domingo, 6 de julio de 2014

Noche triste



En noches como ésta, algunas noches,
te sientes triste. Son noches de cansancio.
Ha llovido y queda por la calle
un perfume de hierba y de tierra mojada, 
igual que si de pronto regresaras
a los días del pueblo. Escuchas lejos
algún trueno lejano. Desearías
volver hacia los días de los amores viejos.

Estás triste esta noche. En la nevera,
una botella de vodka. 
Es el momento
de servirte una copa 
muy fría. Y acercarte
despacio hasta el recuerdo de sus labios.
Ella nunca bebía este tipo de alcohol, 
mas adoraba el vino,
la seca sensación de que era el sol
lo que entraba besando su garganta.

Pero esta noche, tan lejos y tan fría,
deseas que te llegue hasta las venas
su voz cuando leía antiguos versos,
sus pasos por la casa, el dulce sobresalto
de sus manos tapándote los ojos.
Ahora bebe, saborea 
el helado escalofrío
del cristal empañado por el vodka,
la niebla de sus brazos, 
la soledad de esta casa que odiarías
si no fuera porque guarda - o eso piensas-
por suelos y paredes algo de ella.

Sin embargo, en cualquier caso, y aunque sepas
que nada del pasado se repite, que ella misma
puede ser la invención de la tristeza,
mira bien lo que haces. Hay momentos
en noches como ésta, que es mejor elegir,
sin dudas ni preguntas, un amor inventado
que esta realidad sin esperanza.

lunes, 30 de junio de 2014

Leve recuerdo

De las cosas que guardo de los años
amados y perdidos aún me queda
tu piel ardiendo, ese sabor metálico
del sexo en la alta madrugada,
el dulzor a saliva, el imposible
calor de tus axilas y tus muslos,
la desesperación de no poder morirme
cuando entraba en tu cuerpo y me abrazabas.

La tersura del vientre,
la humedad que corría entre tus piernas,
el grito de tu voz cuando mi boca
buscaba entre tu carne. El dulce  nombre,
la palabra sagrada, el paraíso
de manzana y serpiente que nacía
más allá de los dioses prohibidos,
cuando eran los cuerpos gloria eterna.

De aquellos años guardo en mi memoria
el temblor de tus brazos, la terrible
expansión de universos que vivían
en tus pechos, las islas de tu ombligo,
la redondez del mundo en tus caderas,
el mordisco final, la lluvia cálida
que empapaba la noche y los abrazos.

Todo en ti para mí, para mis labios.
y morirme esta noche sin tenerte,
maldito para siempre en el recuerdo,
maldito como ahora cuando viene
la desesperación , cuando se marcha
la memoria de entonces y me queda
sólo una leve bruma, sólo esa
niebla que trae el olvido y que me mata.

martes, 17 de junio de 2014

La derrota, nunca

A mi amigo Paris Joel, rogándole que no abandone
Y nunca la derrota
podrá romper la voz. 
Nunca la angustia
dejara que la luna
se nos haga demonio,
terror de los amantes,
el lugar para el odio
de quienes buscan muerte.

Estaremos nosotros
en medio de la duda,
abrazando los nombres,
cuidando la canción de cada día.
Estaremos en medio
del corazón y el fuego,
En las manos abiertas
y en la palabra amigo,
Donde brilla la risa
y los labios se abren
en la boca que besa
y en el vino y la vida.

Pero nunca rendirnos,
que nunca puedan ellos
robarnos la palabra,
arrebatarnos nunca
la música del hombre.

Que jamás puedan, Paris,
presumir de tenerla
mas larga la alegría
y de haber derrotado
la canción de la sangre.
La canción que se hace
con el alma del otro,
con trozos de ternura
y la rabia más limpia.

Porque estamos muy solos,
porque tenemos miedo
a la noche de plomo,
porque nada seremos
si no tenemos cerca
el corazón amigo,
y la voz que no calla
y el latido salvaje
de quienes luchan, cantan
para cambiar el mundo
para darnos la flores
en los tiempos del frío.

Porque siempre habrá alguien
que una noche de insomnio
buscara una canción
que endulce su tristeza.

Jamás, jamás-por eso-
pueden rendir la voz
que golpea en nosotros.

miércoles, 4 de junio de 2014

Vieja fotografía

Miro tu foto. Es una foto antigua
que apareció de pronto en algún sitio.
Te ríes y miras fijamente. Tu sonrisa,
gloriosa, deslumbrante. Me imagino
que hay alguien que te dice alguna cosa:

Tienes la juventud de los recuerdos,
esa exacta expresión que da la dicha,
y podría jurar que tras la cámara
hay alguien que te ama -y le deseas-,
que sonríe también mientras te mira.

