jueves, 12 de abril de 2007

Cosmopoética

De mi paso por Córdoba recuerdo con especial emoción Cosmopoética, el encuentro mundial de la poesía. Modestamente contribuí a llevar a la ciudad un evento que es, hoy, uno de los más importantes de la literatura. Luego, el trabajo y la imaginación de otra gente, ampliaron la idea y la convirtieron en todo un espectáculo de poesía y música. La poesía en la calle, la música en la calle.

No voy a detenerme a relacionar qué poetas y artistas van en esta ocasión, a partir del próximo día 18, a Córdoba. Cualquiera que tenga curiosidad puede verlo en internet, a través de la web del ayuntamiento. Pero sí quiero referirme a uno de los cantantes poetas que acudirán en esta ocasión, a las noches musicales. Se trata de Joan Baptista Humet. Lo conocí hace ya muchos años, en un disco maravilloso, Fulls, y después he ido siguiendo su música como he podido. Tuvo gran éxito, sólo basta recordar la canción Clara, y un día, de repente desapareció.

Nunca se dijo por qué. Corrieron leyendas sobre su marcha, hasta, otra vez, también de repente, reapareció con un disco de título muy significativo: "Solo bajé a comprar tabaco", o "Sólo fui a comprar tabaco". Me alegré muchísimo y volvía disfrutar de su poesía y de su música. nunca he hablado con él, pero me parece una de esas personas de sensibilidad exquisita, buen gusto y una voz maravillosa.

La industria del disco es extraña y el público no somos ni justos ni fieles. No sé el éxito que ha tenido con su vuelta. Es difícil saberlo porque las radios sólo dan música pegadiza y de consumo y no suelen dedicar demasiado tiempo ni espacio a este tipo de artistas. En cualquier caso, es una gran noticia que hoy Córdoba recupere a Humet.

Por lo demás, Cosmopoética teñirá de poesía las calles de una ciudad encantada. En este mundo en el que la noticia es la muerte y la desesperación, que la poesía reuna a cientos de personas en torno a la palabra es alentador y maravilloso. Probablemente si Bush hubiera leído alguna vez un poema, su actitud hacia el mundo sería otra. Claro que Aznar decía que leía poesía y mira tú. A lo mejor es que la leía sólo en la intimidad. Y la poesía hay que compartirla.

martes, 10 de abril de 2007

Murió un amigo

No es difícil imaginarse el sufrimiento de los familiares que siguen el juicio del 11-M. Alguna vez he intentado ponerme en su lugar. No he podido. Me es imposible pensar que un familiar mío -hijos, mujer, sobrinos- pudiera haber muerto en aquel terrible 11 de marzo. Y por eso, no puedo saber qué dolor les llena todavía el alma. ¿Cómo estaría yo en su caso?

Ayer murió un vecino de mi edad con el que tenía una muy buena relación. Personaje entrañable, sonriente siempre, que te paraba cuando volvías de por el pan y los periódicos y echaba contigo largas parrafadas. Me preguntaba por cada uno de mis hijos y sonreía, sonreía siempre.

Ha muerto en apenas veinte días. De una extraña enfermedad que no tiene tratamiento alguno. Ante la muerte no es que te quedes impotente, es que te das cuenta de lo efímero que es todo, de lo absurdo de los afanes que nos mueven en el día a día. Se llamaba Ricardo y quiero recordarle en estas líneas.

No seguimos ya tanto el juicio del 11-M. El tiempo termina por destruir hasta los recuerdos, no digamos el interés. Me da la sensación de que el dolor ha quedado oculto tras el aparato mediático. No importa el sufrimiento de los padres, de los hermanos, de los esposos de las víctimas. Importa más, me parece, la conspiración, los avatares políticos, la guerra de medios.

