
cuando ella suspira y calla y siente
que es más fuerte el amor,
cuando ella sabe
que no habrá nunca jamás un paraíso
ni oceano, 
capaz de contener
la espuma de esa ola que la llena.

lunes, 13 de febrero de 2012

Ellas


En este corazón de la nostalgia
reconozco sus nombres. Y los días
en los que el mundo abría sus dos manos,
la extraña sensación de estar perdido
en viejos aeropuertos y estaciones.

No hay recuerdos que duren lo que el tiempo
de la dicha y la luz, cuando el amor
nos alejaba de la caída de los cuerpos.
Los cigarrillos apenas encendidos,
los cafés de los lunes y las noches.

Abandonado todo, lo mismo que Alejandro
busqué el fin de los mundos en sus piernas,
crucé la soledad de los desiertos,
y luché contra ellas sin saber 
que en sus vientres estaba mi derrota.

No hubo promesa que resistiera la muerte
de la felicidad de aquellos días.
Estamos como estábamos entonces:
sabiendo que la vida es sólo un beso
en el asiento trasero de algún coche.

Entonces comprendí -y aún me maldigo-
que la pasión se rinde a las facturas,
a la carta del banco, la cesta de la compra,
y al final firmamos hipotecas por un hueco
en cualquier corazón deshabitado.

Y sin embargo, mujeres que me amasteis,
recuerdo aún de vosotras  cicatrices,
heridas aún abiertas y los dolores dulces
que dejamos en camas y en abrazos.
Y mereció la pena. Fui en vosotras
un hombre derrotado y victorioso.

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viernes, 10 de febrero de 2012

En El País

Hoy, el diario El País publica en cartas al Director la entrada sobre Confieso que soy un enfermo crónico. Aquí

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martes, 7 de febrero de 2012

Confieso que soy enfermo crónico


 He de confesar que soy enfermo crónico. Confieso que pretendo que el sistema atienda la atención que merece mi enfermedad. Soy un sinvergüenza. Y creo que la viceconsejera de Asistencia Sanitaria madrileña, Patricia Flores, tiene razón cuando se pregunta: “¿Tiene sentido que un enfermo crónico viva gratis del sistema?”. No, no lo tiene. Como dice mi amigo Aurelio en su blog Nómada, creo que debo morirme.

Pero, verá usted, doña Patricia. Quiero justificar mis pretensiones. Empecé a trabajar muy joven, con 15 o 16 años. Llevo cotizados casi 50 años. He pagado religiosamente mis aportaciones, aunque durante muchos años no he necesitado asistencia sanitaria.

Por eso, permítame que le diga que yo, a pesar de ser un enfermo crónico, no vivo gratis del sistema. Lo he pagado. Y lo sigo pagando. Mi asistencia y la de otros. Igual que otros pagan la mía. Se llama solidaridad. No sé qué ha querido decir usted con sus palabras. Me da miedo pensar que lo que usted quiere decir es que un crónico no debe vivir. O que si quiere vivir, debe pagarlo.

Yo creo, con todos los respetos que usted no entiende el concepto de servicio público. Y me temo que tampoco entiende lo que es solidaridad, fraternidad, humanidad. Los crónicos son quienes más necesitan el sistema. Precisamente por eso, porque son crónicos, porque están enfermos, porque necesitan el calor de un sistema humano y solidario.

Los crónicos somos muchos en este país. Ya lo sentimos. Somos los primeros en lamentarlo. Le aseguro que no lo somos por gusto. Le aseguro que no queremos ser una carga para nadie. Y que si vamos a los hospitales,  a los ambulatorios y compramos en las farmacia es porque no tenemos más remedio.

Por cierto, he de decirle que, a pesar del deterioro de la sanidad pública, me he sentido orgulloso cuando en las consultas y en los hospitales me han atendido siempre con tanto cariño y tanta profesionalidad, salvo alguna excepción que no merece la pena ni mencionar. porque quiero decirle que tenemos unos profesionales extraordinarios, en su mayoría: atentos, pacientes y sabios.Ellos hacen más soportable la putada de ser enfermo crónico.

