lunes, 6 de mayo de 2013

Lexatin


En este cuerpo cansado me quedan los dolores,
el recuerdo de ti, cuatro recetas
y consejos. Por mucho que lo intento,
ya no encuentro las viejas cicatrices
de un pasado de noches y de besos.

Arrastro tus palabras todavía,
el abrazo del más dulce verano.
Y esa hora bendita en que se abrían
los cuerpos a los cuerpos. Todo queda
esta noche en la niebla de los barcos
sin puerto y sin marinos. No podría
recordar –sólo un destello-
de tu piel que envolvía las palabras.

Miro ahora la carne que un día fuera
el pan para tu boca, suave vino
derramado en tus labios, vida tuya.
Este pecho no tiene ya la dulce
huella de tu cabeza. Ni siquiera
puedo encontrar en el músculo cansado
el perdido latido de tu sangre.

Y sin embargo aún, cuando te nombro
me viene, como el sueño que no llega
la lejana nostalgia de otros días
en que eras mi pecado más querido.

(Y luego el lexatin me lleva hacia las sombras,
A ese espacio sin ti que me envenena). 

17 comentarios:

VANE-ALIVE dijo...

a veces nuestros deseos son más fuertes que las dosis de lexatín...
y no vamos a la sombra.
Un abrazo

jaime dijo...

Agradecido...

LoreVero dijo...

En Hora Buena Por Esos Pecados Cometidos, que seguramente han sido Gloriosos.
Miles de Besos, Y Dias Felices,Mi Poeta.

Paris Joel dijo...

A veces es preferible sufrir la ansiedad que el olvido. Ya echaba de menos el poema del Lunes.
Un abrazo Rodolfo.

Samuel Álvarez dijo...

Hermosas palabras, compañero...

Un grande abrazo.

Sam

Romina dijo...

aún lo es
no hay "somnífero" que pueda contra eso

mis mejores deseos, estimado

Antonio dijo...

Siempre me quedarán tus palabras, y cuanto bien me hacen. Inmenso.
Una fuerte abrazo Rodolfo

JOAN dijo...

Precioso, el poema y verte de vuelta!

Un abrazo fuerte :)

CARMEN dijo...

Preciosa poesía.
Un fuerte abrazo

Marisa dijo...

Es lo que tienen las benzodiacepinas, alivian el cuerpo y secuestran el ánimo.
Un saludo.

mig dijo...

Existe algún medicamento que no cure del mal del extrañamiento?
A veces me parece que estuve toda la vida extrañando a alguien, extrañando ese pecado que parece fue el que me arrastró a este infierno frío (siempre frío) que es la soledad.
Como siempre es un placer leerlo Rodolfo, aunque eso a veces duela, el dolor es dulce
Un abrazo desde este lado del charco

ana-lili.over-blog.es dijo...

Dicen que el tiempo cura todo,Rodolfo...yo creo que acentúa las heridas y "rastrilla"el cuerpo.(un abrazo)

Isa. dijo...

¿Qué envenena más, el espacio de su ausencia o la presencia inminentemente dolotosa del recuerdo?

Marina Morell dijo...

Un poema muy acertado, y ciertamente precioso.

Saludos,


Marina.

Katharine dijo...

Hermoso poema Rodolfo.
Como diría Mario "el olvido está lleno de memoria" y qué razón tenía!!. Gracias por tus versos

Francisco Álvarez dijo...

Me dejas muy acongojado.Hubiera preferido de esos poemas en los que despiertas. Rodolfo: Creo que ahora escribes bien en las dos sensaciones, aunque este me duele.

Saludos del Chile de Allende.
Sureño.

mejor la vida simple dijo...

Llegó,
del brazo de azules pensamientos,
calada del sonido húmedo del metro,
del pulso nervioso que mece en vagones
la vida y su materia.
Llegó,
le asomaban las ganas
por los bolsillos estrechos,
por el hilo impreciso de los sueños.
Su alma en la letra de Saramago,
en frases que leyó a intervalos,
por estaciones pequeñas
para tanto cansancio que regresa.
En suelo y aire,
esos roces fugaces de espaldas
que se llaman y recuerdan;
voces quebradas que se insinúan
por túneles de secretos.
Llegó,
y apoyada frente a la puerta que hierve,
graba emociones, suyas y de otros;
una Blimunda en busca de voluntades,
de nubes cerradas que sus ojos atrapan.
En la boca del concierto,
sujeta el libro con un gesto involuntario,
y espera a una amiga,
sin medir el tiempo.
Toca entonces su mirada un rostro,
que distingue entre otros.
Y en el segundo más corto que recuerda,
cruzan haces los faros;
un relámpago, un golpe de tacón,
una nota fuerte y suelta.
No supo si el canje de lunas,
dió la razón al pincel de Modigliani;
pero esa chispa instantánea,
ese disparo seco
que le alcanzó indefensa,
no fue suficiente para acercarse y confesarle
que ella escribía en su blog
algún comentario, algún verso.

Un abrazo, Rodolfo.