Me puedo imaginar tiempos felices
en la curva del rostro, en esos labios
perfecta, dulcemente dibujados,
en la dorada garganta que se pierde
en una blusa roja. Estás muy guapa.

Al mirarte esta noche, me pregunto
quién fue el amor que baila por tus ojos.
Quién supo recoger en esa imagen
la pasión que adivino, ese momento
por el que hubiera dado
mi vida por que fuera sólo mío.

lunes, 26 de mayo de 2014

Mujer desconocida

Me contaron que andaba por los bares,
buscando algún amor o sólo el beso
de alcohol que la llevara por las noches
de ciertas ciudades, por los puertos
de nieblas y de olvidos.

Contaba que un día tuvo entre sus brazos
los amantes más fieles y las horas
más salvajes y tiernas, cuando era
el pecado más dulce y en su boca
dormían las tormentas.

Nadie supo su nombre. Amanecía
y ella rebuscaba unas monedas
en su bolso de plástico. Pagaba
y sin decir una palabra se marchaba
hacia otras soledades.

Nunca pude encontrarla, aunque su historia
me persigue en las noches en que busco
el olvido en las barras, cuando el frío
tiene el nombre de todas las mujeres
que un día me quisieron.

De vez en cuando, me voy hasta las calles
húmedas por la lluvia y el deseo,
recorro madrugadas, me detengo
en cualquier bar extraño y adivino
su perfume en el aire.

Pero sé que jamás he de encontrarla.
Por mucho que en cualquier libro de versos
reconozca su voz y entre los vasos
quede aún la tristeza de su boca
que bebo sin remedio.

lunes, 19 de mayo de 2014

Esta canalla

Esta tropa de banqueros y políticos,
esta canalla del silencio y la mentira,
esta gentuza, amor, está ganando
la batalla diaria de la vida.

Nos acorralan, invaden nuestras almas,
deshacen  el color de la palabra,
hipotecan todo el sufrimiento,
la paz que hay en tu abrazo y en tu sueño.

Acaban con el hombre, lo encarcelan,
dibujan la tormenta y traen la lluvia
del frío en el invierno. Como dioses
maltitos traen la espada.

Están entre nosotros. Glorifican
los pecados más turbios, el deseo
de las voces amargas, cuando todo
es pura soledad de su desierto.

Del dolor hacen carne, sangre muerta,
roto espejo pegado a la caverna.
Envenenan el nombre de las cosas
y dejan sin manzana el paraíso.

Ahogan nuestros sueños y vacían
las almas y devoran insaciables
la risa de los niños, nos apagan
el fuego de la casa y de los besos.

Se mean en el vino del domingo,
escupen sobre el pan de cada día.
Quiebran el espinazo de la vida,
ensucian la alegría y las canciones.

Esa gente, esa canalla, vida mía,
que persigue a los amantes y a los locos,
nos matan con sus cifras oficiales,
destruyen la mirada de la tierra.

Por eso, tierno amor, dulce caricia,
los tiempos no están hoy para poemas
de amor. Porque esta peste,
a poco que tú y yo nos descuidemos,
acabará con nosotros sin remedio.

lunes, 12 de mayo de 2014

El tiempo ido

De los males sin nombre que me aquejan
guardo la soledad del café frío,
el insomnio de noches y latidos
el recuerdo de amores en la sombra.

Los cines y las calles, la tristeza
de urgencias y hospitales, los informes
de médicos y amantes y los miedos
de un corazón sin lluvia en primavera.

De todo lo perdido, de estos días
donde la voz es un ámbito desierto,
guardo el silencio de todos los espejos,
las tardes en la playa de tu nombre.

De l,o que fui en los tiempos de la gloria
me quedan los naufragios de la dicha,
el calor de una piel, algún instante
en el que pude destruir el paraíso.

Algún beso perdido entre la ropa,
un abrazo de miel y madreselva,
esa copa final, algunos bares,
la cita en un hotel de las afueras.

Y ahora que mi cuerpo está ya escrito
en calendarios de duda y medicinas,
me subo hasta el color del tiempo ido,
sabiendo que ya nada puede herirme


lunes, 5 de mayo de 2014

A Jaime Gil de Biedma

Que la vida iba en serio
uno, maestro, lo comprende cuando
sientes que el dolor se te hace carne
y las tardes empiezan a ser tristes.

Y los grandes amores se convierten
en esa tos a las tres de la mañana,
y el cansancio
es el pan de cada día.

Cuando ya no te llaman por teléfono
más que voces de eléctricas y bancos,
y una joven muy bella por la calle
te cede el paso al subir al autobús.