Pienso en los familiares de los asesinados el 11-M y trato de imaginarme cómo vivirán ahora el olvido, cómo sentirán que las vidas perdidas han quedado relegadas, ocultas entre los miles de folios del sumario. Sus nombres son nombres como el titadin, la nitroglicerina o el ácido bórico.

Pero el dolor es dolor real. Y la muerte está ahí, en cada interrogatorio, en cada mentira, en cada palabra. La vida, siempre, es sólo un prólogo. No sé quién lo dijo.

lunes, 9 de abril de 2007

Famosos y dudas

Leo que artistas y famosos empiezan a ir por la parroquia de Entrevías para apoyar la actitud de los párrocos. Lo destacan los periódicos como gran noticia, o como mediana noticia, que tampoco hay que pasarse. Es difícil decir si es bueno o malo este apoyo. Y en estos casos conviene ser muy prudente. En teoría, el mayor conocimiento de quienes muestran su solidaridad con la parroquia sancionada por la autoridad eclesiástica, siempre es bueno porque logra una mayor difusión de la noticia.

El problema es que, al final, se corre el peligro de desvirtuar el verdadero sentido de la lucha de la iglesia de Entrevías. Existe el riesgo de que todo termine en un acto floklórico que entorpezca más que ayude. La parroquia y los sacerdotes que en ella viven llevan años realizando su trabajo silenciosa y eficazmente. Nadie o muy pocos, que yo sepa, ha ido hasta ahora a echar una mano, a montar un festival o a hacer un donativo que, dada la precariedad en la que viven, no hubiera venido nada mal.

Me preocupa que, en definitiva, todo acabe en un festival -naturalmente televisado- donde los artistas progres van a ser protagonistas por un día para luego volver a sus quehaceres y dejar el problema tal y como estaba. En el olvido.

Creo que son los feligreses los que han de ser los verdaderos protagonistas porque ellos lo han sido siempre desde el anonimato y el silencio.

Aún así, no estoy seguro. Y he de confesar que no sé si es bueno que la gente de la farándula, los artistas, hagan oir su voz a favor de Entrevías. A lo mejor No lo sé. Pero me preocupa y tengo dudas.

domingo, 8 de abril de 2007

Telebasura

En estos días he visto los programas de Tele 5 y Antena 3, creo que son los de Dolce Vita y Dónde estás corazón. Son buenos ejemplos de cómo se puede llegar al mayor de los dislates, a la ofensa impune, a la falta de moral más absoluta. En uno de ellos, cuatro o cinco señores y señoras, investidos por el sumo saber, impartían clases de moral a un joven, hijo de una tonadillera, al que habían pillado entrando en un club de alterne.

Fue tremendo. Expresaban con frases y gestos todo un género de reproches y muecas para criticar al joven cogido in fraganti. Incluso, el que había tomado, aparentemente, las imágenes se preguntaba, en el colmo del cinismo, si es que no había nadie que dijera al muchacho lo horrible de su conducta. Y todos se escandalizaban del dinero que se había gastado la noche de su pecado. Era una labor de acoso y derribo, sin piedad alguna. Ninguno se preguntó, ni siquiera por un instante, sobre el derecho a la intimidad del joven. Urbi et orbe se le despellejó, con santurrona palabrería e hipócritas palabras de asombro, ante los millones de espectadores que, en aquel momento, veíamos la televisión.

En la otra cadena una pobre mujer era salvajamente descuartizada en un interrogatorio propio de la Inquisición sobre sus relaciones familiares. De ser cierto lo que el periodista decía en mal tono y peor forma, lo único que hubiera demostrado hubiera sido la necesidad de que la buena mujer visitara urgentemente al siquiatra.

El público jaleaba al periodista y abucheaba a la mujer, como los antiguos romanos debían hacer en el circo Máximo. Supongo que los picos de audiencia se pondrían por las nubes.

No sé si la mujer, sometida a tal escarnio, sabía a lo que se exponía, a cambio de un suculento fajo de billetes. Pero estoy seguro de que nadie se merece un trato semejante.

