domingo, 22 de abril de 2007

Memoria

La Ley de Memoria histórica parece que sigue para adelante. Cuando hace años escribí con mi hijo Daniel el libro "Toda España era una cárcel", tuve la suerte de hablar con muchas personas que habían pasado largos años en prisión. Fue una experiencia única.

Era gente extraordinaria, con años de sufrimiento a sus espaldas. Y la mayoría de ellos no guardaba ni un mínimo rencor por todo lo que habían pasado. Estaban convencidos de que habían hecho lo que tenían que hacer y aseguraban que volverían a hacer lo mismo. Gentes que no habían podido ir a una universidad, que apenas habían conocido a sus hijos, que a veces ni siquiera habían conocido el amor de una mujer.

Recuerdo a uno de ellos. Se llama Manolo Amor Deus. Sé que ahora esta enfermo, grave. Manolo era de CC OO. Trabajaba en los astilleros, en Vigo. Un día encontraron un panfleto en uno de los barcos que estaban construyendo. Como era un buque de la Armada, lo juzgaron en tribunal militar. Lo condenaron a siete años.

Estando en la cárcel, una vez que su mujer venía con el hijo pequeño a verle, un automóvil atropelló al pequeño y lo mató. Se enteró por sus compañeros y el comandante de la prisión no le dejó ir al entierro del hijo. Cuando llegó la amnistía, al ser condenado militar no le tocó amnistía alguna y se chupo los siete años en prisión-

Cuando salió, se encontró una tarde al comandante que le había torturado de aquella manera en la cárcel. Me contó que fue hacia él, con toda la furia estallándole en el pecho. Y, cuando estaba a su lado, lo único que vio fue a un pobre viejo que apenas si podía caminar. "Fíjate, Rodolfo", me dijo, "no le dije nada. Me aparté y le dejé pasar.

Manolo Amor está enfermo, ya digo. Y para él ya no es esta ley. Ya nada puede devolverle al hijo, además de que sólo afecta a los represaliados en la Guerra Civil. De ellos conocí a muchos. Algunos ya han muerto. Han muerto sin que nadie les reconozca todo lo que hicieron lo que sufrieron por ser fieles al Gobierno legítimamente constituido.

Llega todo tarde. Y la memoria sólo sirve para que mantengamos vivo su recuerdo, no para compensarles de nada. Hoy parece que el único temor es que pidan indemnizaciones. Pobres viejos. ¿Quién les va a compensar por los años perdidos, por las risas de los hijos que no oyeron, por aquellos primeros pasos que no vieron , por los besos de amor que nunca recibieron?

Las leyes no saben de sentimientos. Las leyes nunca tienen alma. Sirven solo para lavar conciencias. y, a veces, ni eso.

Al otro lado del mar

Inmediatamente después de escribir lo anterior, no sé por qué, tal vez por esos lugares añorados, me he acordado de Argentina, de Uruguay. Son dos países en los que he estado un par de veces.

Recuerdo con especial emoción Las callecitas de Buenos Aires. El sol del otoño argentino, las calles iluminadas, las casitas pintadas de Caminito. Los restaurantes. Los amigos de allá. Las conversaciones. El dulcísimo acento de los argentinos, la cerveza bebida en un bar, la niña que en Florida, sentadita en una silla, tocaba un acordeón.

Recuerdo la Patagonia, su inmensidad. Los largos caminos, la hierba. El refugio imposible de El Fin del Mundo. Las lecturas de los gauchos, las haciendas, la música de Larralde.

Recuerdo Montevideo, la Guitarra Negra de Zitarrosa. Mi amiga de Montevideo, el café donde charlamos con su niño. El periodista medio loco que me pidió una entrada para ver a Ismael. Los amigos de mi hijo, Néstor y los demás. El medio y medio, bebido antes de comer en el Mercado. Las viejas librerías.

Fueron días de paz. tal vez por eso lo recuerdo con especial cariño, aunque sea una mirada de paso que no me dejó entrar en sus problemas, en sus preocupaciones. Pero en noches así, me gustaría estar allá. Y levantarme temprano para recorrer sus ciudades. Y oír hablar con otro acento. Y sentarme en un café, sin hacer nada. Como si estuviera en Madrid. Como si todo el futuro fuera esperar algo, mirar como pasa la gente con su vida a cuestas.

