martes, 22 de abril de 2014

Insomnio

Despiertas una noche
y te llega el dolor,
los dolores del alma que deshacen el sueño,
que te rompen las horas.
                                        Y el silencio
pesa como una cruz maldita y conocida.

Abandonas el lecho y recorres la casa,
enciendes un cigarro. Te preparas
una copa en la alta madrugada.
Los recuerdos son pájaros dormidos.
(Y ese dolor del alma, tan real, tan cercano).

Sientes la soledad rondando en el pasillo.
Una tristeza vieja te llega hasta la boca.
Y sabes que el reloj se ha parado ahora mismo.
Nada hay que te pueda salvar de la amargura.
Y no hay voz que te salve del miedo y las sombras.

Busca entonces un libro.
La Isla del Tesoro, Moby Dick o los versos
más hermosos que puedas recordar.
Deja que pase el tiempo lo mismo que si fuera
el minuto perfecto, ese instante perdido
de los años de dicha.

Espera que amanezca tras las negras ventanas,
que el ruido de diez mil automóviles arrastren
la quietud del momento.
Pues todo está perdido en este largo insomnio.
Y sabes que el dolor,
como una lluvia fría
va a acompañarte siempre en cada viaje tuyo.

Pero entonces,
aunque sea un momento,
piensa en ti, cuando eras ese cuerpo glorioso
que un día dio a otra carne el gozo de la vida,
la fugaz sensación de que fuisteis eternos.
(Y lejos, en la noche, en una cama extraña,
hay alguien que aún te añora aunque no te recuerde).

lunes, 14 de abril de 2014

La Isla del Tesoro

Oído en un telediario:
Una mujer en una manifestación por la educación pública: 
“Tenemos que protestar si no queremos perder nuestros derechos”
Un político: “No cambiaremos nuestras políticas 
por muchas protestas y manifestaciones que se hagan”


Cuánta tristeza. Cuánto
dolor en las palabras que ahora escucho
yo derrotado frente al televisor.
Por las calles, se extiende, como un sueño,
la impotencia, las manos que no tienen
más que el blanco vacío, el imposible
afán de la tormenta que no llega,
que ha de limpiar las plazas y los cuerpos.

Un futuro sin nombres ni amapolas.
La soberbia se sube a los caballos,
deshace claros días, atraviesa
con la lanza del odio la esperanza.
Mata la voz del hombre, lo aniquila,
lo entierra entre palabras. Hay un vómito
agrio de vino y sangre en el asfalto.

Y todo, todo está como si nada,
como si todo fuera una noche interminable,
el deseo de un fuego ante la cueva,
la nostalgia de viejos paraísos,
la sensación del miedo, el lento pulso
de un corazón cansado y ya vencido.

Más allá de esas voces se levantan
unos labios abiertos a la vida,
los cuadernos y libros escolares,
el alma de los niños, la tristeza,
el pan de cada día y las canciones
de amor, la piel de las estrellas.

Cuánta tristeza. Amor, cuánta tristeza,
cuánto dolor, ahora, ya perdidos
para siempre los mapas que nos traigan
el tesoro de la isla a nuestras manos.
Mas sálgamos al mar. Vente conmigo,
La bandera pirata es ahora nuestra
y Jhon el Largo nos guía hasta su isla.


martes, 8 de abril de 2014

Una noche mágica


Ayer fue un día grande. Una noche grande. Mi amigo Manuel Cuesta me in vitó a compartir el Libertad, 8. Amigos maravillosos con nosotros: César de Centi, Jon Andión, J Álvaro, Jerónimo Salinero, Dani Eme...Disfrutamos de las canciones de Manuel (me emocioné con mi poema Estos días, musicado magistralmente por él) y tuvimos la ocasión de saludar a viejos y nuevos amigos (Ricargo, Fernando, Julio, Joaquín, Elvira, Julián, Salva, Mari Recio, Dani...


Es asombroso que la música y la poesía atraigan todavía a la buen a gente, hagan de vínculo y abrazo. Y que Fernando Lucini siga tan maravillosamente activo, que todavía tenga el corazón abierto, incansable al cansancio, a los sinsabores... Gran Fernando. Hombre bueno y sabio, padre de tantos cantautores, bondadoso y ser humano escepcional. Siempre con tiempo para todos, siempre una palabra amable, siempre al lado.


Quiero también dedicar un recuerdo especial a Paris Joel. César de Centi que, igual que Dani Eme, tuvo la generosidad de cantarnos una de su canciones, se acercó luego a mi para darme recuerdos de Paris. Y le dije el milagro de la vida que supone que nunca haya visto a Paris y le tenga tanto afecto, le sienta tan cercano a mí.