Este tipo de programas ha sobrepasado cualquier límite. Los llamados peridistas -alguno con la pretensión de ser irónico-, haciendo gala de una crueldad inhumana, buscan en el pasado, recuerdan viejas declaraciones, bucean en el lodazal con tal de hacer el programa del siglo. No les importa la intimidad, el respeto que se merece hasta el más miserable, con tal de lograr sus fines.

La televisión necesita carnaza. Ninguno de ellos comparecerá ante el juez acusados de violar media docena de artículos de cualquier legislación. Y presumen de periodistas, de investigadores, de buscadores de la verdad. Pero no buscan la verdad, buscan el escándalo, sin darse cuenta de que en su vida hay aspectos que no resistirían ser expuesto en público, con la impudicia que ellos utilizan con otros.

Lo peor es que se sienten héroes. Se creen adorados. Y se llenan la cartera con toda la miseria de cuatro desgraciados que buscan su minuto de gloria.

viernes, 6 de abril de 2007

Cambio Climático

Llueve en el campo. Cae el agua mansamente sobre las viejas calles, sobre los tejados medio derruidos. Al fondo se ve el monte, medio borroso. Hay un silencio casi absoluto, roto sólo por el repiquetear de las gotas.

Son momentos de paz. Es como si el mundo y el tiempo se hubieran detenido. Hace unos momentos acaban de dar a conocer el informe de la ONU sobre el cambio climático. Es un informe desolador. Dicen que dentro de unos años -veinte, cien- mil millones de personas sufrirán -¿sufriremos?- las consecuencias. Y dicen que serán los más pobres los que más sufrirán la locura de los países desarrollados. Siempre son los pobres.Los ricos podremos seguir jugando en campos de golf, regados con el agua cada vez más escasa. Esto, dirá alguien, es demagogia.

Dicen, también, que los países que más contribuyen al cambio climático, China y Estados Unidos, junto con los demás países industrializados, estuvieron toda la noche presionando a los expertos para que rebajajaran el tono dramático del informe.

En la tele, el presidente del grupo de expertos se quejaba de que tuvo que estar toda la noche negociando y que, por eso, no había podido cambiarse de traje y llevaba el mismo del día anterior.

Es verdad que lo dijo con cierto humor, pero no deja de ser preocupante ese sentimiento especial de considerar que no es correcto salir con el mismo traje dos días seguidos. Digo yo que ese afán de limpieza dice poco ante una situación como la que, a continuación nos describió.

Lo peor de todo es que mañana seguiremos todos contaminando, utilizando el coche particular para ir a comprar tabaco... y el informe será guardado, archivado, con otros semejantes. Dentro de un año la situación será peor y saldrá un presidente del grupo de expertos preocupado porque, ante la prensa, lleva el mismo traje.

Mientras tanto, llueve sobre el campo y en el pueblo no se oye ni un ruido. Todo está en paz.

jueves, 5 de abril de 2007

ONGs

Dos ONGs están siendo investigadas, aparentemente por mala utilización de los fondos que reciben. En alguna ocasión he donado algo de dinero a alguna ONG, siempre con desconfianza, lo confieso. No he creído demasiado en lo de apadrinar a un niño, ni en que mi donación sirviera de mucho.

Probablemente lo haya hecho para acallar mi mala conciencia. Como mucha gente. Estoy seguro de que hay ONGs de honradez acrisolada, pero en ocasiones me ha asaltado la duda de si no estarían sirviendo sobre todo para dar un trabajillo a los que están en ellas.

Las ONGs corren el riesgo de convertirse en eso: en organizaciones que tranquilicen esa mala conciencia por el despilfarro con que vivimos en los países ricos.

El caso es que estas dos ONGs investigadas ponen en peligro la credibilidad de las demás. Son dos organizaciones que no son las únicas que han pasado situaciones parecidas. Otras, ligadas a partidos políticos, han recibido fondos públicos que han servido, sobre todo, para hacer propaganda, mala propaganda, política.La denuncia de estos hechos, que yo recuerde, no ha cambiado las cosas.