Y sentirme uno más. Allí. Perdido.

Violencia

Sólo algún pequeño comentario sobre casualidades. El sueldo de sus señorías fue escrito antes de la aparición de Mariano Rajoy en TVE. Es curioso que el debate se haya destacado en todos los medios precisamente por la pregunta que se le hizo sobre el sueldo. Pero, en ocasiones, la vida es una ironía y, sin quererlo, habíamos ya tratado este tema. Bien está si sirve para que entre todos tomemos conciencia de estas cosas.

Mariano Rajoy no contestó a la pensionista sobre su salario. Cada uno es muy dueño de mantener en secreto sus percepciones y su situación económica. Lo que no entiendo es por qué se niega a decirlo. ¿Tiene miedo a que lo consideren escandaloso? ¿Un toque de pudor ante los 300 euros de la señora que le preguntó?

Sea como fuere, me parece absurdo que haya iniciado él mismo una polémica que tampoco tiene demasiado sentido. El que se dedica a la cosa pública sabe que tiene el techo de cristal y tiene, en consecuencia, su vida a la vista. Pero allá él.

Leo que los americanos están levantando un muro en Bagdad para separar a unos irakíes de otros. Tendrá cinco kilómetros y trata de impedir que los coches bombas circulen libremente. Nuevos getos en un mundo sufriente.

La pax americana será al final la paz de la exclusión, la de los muros y las fronteras. El daño hecho a Irak es ya irreparable. El daño hecho al mundo, al ser humano, tiene todavía muchas posibilidades de aumentar y crecer.

Temo que dentro de poco no encontremos ese rincón capaz de darnos refugio. No hallaremos donde escondernos. La violencia corre más que un caballo desbocado. Entra en los campus de Estados Unidos, en la Nasa, en la Estación Príncipe Pío y dentro de los hogares.

¿Dónde huir entonces? Siempre quedará un a canción, tal vez. Un libro de poemas. La sonrisa de alguien. Es mejor pensarlo.

viernes, 20 de abril de 2007

Los sueldos de sus señorías

Para completar la información del otro día, paso a dejaros la página del Congreso (www.congreso.es) donde se establecen las percepciones de los diputados. Sin comentarios.

II. Retribuciones
1. Todas las percepciones incluidas en este apartado están sometidas al régimen general de retención y tributación fiscales
2. Asignación constitucional idéntica para todos los Diputados: 3.020,79 € mes.
3. Complementos mensuales por razón del cargo:
a) Presidente.
- Complemento miembro de Mesa: 3.483,46 €
- Gastos de representación: 3.782,76 €
- Gastos libre disposición: 3.101,53 €
b) Vicepresidentes.
- Complemento miembro de Mesa: 1.328,06 €
- Gastos de representación: 1.109,84 €
- Gastos libre disposición: 776,35 €
24/01/07
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c) Secretarios.
- Complemento miembro de Mesa: 1.036,99 €
- Gastos de representación: 898,62 €
- Gastos libre disposición: 743,69 €
d) Portavoces.
- Gastos de representación: 1.911,71 €
- Gastos libre disposición: 1.017,03 €
e) Portavoces adjuntos.
- Gastos de representación: 1.529,38 €
- Gastos libre disposición: 711,16 €
f) Presidentes de Comisión.
- Gastos de representación: 1.536,56 €
g) Vicepresidentes de Comisión.
- Gastos de representación: 1.123,43 €
h) Secretario de Comisión.
- Gastos de representación: 748,96 €
i) Portavoz de Comisión.
- Gastos de representación: 1.123,43 €
j) Portavoz adjunto de Comisión.
- Gastos de representación: 748,96 €
III. Indemnizaciones y ayudas
1. Además de las percepciones individuales correspondientes a la asignación constitucional, los Diputados tienen derecho a “las ayudas, franquicias e indemnizaciones por gastos que sean indispensables para el cumplimiento de su función” (8.2 RCD).
2. Entre los conceptos incluidos en dicho precepto pueden destacarse los siguientes:
A) Indemnización
Con este concepto, que tiene una cuantía mensual de 1.762,18 € para los Diputados de circunscripciones distintas a Madrid y de 841,12 € para los electos por Madrid, los parlamentarios deben de afrontar los gastos de alojamiento y manutención en la capital que origine la actividad de la Cámara. Es una cantidad dedicada, pues, a cubrir gastos y por ello exenta de tributación de acuerdo con lo previsto en el art. 16.2 b) de la Ley 40/1998 de 9 de diciembre.