César me dijo algo curioso: "Resulta que él ha utilizado esas mismas palabras. Me ha dicho que nunca te ha visto personalmente y que no entiende cómo se siente tan cercano a ti. Si le conocieras. Es un ser extraordinario. Luchador y buena gente". La vida, a veces, como dice Ismael, te guiña los ojos, te invita a una ronda. A mí me invita con gente como ésta.

Le dije a César que entre mis sueños está ir un día a conocer Sada, a conocer a Paris. "Ojalá", me contesto, "te encantaría el pueblo y Paris". Ojala se cumnplan un día nuestros sueños.

Siento no tener más fotos. Pero valgan como recuerdo.

lunes, 7 de abril de 2014

Tu dolor

Tu dolor. Tu tristeza que me llega,
como una herida abierta.
-tu corazón doliente-
que me cuentas
en cuatro líneas apenas muy lejanas.

Quisiera acariciarte muy despacio,
en esa soledad
que siento como mía,
que me besa en el alma y se deshace.
Y no sé qué serás, dónde tú ahora
escondes ese miedo,
dónde andarán tus días y tu sombra.

Esa sombra,
Esa palabra tuya, la que entonces
recorría mi boca y removía
el temor al fantasma del olvido.
Me llegan como llegan los otoños,
con la misma nostalgia de los lunes,
igual que tus mensajes en la arena.

Ahora que ya no estás,
que nada eres,
se me clava tu miedo y adivino
tus noches en la cama de los otros.

Por eso, corazón tan deseado,
escribo a tu tristeza,
y sólo tengo
estos versos, la palabra
que quiere acariciar
el alma que aún deseo
y que me duele.

lunes, 31 de marzo de 2014

Todo lo perdi

Todo lo perdí, salvo tu nombre.
Lo demás se me ha ido poco a poco:
sudores y palabras, cortas noches,
la copa del encuentro, negros días,
los lunes del pecado, los hoteles
sin vino y la esperanza del invierno.

Todo fue como el aire de la vida,
la luna acorralada, el tiempo en blanco,
las caricias de amor y los papeles
con versos y las cartas del olvido.
Las dudas ante el beso, la alegría,
el amor a las tres de la mañana.

En todo estabas tú, aunque no eras:
la atracción de los cuerpos y la sangre
golpeando el rincón de los insomnios.
Las calles para andar en tu costado,
la cintura, los lazos de la carne,
el camino hacia donde y hacia cuando.

Por allí –y allí mismo- estaba el frío,
las tardes de domingo, el sueño a solas,
las manos como fuego, tiernos labios,
el abrazo del miedo, las llamadas,
teléfonos sonando en la penumbra,
el cielo protector cuando tú estabas.

Y todo lo perdí. Ya no me queda
más que el nombre, tu nombre que es ahora
el recuerdo lejano de un instante.



CON MANUEL CUESTA EN LIBERTAD, 8

Y por fin, Manuel Cuesta ha tenido a bien invitarme a compartir con él una noche de música y versos. Salgo, como he dicho en anteriores ocasiones, muy poco por la noche. Pero cómo desaprovechar esta ocasión para disfrutar Cerca de la Tempestad. Con Manuel comparto tantas cosas. Y estoy deseando, además escuchar en directo su disco.

No os lo perdáis. Merece la pena. Si tenemos suerte y el pintor y poeta Jerónimo Salinero se anima, tendremos ocasión de disfrutar de sus versos. Muchos le conocéis y sabéis que es un placer gozar de su humor y su poesía.

lunes, 24 de marzo de 2014

Las manos de Lila

A mi nieta, recién venida

Se mueven como el mundo. Dulce, sencillamente.
Esas manos que un día abrazarán la tierra,
que traerán caricias y curarán dolores
y harán de los caminos abrazos de los cuerpos.

Esas manitas chicas, como estrellas de aire,
que se agarran dormidas a la vida que late
en otra carne amada, en el calor del sueño.
Esas manos que traen el nombre de la dicha.

Los dedos como brotes de los frutos más dulces,
nubes y caracolas donde se esconde el viento.
Esperanza y promesa de un futuro que rompe
la tormenta del miedo y la palabra nunca.

En esas manos mueren los espacios vacíos,
la eternidad empieza como un beso cercano,
lo mismo que si fuera el universo abierto,
el lento movimiento de todas las mareas.

Me agarran esas manos, me acarician despacio,
y rozan suavemente mis dedos asombrados.
Luego, tiernas y frágiles, llegan hasta mi pecho
abren mi corazón y se quedan dormidas.

martes, 18 de marzo de 2014

La vida

Estas cosas, amigo, aunque nos cueste,
son, sin duda, las reglas de la vida.
Yo puedo recordar, sin ir más lejos,
su sonrisa radiante cuando ella
llegaba a nuestra cita. Y sin esfuerzo
sentir aún sus labios como el vino,
y sus manos abriendo mi camisa.