Bueno. Nada más. Ah, sí. Alguno de sus colaboradores, para salvarle la cara, ha dicho que se refería a que estarían mejor en una residencia. Aunque nada tiene que ver esa versión con lo que dijo usted, he de comentarle que hay crónicos muy jóvenes, ¿sabe? Que la enfermedad crónica no está relacionada directamente con la edad. ¿Va a encerrar usted a los niños enfermos crónicos en una residencia?

En fin. Disculpe que sea un crónico. Ya lo siento. De verdad. Como usted no se puede ni imaginar. Así que seguiré pretendiendo vivir en el sistema sanitario. Pero no gratis. Porque otros y yo lo pagamos, incluido su sueldo.

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O sea que, lo del Rey, nada de nada ¿no?


Parece que lo que muchos sospechábamos se confirma. Siempre he creído que las horas transcurridas entre la entrada en el Parlamento de los guardias civiles rebeldes el 23 F y la aparición del Rey fueron demasiadas. Que algo extraño estaba pasando en la Zarzuela.

Recuerdo que estaba yo trabajando en El País, y comenté, avanzada la tarde: "Pero, ¿por qué no ha salido ya el Rey?". Mi jefe me contestó, con absoluta naturalidad. "Está contando fuerzas. Espera a ver quién gana". Las revelaciones del Der Spiegel parecen dar la razón a mi jefe de entonces.

El rey no sólo tuvo sus dudas, sino que, además, comprendió las intenciones de los golpistas -¿las alentó?- y se mostró a favor de que la Justicia fuera benévola con ellos. Sus confidencias al embajador alemán Lothar Lahn  muestran claramente que opinaba como los militares golpistas, culpando del golpe a un Adolfo Suárez acorralado y sólo y en el que ya no confiaba.

Durante todos estos años, la derecha y  algunos que se han titulado de izquierdas, han estado vendiendo el papel fundamental del Rey en la noche del 23 F. Todo falso. O casi todo. En su afán por salvar la monarquía nos han presentado un personaje casi santo, capaz de todos los sacrificios por su pueblo, valiente y austero. Una buena persona, vamos.

Y no digo yo que no lo sea. Pero, según los cánones con que los que ensalzan al Rey juzgan a los demás, su majestad es un prenda. Su vida privada no es precisamente la de un casto José, el tren de vida que ha llevado tiene de todo menos de austero, sus negocios siempre se han ocultado celosamente y, sin embargo, lo poco que ha trascendido siembra serías dudas sobre la honorabilidad que nos quieren vender. Y, por si fuera poco, las actividades de su familia dejan poco que desear.

Sólo faltaba la desacralización de su papel en el 23 F para que se caiga la máscara de una institución que no debería existir en ningún país democrático. Hay que leer la historia para comprobar que sus antepasados jugaron un papel similar y no se distinguieron precisamente por el amor a su pueblo. Fueron golpistas, locos, egoístas, crueles, déspotas y tiranos. ¿Cómo es posible que aceptáramos la vuelta de la Monarquía?

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lunes, 6 de febrero de 2012

Jóvenes se cruzan conmigo por la calle


Ni tú ni yo fuimos nunca como ellos.
 Nuestras almas sabían de los lunes,
del precio de la ira,
y de esa libertad que nunca conocimos.
Sabíamos de viejas dictaduras,
del silencio en la calle y en la cama
y de los besos sucios.
Y de las noches tristes, los domingos
sin cines, de las tardes
de fútbol como única esperanza.

Éramos los hijos
de la derrota. Condenados
a la noche más triste. Niños pobres
sin panes. Mas teníamos
la calle para andar y la esperanza
de otro mundo que andaba
por esquinas, por plazas y por libros.
Nos amábamos
en sucios callejones, pero eran
los abrazos el ansía de sabernos
distintos a la noche
que todo lo envolvía y nos dejaba
el corazón abierto y tiritando.