B) Transporte
1. El Congreso de los Diputados cubre los gastos de transporte en medio público (avión, tren, automóvil o barco) de los Diputados.
Se trata de un reembolso de gasto, es decir, no se facilita una cantidad al parlamentario, sino que se le abona directamente el billete a la empresa transportista. Excepción hecha, claro está, del
uso del propio automóvil, en cuyo caso y previa justificación, se abona 0,25 € por kilómetro.
2. A partir del mes de mayo de 2006 la Cámara facilita a cada Diputado que no dispone de vehículo oficial una tarjeta personalizada que permite abonar el servicio de taxi en la ciudad
de Madrid. La disponibilidad de dicha tarjeta tiene un límite mensual de 250 €.
C) Dietas
A partir del 1 de enero de 2006, la cuantía de las dietas devengadas por los desplazamientos que los Diputados realizan en misión oficial se cifran en 150 € por día en el supuesto de desplazamientos al extranjero, y 120 € diarios en el de viajes dentro del territorio nacional.

Para hacer un cálculo exacto hay que ir sumando las distintas percepciones. Por cierto es raro el diputado pelao. Hasta se les paga el taxi. Su dignidad les impide ir en metro.
Y sobre pensiones
dice:

Tendrán derecho a obtener la pensión parlamentaria los ex-parlamentarios que hayan tenido la condición de Diputados o de Senadores durante al menos siete años.

Ejercicio: comparar con el sueldo de cada uno.

De fotos y premios

La foto, la verdad, era impactante. Salió en El País del jueves pasado. En la imagen se veía a Eduardo Zaplana (portavoz del PP) con Diego López Garrido (portavoz del PSOE), ambos riendo a carcajadas en actitud de complicidad. A mi lado, un hombre tomaba su vinito en la barra. Miró la foto con tristeza, tal vez. Tal vez con desconcierto. Dijo: "Ya ve, usted, hacen que los demás nos matemos con sus peleas, nos ponen de mala hostia con sus broncas... y ellos... ahí los tiene, tan divertidos. Son todos iguales".

A lo mejor no son todos iguales. Pero es cierto que cuesta entender esas risas, esa complicidad, cuando nos han traspasado la crispación, los malos modos, los insultos. No sé. Tampoco supe que decirle a aquel hombre.

Vivimos en un mundo raro. Una revista, que siempre se destacó por su lucha por las libertades, concede sus premios anuales. El premio de Cultura se lo da a Alaska, famosa intelectual que, sin duda, ha aportado a la canción las poesía más bellas y sentida ("bailando, me paso el día bailando...", por ejemplo).

Hay que confesar que en ocasiones quisiera uno quedarse bajo las mantas y no levantarse en todo el día. Son esos días grises en los que estás convencido de que el autobús llegará tarde, el metro tendrá avería y habrá una chica masticando chicle junto a tu oreja y haciendo pompas.

Luego resulta que no es tan así. Resulta que encuentras a una muchacha que lee a Machado. Resulta que te asomas a la ventana y ves subir por las paredes de la calle la sombra de un sol luminoso y limpio.
Resulta que a Tomás le han salido las anchoas mejor que nunca. Y uno mira al cielo y parece que el azul es más intenso.

Fotos y premios, entonces, importan un poco menos.

jueves, 19 de abril de 2007

Elecciones y pensiones

Nos ofrecen de todo: pisos a precios asequibles, hospitales, calles peatonales, bibliotecas públicas, transportes... Sólo les falta ofrecernos sexo. Los candidatos a las próximas elecciones andan despendolados en estos días. Es una orgía de promesas imposibles la mayoría de ellas. Deben de serlo, porque de ser ciertas, de ser factibles, uno tendrá que preguntarse por qué no nos lo han dado antes.