No sé cuánto dinero público va a las ONGs, ni cuánto de este dinero llega a sus destinatarios, pero me asalta una pregunta: ¿No sería mejor que todo ese dinero formara parte de las Ayudas a países necesitados y tuvieran un estricto control por parte de la Administración?

Ya sé que alguien dirá que ya existen controles, pero, a la vista está, que no deben ser los correctos.

En cualquier caso, la verdad es que si hay un crimen execrable es robar el pan del hambriento.

miércoles, 4 de abril de 2007

Un poema de Margarit

Leo a Joan Margarit, poeta catalán. Magnífico poeta. Es un poema dedicado a una hija suya: Joana, que murió de una enfermedad congénita. Ella dio nombre a uno de sus libros. De él es este poema estremecedor y bellísimo:

PROFESOR BONAVENTURA BASSEGODA
Le recuerdo alto y grueso,
procaz, sentimental. Usted, entonces,
era una autoridad en Cimientos Profundos.
Inició siempre nuestra clase así:
Señores, buenos días.
Hoy hace tantos años, tantos meses
y tantos días que murió mi hija.
Y solía secarse alguna lágrima.
Teníamos veinte años, más o menos,
y el hombre corpulento que usted era
llorando en plena clase
nunca nos hizo sonreír.
¿Cuánto hace ya que usted no cuenta el tiempo?
He pensado en nosotros y en usted,
hoy que soy una amarga sombra suya
porque mi hija, ahora hace dos meses,
tres días y seis horas
que tiene sus profundos cimientos en la muerte.

Bonaventura Bassegoda fue profesor de la asignatura Cimientos Profundos cuando Margarit estudiaba arquitectura. Tuvo también una hija que se le murió.

Me ha impresionado siempre este poema, por su sencillez, por su belleza y por ese suave dolor, ese recuerdo melancólico que atraviesa los versos. Hoy, que muchos nacionalistas andan perdidos buscando las diferencias, tiene especial significación el sentimiento y la dulzura de un dolor que iguala a todos los hombres, el dolor y la realidad de la muerte. Margarit, que empezó escribiendo en castellano, pasó, después, a escribir en catalán, para traducirse a sí mismo en versiones maravillosas.

Tal vez sea la poesía lo que demuestre lo absurdo de buscar en algo tan hermoso como la lengua algo que separe a los hombres, un hecho diferencial e irreconciliable.

martes, 3 de abril de 2007

La parroquia de Entrevías

La Iglesia ha demostrado una vez más su escasa capacidad para la caridad. El Obispado de Madrid (se supone que siguiendo la doctrina del Papa) ha decidido cerrar la Iglesia de Entrevías. una parroquia donde algunos sacerdotes practicaban las enseñanzas del Nazareno: atención a los más pobres, a los perseguidos, a los desfavorecidos.

La excusa ha sido que no se realizaba la liturgia de acuerdo con los cánones: decían misa vestidos de calle y en la comunión, en vez de hostias (hostias de pan sin levadura, se entiende) daban pan normal. Grave pecado. No sé si algún creyente puede pensar que el Cristo auténtico se vestía de los ropajes de Carnaval cuando celebró su última cena.

Que yo recuerde en ningún evangelio se dice que Jesucristo se vistió de máscara, ni se ordena que así lo hagan sus sucesores. Pero eso para la Iglesia de hoy, para el conservador retrógrado obispo madrileño Rouco, es una falta grave. Tanto, que ha decidido cerrar una iglesia que había recuperado las esencias más auténticas del cristianismo: estar al lado de los pobres.

La eucaristía sólo tiene un sentido: recordar aquella cena de hermandad que, según los evangelios, se celebró hace más de 2.000 años. Nada más. Pero la Iglesia es amante de la liturgia. Es, para ella, lo único importante.