Porque nosotros amor, teníamos el sueño.
La verdad en las manos.
Un horizonte rojo. El enemigo
perfectamente claro. Nada había
que pudiera romper el espinazo
de una vida clavada
en el vino del olvido y de la vida.

No fuimos como ellos. Y por eso
se me rompe el corazón cuando los miro,
cuando veo sus rostros
que pasan por mi lado, que comparten
el camino hacia casa,
cuando busco su mirada 
y están tristes.

Y me muero por acercarme, por decirles
que vendrá la esperanza a emborracharnos,
que, más allá de amarguras y de miedos,
ellos son lo mejor del paraíso.
Aunque les roben todos los caminos,
y les rompan
la espalda, nunca podrán con ellos
mientras tengan las calles y las plazas
para matar a ese dios que les condena
al olvido de rosas y de estrellas.


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domingo, 5 de febrero de 2012

Tarde feliz

Contaros que, ayer, en el Libertad, 8, pasamos una tarde -o al menos, yo- muy feliz. Primero, porque la sala se llenó de amigos que habían acudido a escuchar las canciones de Jorge Castro y mis poemas.

Tarde tranquila y cálida. Jorge Castro, con su percusionista magnífico, Jesús, estuvo genial, cariñoso, amable y artista. Yo, nervioso. Pero feliz. Fue todo un acontecimiento que me ha llenado de satisfacción.

Gracias a todos los que perdisteis una tarde de frío para compartirla con nosotros.

viernes, 3 de febrero de 2012

Hoy y mañana en Libertad, 8


Se acerca el día de mi debut en el Libertad, 8. El sábado, a las 19.00 horas, estaré con mi amigo Jorge Castro, cantando y recitando poemas. Estoy seguro de que será para mí una gran experiencia poder compartir esas horas con alguien al que admiro por su poesía y su música.

En fin, que si queréis y podéis, estaré encantado de recibiros allí y pasar la tarde con vosotros.

Y ya sabéis que hoy viernes, esta misma tarde-noche, Manuel Cuesta se sube al mismo escenario a las 21.00 horas. Animaos.

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jueves, 2 de febrero de 2012

Nuevo artículo

Nuevo artículo en diarioabierto.es

Me sorprende –qué quieren que les diga- la rapidez con que el PP está llevando a cabo las reformas en torno a derechos individuales, o al menos las anuncia. Me refiero, a esos temas que siempre han desasosegado a la derecha en este país: aborto, matrimonio homosexual, eduación religiosa, sexo... en el fondo, no se creen que los ciudadanos tengamos la mayoría de edad.
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lunes, 30 de enero de 2012

Aquí mismo


Todas son. Inimitable noche,
cadencia de los vasos cuando ellas
se refugian con miedo y con deseo
en el rincón de un bar de madrugada.

Vienen entonces, lo mismo que un suspiro,
igual que una canción que hacemos nuestra.
Y, luego, cuando el hambre de sus cuerpos
se deshace, sonríen y parecen
un gesto, una palabra, un beso ciego.

Limosnas de un amor que rompe por la sangre
las yemas de los dedos que la amaron.
Y, entonces, la pregunta: ¿será todo
como uno lo quisiera? ¿Será ella
la juventud perdida en un gin-tonic?

El deseo caliente de unos labios.
La búsqueda imposible de un sexo que derrama
el licor más selecto de la vida.
Extraños en un tren que no recorre
la estación de los cuerpos. Niebla rota,
relámpago fugaz de un amor nuevo.

Te canto a ti. Perdida niña triste,
imaginario azul, mordisco tenue,
pedacito de piel, espuma de los días.
En este bar te encuentro y en ti bebo
el licor olvidado de mañana.

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