No sé. A lo mejor es que uno ya es mayor y termina por creer según qué cosas y con muchos reparos. Tampoco sé el dinero que se gastan en la campaña los grandes -y los pequeños- partidos. Pero seguro que debe ser mucho. Se trata de crear un producto, de venderlo y ganar. Hacen lo que nunca hicieron y lo que no volverán a hacer. Besan niños, visitan escuelas y hospitales, visitan barrios, exposiciones, te dan la mano con una sonrisa, no se niegan a ninguna pregunta. Son maravillosos.

Podrían haberlo hecho mucho antes. En estos cuatro años, previos a nuevas elecciones, no he visto candidatos prometiendo nada, ni besando niños, ni visitando los bares, ni saludando a la gente con cariño y atención. Sí les he visto con aspecto bronco, denunciando, gritando al adversario, haciendo que nos avergoncemos de ellos. Y que se salve el que pueda.

Me preocupan estos sentimientos hacia los políticos. Pero no puedo evitarlos. He leído que los parlamentarios, con el consenso de todos los partidos, van a estudiar sus retribuciones. Traducido al lenguaje de la calle, eso quiere decir que se van a subir el sueldo. Lo llaman dignificar su trabajo.

No sé con exactitud el sueldo de un diputado medio. Pero, según confesó un parlamentario hace poco, cobraba en torno a los 4.000 euros netos (más de 660.000 de las antiguas pesetas) al mes. Lo confesó porque tampoco le parecía que era para tanto. Joder, que se lo pregunten a los chavales que no llegan a los 1.000 euros. Luego, tienen sus gabelas: viajes gratis, por ejemplo. Y un horario y un calendario que no mata a nadie.

Yo no sé por qué la dignidad de un trabajo hay que buscarla en el sueldo. Pero de ser así, habría que dignificar de la misma forma el trabajo de un albañil, o el de un camarero, o el de un periodista. El problema es que son ellos mismos los que hacen la ley. Y hacen leyes que sólo a ellos les benefician.

A cualquier trabajador se le exigen (por leyes que han hecho estos padres de la patria) 35 años de cotización para cobrar la pensión completa, a los 65 años. Un Parlamentario con haber cotizado en dos legislaturas, cobrará la pensión máxima cuando le llegue la jubilación, aunque no haya cotizado ni un sólo día más. Está claro que el kilo de dignidad tiene distintos precios según seas parlamentario o simple ciudadano. Joaquín Almunia, parlamentario europeo del PSOE, decía no hace mucho que había que rebajar las pensiones porque si no, se corría el riesgo de entrar en quiebra. Y lo decía él, que tendrá una pensión increíble como eurodiputado.

Lo peor de todo es que somos nosotros, los que llenamos las arcas de la Seguridad Social. Llevo 42 años cotizando a la Seguridad Social (soy afortunado) y si me quisiera jubilar ahora, perdería el 28% de la pensión. Qué cosas. Que falta de dignidad la mía.

miércoles, 18 de abril de 2007

Julián Pombo

He hablado de él en alguna ocasión. Y lo incluí en una novela como personaje. Julián Pombo tenía el aire agitanado, el pelo en rizos en el cogote, la barba dura y semicanosa y la voz aguardentosa, teñida siempre de un punto de risa. No era muy alto. la verdad es que era más bien bajito y, ya en su senectud, tirando a redondo.

Julián Pombo, según dicen los taberneros, era un buen cliente, un magnífico cliente. Y no porque gastase demasiado, sino porque tenía esa natural gracia de quienes han sobrevivido obligados por la necesidad, burlando la miseria. Respetaba la ley de la taberna. Sabía estar y sabía beber.

Yo sé que me quería. Y yo le quise. Me contaba que él había sido un auténtico conquistador. Y parece que lo fue, porque sus amigos de El Rastro, donde tenía un "encierre" (un localillo donde almacenaba las cosas más variopintas), decían que Julián Pombo había sido un fenómeno, sabio en mujeres y en cantes.

