cada uno es una parte de los días,
pedazos de esperanza que aún no tiene
el corazón abierto por el rayo.
Los miro. Junto a mí el hombre que camina
buscando no se sabe si el viento de la noche.
Hay un recuerdo antiguo, cuando era
la vida en estas calles como ahora.
Y el mismo miedo crece. No habrá lluvia
que pueda lavar los adoquines de la plaza.
Inmensa minoría. No hay futuro
que pueda detener las manos levantadas.
Manos limpias, vacías. Sólo el eco
trae el fiero rumor de la tormenta.
Me muevo entre la gente. Hay una niña
que tiembla mientras grita. Y a lo lejos
deben estar los campos de este otoño
con el olor a pájaros mojados.
Más allá debe estar el mar de nuestra infancia,
la arena de la playa, nuestros sueños,
la certeza de ver que tantos cuerpos
se enfrentan con los vientos de la historia.
Un día volveremos donde antes,
cuando tú me mirabas y decías:
"Te quiero porque sé que es imposible".
Amarte en esta tarde. Incertidumbre.
Ya nada nos gobierna. Tal vez sólo
ese mañana que apenas se adivina
sin sal y sin pecados. Detenido.
(Y al pasar el furgón y ver los hombres
sin rostros que nos miran y nos cercan,
igual que en la película, te digo:
"Acojonan, ¿verdad?". Y me sonríes).
***