He leído en algún sitio que uno de los teólogos de la liberación, creo que Ernesto Cardenal, le ha dicho al Papa que él, tal vez, haya cometido un error poniéndose al lado de los pobres, pero "la Iglesia lleva siglos cometiendo el error de ponerse al lado de los ricos".

No me siento católico, con lo que poco me puede preocupar que la autoridad eclesiástica califique de grave dar o no hostias homologadas. Pero me preocupa como ciudadano y ser humano que impida a los tres sacerdotes de Entrevías que sigan haciendo la labor que vienen haciendo: atención a los drogadictos, consuelo a los desesperados, ayuda a quien lo necesita, sea o no católico. Y todo sin preguntas.

Dice el Obispado que no hay que preocuparse, que la labor que venían haciendo estas tres personas la hará ahora Cáritas. Al margen de la labor encomiable de Cáritas, poner en sus manos la Iglesia de Entrevias, servirá para introducir la burocracia, la ineficacia y la desconfianza de la gente. ¿Va a ser mejor la asistencia a través de Cáritas que el trabajo que se ha venido realizando desde hace largos años en esta parroquia?

Se repite lahistoria. Cuando en la dictadura algunas parroquias cedían sus locales para que obreros y estudiantes celebraran sus asambles y reuniones prohibidas por el franquismo, la Iglesia española no supo ni quiso estar a la altura de las circunstancias y las autoridades eclesiásticas miraban para otro lado ante los curas encarcelados, los obreros asesinados, la falta de libertades.

La Iglesia, siempre, cometiendo ¿el error? de ponerse al lado de los poderosos.

Rouco debería preguntarse si Cristo hubiera considerado falta grave no vestirse de falda larga para sentarse a cenar con sus discípulos. Digo yo.

lunes, 2 de abril de 2007

Palomeras Bajas

Viví años en Vallecas, en Palomeras Bajas, primero. Luego, en Sierra Carbonera, en Nueva Numancia. Allí nacieron mis hijos y allí he pasado los mejores momentos de mi vida. No viví, sin embargo, los años del nacimiento del barrio. Cuando yo vivía allí, la situación empezaba a cambiar gracias a la lucha de los propios vecinos.

Es difícil hacerse una idea de lo que era aquello. El señor Alfonso, un cordobés de Pozo Blanco, emigrado al barrio, me contaba los orígenes de Palomeras. Me contaba cómo hacían las chabolas por la noche y cómo tenían que tenerlas terminadas a la mañana siguiente para que la policía no las tirara. Algunas sí las tiraban.

Un vecino suyo se fue a trabajar (trabajaba de noche) y cuando volvió al día siguiente no encontró su casa. Habían levantado otras nuevas y se perdió entre el barro y los desmontes.

En Palomeras había mucho barro. Yo recuerdo que, de jóvenes, nos poníamos bolsas de plástico en los zapatos para no mancharnos y poder ir a los bailes del centro. Yo era de pocos bailes, pero me gustaba ir con mis amigos, en panda. Íbamos al cine, a tomar unas cañas. Fueron años maravillosos.

Conocí gente entregada, gente que había vivido el comunismo como si fuera una religión. Eran santos laicos, con años de cárcel a la espalda y que, todavía, seguían reuniéndose, repartiendo panfletos. Algún día contaré estas historias. Merece la pena que no se olviden. Como la historia de aquel comunista, viejo borrachín, al que detenían los días previos al Primero de Mayo. Le daban unas palizas tremendas. Cuando le soltaban, llegaba el hombre baldado. Llamaba a su perro, al que había puesto de nombre Franco y le gritaba: “Cabrón, Franco, ven aquí, que te voy a moler a palos. Franco, hijo puta”. El pobre perro no aparecía hasta que se le pasaba la rabia al amo. Y aquel hombre desahogaba en aquellos insultos todo su dolor y toda su frustración.