"Rodolfo", me decía, "yo es que era demasiado guapo pa hombre". Y se perdía en recuerdos. Me hablaba de Camarón, al que conoció cuando el cantaor buscaba en Madrid una oportunidad. Y de ese Madrid zaragatero y hambriento de los años de posguerra, de los tablaos y las tabernas, de los vinos y del cante.

Nació en el Madrid de El Rastro. Y tenía su peculiar versión de la decadencia de este espacio. Me decía: "Mira, esto funcionaba cuando era auténtico. Nosotros éramos todos traperos. Luego, nos hicimos todos anticuarios y ahí empezó el desastre.

Le gustaba Ismael Serrano. Y fue a alguno de sus conciertos. Cuando se lo encontraba por los bares de La Latina, siempre le decía: " ¿Que hay, figura?" Y le contaba anécdota de su juventud que, algún día, contaré en estas páginas. Algunas, atroces, otras muy divertidas.

Julián Pombo murió un buen día. Sus amigos brindamos por él en una de sus tabernas. Y le recordamos a menudo. Recordamos sus cantes, con la voz rota, y su aire agitanado. Su risa franca. Su socarronería cuando alguien le decía: "Tú no tienes derecho a cobrar pensión. Tú no has cotizado nunca". Y él, muy serio, respondía: "Eh, quieto ahí. Que yo he cotizado en bares, tabernas y similares".

martes, 17 de abril de 2007

Cantautores

Pusieron música a mis angustias, a mis preocupaciones, a mis esperanzas y aspiraciones. Decían lo que yo quería decir y no sabía como. Y en aquella noche oscura del franquismo, en el amanecer brumoso de la Santa Transición, hicieron más soportable la lucha y la espera. Y nos enseñaron que no estábamos sólos. Que había gente por ahí que hacía lo que podía para que las cosas cambiaran.

Fueron los cantautores de mi generación. Tienen, ahora, prácticamente, mi edad. Y han envejecido -muchos de ellos- con elegancia, con dignidad. Otros, no. Otros han evolucionado hacia otras posiciones que no puedo compartir. No daré sus nombres. Merecen por lo que fueron la piedad del olvido.

Pero a otros sí quiero nombrar. Quiero nombrar a gente como Pablo Guerrero, por ejemplo. El hombre que tanta lluvia pidió para limpiar una España sucia y gris. Veo a Pablo, de vez en cuando, a menudo. En estos meses de atrás, con cierta frecuencia. Hemos compartido bromas y recuerdos, comidas y vinos y las anchoas de Tomás.

Es Pablo de las personas más limpias, más generosas. Yo, una vez, me lo llevé de mesones para rememorar o mejor conmemorar los 25 años de "Pepe Rodríguez, el de la barba en flor". Hice un reportaje en El País, que andará por ahí y que yo he perdido. Creo que era un reportaje bonito y cariñoso. Esa noche lo pasamos muy bien el fotógrafo, Pablo y yo. Jugamos a buscar a las guiris, a regalarles postales de Aranjuez con amor, y a hablar en un inglés que ninguno sabíamos pronunciar.

Ahora, Ismael Serrano -qué decir yo de él- ha reunido a los cantautores de ayer y a los de hoy y le han hecho un disco de homenaje que es una joya. Algo tan delicado y bello que, probablemente, será devorado por tanto lobo oportunista. No importa.

A mí me alegra que Ismael Serrano haya tenido esta idea. Me alegra porque es joven y ha rendido un homenaje que a nadie se le había ocurrido antes a un hombre de mi edad y de mi cultura. Me alegra porque es de justicia reivindicar a Pablo. Y me alegra por otras cosas que no voy a contar aquí. En este homenaje me siento, yo también, homenajeado. Estoy seguro que mucha gente de mis años se ha sentido traspasado por este disco y ha sentido que está hecho para nosotros. Que en este disco se está reconociendo la lucha de mucha gente anónima y sencilla. Que no fueron héroes, pero que hacían lo que podían.