Y sientes que la noche es enemiga
de versos y de besos,
y te mueres
a solas con recuerdos de otro cuerpo.

Entonces tú comprendes que la vida
ya no está en el presente,
y el futuro
es aquello que nunca conseguimos.

Iba en serio la vida.
Y ahora mismo, ahora lo comprendes:
Envejecer, morir eran tan sólo
las dimensiones del teatro

martes, 29 de abril de 2014

Medicina

Y no es verdad. Tampoco hay amor que consiga
derrotar los dolores de la carne cansada.
Esa punzada viva que te atraviesa el pecho,
o, pura y simplemente, el amargo mareo
de una resaca infame al levantarte el lunes.

De dolores mayores también está probado
que no hay pasión alguna capaz de aniquilarlos.
Que no hay beso que pueda, en cualquier madrugada,
anular el aullido de una muela maldita,
ni unos labios que venzan a un infarto y su angustia.

El amor es más débil que cualquier aspirina.
Se nos viene y se marcha cuando no lo queremos,
deshace corazones y siembra de peligros
la soledad sin nombre de todos los dolores,
y alimenta el fracaso de los años perdidos.

Por eso, cuando ahora mi cuerpo vive en ese
misterioso milagro de miedo y medicinas,
declaro mi derrota y me someto inerme
sabiendo que tu cuerpo ha perdido esta noche
la dudosa esperanza de salvarme en tu nombre.

martes, 22 de abril de 2014

Insomnio

Despiertas una noche
y te llega el dolor,
los dolores del alma que deshacen el sueño,
que te rompen las horas.
                                        Y el silencio
pesa como una cruz maldita y conocida.

Abandonas el lecho y recorres la casa,
enciendes un cigarro. Te preparas
una copa en la alta madrugada.
Los recuerdos son pájaros dormidos.
(Y ese dolor del alma, tan real, tan cercano).

Sientes la soledad rondando en el pasillo.
Una tristeza vieja te llega hasta la boca.
Y sabes que el reloj se ha parado ahora mismo.
Nada hay que te pueda salvar de la amargura.
Y no hay voz que te salve del miedo y las sombras.

Busca entonces un libro.
La Isla del Tesoro, Moby Dick o los versos
más hermosos que puedas recordar.
Deja que pase el tiempo lo mismo que si fuera
el minuto perfecto, ese instante perdido
de los años de dicha.

Espera que amanezca tras las negras ventanas,
que el ruido de diez mil automóviles arrastren
la quietud del momento.
Pues todo está perdido en este largo insomnio.
Y sabes que el dolor,
como una lluvia fría
va a acompañarte siempre en cada viaje tuyo.

Pero entonces,
aunque sea un momento,
piensa en ti, cuando eras ese cuerpo glorioso
que un día dio a otra carne el gozo de la vida,
la fugaz sensación de que fuisteis eternos.
(Y lejos, en la noche, en una cama extraña,
hay alguien que aún te añora aunque no te recuerde).

lunes, 14 de abril de 2014

La Isla del Tesoro

Oído en un telediario:
Una mujer en una manifestación por la educación pública: 
“Tenemos que protestar si no queremos perder nuestros derechos”
Un político: “No cambiaremos nuestras políticas 
por muchas protestas y manifestaciones que se hagan”


Cuánta tristeza. Cuánto
dolor en las palabras que ahora escucho
yo derrotado frente al televisor.
Por las calles, se extiende, como un sueño,
la impotencia, las manos que no tienen
más que el blanco vacío, el imposible
afán de la tormenta que no llega,
que ha de limpiar las plazas y los cuerpos.

Un futuro sin nombres ni amapolas.
La soberbia se sube a los caballos,
deshace claros días, atraviesa
con la lanza del odio la esperanza.
Mata la voz del hombre, lo aniquila,
lo entierra entre palabras. Hay un vómito
agrio de vino y sangre en el asfalto.

Y todo, todo está como si nada,
como si todo fuera una noche interminable,
el deseo de un fuego ante la cueva,
la nostalgia de viejos paraísos,
la sensación del miedo, el lento pulso
de un corazón cansado y ya vencido.

Más allá de esas voces se levantan
unos labios abiertos a la vida,
los cuadernos y libros escolares,
el alma de los niños, la tristeza,
el pan de cada día y las canciones
de amor, la piel de las estrellas.

Cuánta tristeza. Amor, cuánta tristeza,
cuánto dolor, ahora, ya perdidos
para siempre los mapas que nos traigan
el tesoro de la isla a nuestras manos.
Mas sálgamos al mar. Vente conmigo,
La bandera pirata es ahora nuestra
y Jhon el Largo nos guía hasta su isla.