domingo, 1 de abril de 2007

Bolivia

Desde hoy los bolivianos necesitan visado para entrar en España. Ha sido desolador ver en televisión las colas y los llantos de la gente que no ha podido salir de Bolivia. Es verdad que, tal vez, ellos tengan la idea de que nuestro país es un paraíso. Y probablemente lo sea para quienes vienen del dolor y del sufrimiento. Los problemas de unos, no lo son para los otros.
Somos un mundo de fronteras. Y la Unión Europea no quiere más emigrantes que los que necesita para realizar los trabajos que los europeos no queremos hacer. Un amigo que había estado en Brasil me dijo que no entendía cómo un día no bajaban de las favelas todos los hambrientos y arrasaban las mansiones de los ricos de las grandes ciudades.
Sé que es un tópico, pero cada vez hay gente más pobre y los ricos son más ricos y son menos. Es cuestión de tiempo que un día descubran que, si son más, tienen más fuerza y pueden cambiar las cosas.
Utopía. Lo sé. Pero uno confía en un mundo sin fronteras, donde el hombre pueda moverse libremente. Ojalá el sueño de que la única patria es la Humanidad se haga realidad. Mientras tanto, los bolivianos tendrán que hacer cola ante la embajada española para pedir un visado que no les darán. Los españoles podremos ir de vacaciones a su país y disfrutar de un mundo hecho a nuestra medida. Mañana seguirán entrando cayucos, seguirá entrando la desesperación de los sin papeles. A un hombre le arrebatan hasta el hecho de ser hombre porque no tiene un papel que diga que lo es. Hasta los animales tienen su cartilla de identificación. Triste un mundo que da a un perro lo que niega a los seres humanos.
Hoy es un día triste para todos. ¿Es un día feliz para la Unión Europea?

Viejos recuerdos

Me acuerdo a menudo de mi padre. Y de su muerte. Pero, a medida que me voy yo también haciendo mayor, mis recuerdos me llevan a escenas de mi infancia. Mi padre iba a trabajar lejos del pueblo, en bicicleta. Y volvía por la tarde. Mi madre le había preparado en una tartera de aluminio la merienda, la comida que él consumiría en un descando del trabajo. Casi siempre se trataba de algo de tortilla, o de magro con tomate, unos pimientos, sardinas en aceite...
Y todas las tardes mis hermanos y yo íbamos hasta el camino a esperar a mi padre que volvía cansado y pedaleando con esfuerzo. Tengo clavada la escena de mis hermanos y yo -debíamos ser muy pequeños- esperándole en el camino.
Se paraba un momento. Le preguntábamos: "¿Te ha sobrado algo?". Y él nos alargaba la tartera de aluminio envuelta en una servilleta a cuadros. Mis hermanos y yo lo abríamos con alborozo. y allí encontrábamos un trocito de tortilla, algo de magro, un pimiento. A mi padre siempre le sobraba algo que devorábamos nosotros con verdadera alegría. No era por hambre. No recuerdo haber pasado ahambre alguna vez. Era la satisfacción de comer aquello que él había guardado para nosotros.Tengo todavía en la boca ese gusto de la tortilla, el aceite del pimiento, el ácido del tomate.
Años después comprendí que a mi padre no le sobraba nada. Que él, cada día, guardaba unos trocitos de su merienda sabiendo que, en el pueblo, nosotros esperábamos encontrar algo en aquella tartera. Nunca nos falló.
No sé si yo he hecho algo por mis hijos. Posiblemente nunca lo sepamos, aunque creamos que el haberles dado estudios, el haberles buscado una casa cómoda, el llevarles al cine o comprarles un disco, un libro, unas chucherias o el mejor juguete, nos ha convertido en buenos padres.
Pero sí sé que mi padre, que nunca me llevó al cine, me hacía cada día, cada tarde, el mejor de los regalos.