A mí me parece la hostia. Qué queréis que os diga.

sábado, 14 de abril de 2007

República

Por cierto. Hoy es 14 de abril. Un día como hoy se proclamó la República española, destrozada por la Guerra Civil. Es absurdo que en este siglo tengamos todavía un sistema antidemocrático como forma de Gobierno. Sé que nuestra monarquía se califica de democrática. Pero sé, también, que es difícil compaginar la idea de democracia con la de monarquía. Democracia (gobierno del pueblo) casa mal con un jefe de gobierno cuyo único mérito es el de ser descendiente de una dinastía que ha sometido al pueblo y, en demasiadas ocasiones, los ha masacrado y tiranizado.

Nuestros actuales reyes que, a nivel personal, pueden ser honesto y honrados ciudadanos, no tienen otros méritos que venir de un sistema medieval y retrógrado. El peso económico de la monarquía es cada vez mayor. Y mienten quienes dicen que un sistema presidencial republicano sería igual de costoso. De momento, el Estado no mantendría a la familia del presidente de la República, ni tendría que soportar el gasto de una familia que va creciendo en negocios e influencia económica.

No estaría demás que se nos permitiera dar nuestra opinión en referendum para determinar si los españoles, de verdad, queremos seguir manteniendo la parafernalia y las prebendas de la monarquía. En el siglo XXI es difícil defender un sistema que ya no tiene sentido alguno y que corresponde a una forma de entender la humanidad que va contra toda razón. Lo decía Antonio Machado: "Nadie es más que nadie".

Manolo Conde

Al hablar de los amigos de la tertulia mensual, me han venido a la memoria otros viejos amigos ya fallecidos. Creo que nadie muere del todo mientras haya alguien que los recuerde. Por eso, me gustaría dejar en estas líneas un recuerdo a quienes durante años me regalaron su amistad.

Una de las personas que más me ha marcado y al que recuerdo a menudo es Manolo Conde, persona de difícil clasificación. Ayer hablaba de él con otros amigos que también le conocieron y nos reímos recordando muchas de sus anécdotas. Decíamos que, posiblemente, van quedando muy pocos personajes que tengan ese aura que envolvía a gente como Manolo o como Julián Pombo o Ambrosio.

Manolo Conde fue poeta, crítico de arte, profesor y, sobre todo, bohemio. Fue fundador del Grupo El Paso, uno de los colectivos más importantes de la pintura española. Pero fue bohemio, por encima de todo. Le recordábamos con su cartera llena de folios en los que escribía sus versos, sus peteneras, a veces, incluso, en alguna servilleta de bar.

Fue profesor mío cuando yo estudié dibujo publicitario. Tenía yo entonces 17 o 18 años. Manolo nos daba las clases en los bares cercanos a la puerta del Sol. Nos hacía bajar a sus alumnos al anciano Rey de los Vinos en la calle de la Paz, y allí, en una mesa, con unos chatos de vino nos hablaba de Picasso, de Goya, de Dalí... Nos hablaba de la vida, de poesía, del mundo.

Un día me llevó a una manifestación antifranquista. Vimos los dos cómo la policía cargaba y detenía a jóvenes universitarios y él me decía: "Tú no te muevas de mi lado y tranquilo". Lo cierto es que nadie se acercó a nosotros, tal vez por su aire de profesor y su cartera y la pinta de persona despistada y pacífica que aparentaba.

Luego, los dos nos dirigimos hacia la clase -eran clases nocturnas-, mientras él cantaba a voz en grito "A las barricadas". Cuando llegamos a la academia, le notificaron que estaba despedido. Los responsables del centro se habían enterado de su forma de dar las clases y consideraron que no era el método más adecuado. Él ni se inmuto. Bajó del despacho de dirección y nos comunicó, brevemente, que se marchaba porque él no podía soportar ninguna dictadura. Se dirigió a la pizarra y escribió con grandes letras: "¡Viva la libertad!".

Nos fuimos con él y esa noche recorrimos mesones y tabernas, bebiendo vino y escribiendo ý recitando poesías por los bares. Fue la primera de muchas noches mágicas. Manolo venía todas las noches a buscarnos y seguía enseñándonos el verdadero arte en torno a unos vasos de vino.

Fueron, sin duda los mejores años de nuestra vida. Alguna vez he contado que una de esas noches nos llevó ante la estatua ecuestre que hay frente al Palacio Real. Nos dijo que aquel caballo, airosamente levantado sobre sus patas traseras, estaba hueco en la mitad. Y nos dijo que los pajarillos entraban por la boca del caballo y, atrapados, morían en su estómago metálico. "Fijaos", comentaba, "es un cementerio de pájaros. Es horrible". Me impresionó aquella historia. Sé que, después, mandaron tapar la boca del caballo.

De Manolo Conde hay mil anécdotas que, tal vez, algún día cuente. Historias divertidas y esperpénticas que recuerdo, que recordamos quienes le conocimos, con nostalgia y ternura.

Manolo murió un día. Hace ya muchos años. Mis hijos, que eran niños, le conocieron en alguna de esas noches, cuando contaba historias fantásticas de Madrid, como la de aquel caballero que acudió a una cita con una mujer, a un viejo caserón del Madrid de los Austrias. El caballero, tras pasar una noche de amor abandonó la casa. Cuando estaba en la calle notó que había dejado en ella su espada y volvió a recogerla. Entró en el caserón y se dio cuenta que no parecía el mismo. Parecía deshabitado desde hacía muchos años, lleno de polvo y telarañas. Subió hasta la habitación donde había estado con la mujer y encontró allí su espada y en la cama el esqueleto de una mujer vestido con viejos ropajes. supo después que, efectivamente, allí había vivido una hermosísima dama que había muerto hacía años.

Manolo Conde murió sin que nadie le reconociera todo lo que había hecho por la cultura. Pero nosotros, sus amigos, estamos empeñados en mantener vivo su recuerdo.

viernes, 13 de abril de 2007

Gente

Detrás de cada hombre, de cada mujer, de cada uno, hay una historia, siempre asombrosa, tragicómica a veces, a veces heroica, a veces sencilla o grandiosa. Cada hombre, cada mujer, tiene un historia personal, una historia grande como cada uno.

Tuvimos ayer el cocido de la tertulia que, una vez, al mes nos reune a un puñado de gente variopinta, de diversa procedencia y oficio. El cocido es una excusa para hablar, para sentir el cálido aliento de la amistad. A alguien se le ocurrió que, como había gente nueva, lo mejor sería que cada uno se presentara a sí mismo, hiciera una pequeña biografía de su vida.

Así lo hicimos en al sobremesa. Fue extraordinario. Conocía a casi todos, pero no en profundidad y lo cierto es que aquello, sin quererlo se convirtió, en una especie de club de la comedia, divertidísimo. Vi que la gente tiene una enorme facilidad de ironizar sobre su propia vida, de reírse de sus desastres vitales.

Contaré algunos ejemplos: Uno de los amigos se presentó para decirnos que siempre había trabajado en El Rastro y, muy serio, aseguró, entre otras cosas: "He hecho de todo. Durante muchos años vendí pajaritos, jilgueros, ruiseñores y muchos cañamones. Luego di un salto y, ya dispuesto a triunfar, dejé aquello y me puse a vender hojas de afeitar. Al final terminé trabajado en una imprenta, de tipógrafo".

Otro, dijo: "Soy soltero. Eso sí: viví un tiempo con una mujer y me dejó quedándose con el piso. Bueno el piso la verdad es que era de ella, pero se quedó con él. Luego viví con otras dos, consecutivamente, claro. También éstas me echaron a la calle y se quedaron con el piso, que era suyo, naturalmente".

Y, ya para terminar, otro contó: "Mi mujer siempre se empeña en que se morirá antes y que yo me liaré con una chica negra. La verdad es que no sé por qué ese empeño en que sea negra, aunque a mí no me disgusta. Y no sé de donde le viene la seguridad de que ella morirá antes". Uno de los presentes le interrumpió: "Te advierto que la mía siempre me dice: "El día que se muera uno de los dos, cojo la televisión y me voy a una casa más pequeña".

Cuando voy por la calle, en el metro o el autobús, siempre me he parado a pensar qué vida tendrá la persona que se sienta a mi lado, la joven que se cruza conmigo, el viejecillo sentado en el parque. Y sé que, detrás de cada uno, hay una historia maravillosa que deberíamos conocer. Una historia de la grandeza del ser humano.