Y el aliento quemándome los labios,
su voz de mar, el tierno sobresalto
de sus piernas abiertas a mi carne.
Puedo, incluso, volver a estremecerme
en la espesa batalla de los cuerpos,
y oír su corazón como si fuera
el mágico rumor de mil tormentas.

Está todo en mis venas. Si me apuras,
podría sin esfuerzo revivirme
en cada una de todas sus palabras,
revivir el cansancio de la carne,
tras el amor. Contarte como eran
las gotas de sudor entre sus pechos,
y la humedad del pubis en mi boca.

Y sin embargo, ¿qué quieres que te diga?
El tiempo vence a todo. Nos derrota
sin compasión, terrible y brutalmente.
Porque un día la encuentras en la calle,
te besa fugazmente la mejilla,
y sonríe –“me esperan”- y se marcha. 

lunes, 10 de marzo de 2014

Te invoco hoy

Te recuerdo todavía. Y sin embargo
nunca fuiste un gran amor, niña perdida.
Mis ojos asombrados y esas manos
recorriendo mi cuerpo, cuando era
la soledad el mundo conocido.

Te tengo en la memoria y en la carne,
en esta hora del sueño y del olvido.
Me llegan, lo mismo que hojas muertas
tu suspiro, el jadeo de tu pecho,
en la cama deshecha de tu cuarto.

Tus besos con sabor a cigarrillos,
el silencio de nubes, la dulzura
de tu piel transparente, la caída
de tu cuerpo en mi cuerpo. Aquellas noches
con el miedo al reloj en la mesilla.

¿Y qué ha sido de ti? De vez en cuando
tu nombre me persigue por los libros,
se despereza lento como el suave
regusto a sal de la melancolía,
lo mismo que el sabor de un vino nuevo.

Pedacito de amor, niña sin dueño,
palabra de mis noches. Dulce encanto
del momento encontrado cuando todo
era la vida en punto, y no había nada
más allá del deseo de las sábanas.

Esta noche te invoco. Por aquellos
abrazos de pasión, por la locura
de la sangre. Por mis dedos
buscando el universo de tu vientre,
la eternidad de dios en tus caderas.

Vienes a mí. Te duermes a mi lado.
Te me mueres lo mismo que si fueras
el sol cálido de todos mis inviernos.
Nunca fuiste mi amor. Pero ahora mismo
tu nombre es mi deseo y mi nostalgia.

lunes, 3 de marzo de 2014

Todo es ahora

A mi amigo Carlos López Collado


Esa atracción salvaje de los cuerpos,
la furiosa pasión de los abrazos,
la succión de los labios en los pechos,
el calor de la piel, el suave vientre
donde Ismael perseguiría a la ballena.

Esa muerte dulcísima y querida,
cuando los cuerpos rompen el latido,
se emborrachan de limpias humedades,
se rompen en la esquina de la noche
cabalgan la locura del instante.

Esos besos benditos, el mordisco,
relámpagos eternos, la tormenta
del corazón golpeando el universo,
esa carne abriéndose al impulso
de la sangre caliente del deseo.

Y todo, todo eso, amigo Carlos,
es, al final, un cuerpo a nuestro lado,
ese cuerpo glorioso por el tiempo,
que duerme entre las sábanas y roza
un instante tu piel en la alta noche.

Esa loca pasión, aquella fiebre
es ahora la ternura de una mano
que, lenta y dulcemente, te acaricia
cuando viene el dolor y tienes miedo.

lunes, 24 de febrero de 2014

Leyendo a Machado

(Se cumplen 75 años de la muerte de Antonio Machado)

Don Antonio, las cosas no han cambiado.
Sigue la misma sed del hombre malo,
la sombra de Caín va por los campos
de la misma Castilla. Y esta España
continúa dividida como entonces.

Hoy, don Antonio, los mismos colegiales,
el hombre del casino provinciano,
y pronto volverá don Guido jaranero
como un trueno, don Antonio, a los altares.

Tantos años después y todo sigue
en la misma tristeza. Y olmos secos
siguen aún abiertos por el rayo.

Releo en esta noche en que se cumple
el triste aniversario de su muerte
la letra de ese mundo que pervive
por encima del humo y la ceniza.

Y no está todo en paz. Están los hombres
al lado del camino. Y no sabemos
para qué sirve el vaso ni la sed.
La verdad, don Antonio, la del otro,
sigue siendo verdad, mas ya no es nuestra.

Esta noche confieso que aún me queda
una leve esperanza, la del niño
que sueña con caballos de cartón,
aunque el hastío o el hambre, don Antonio,
retumbe en el vacío de la cabeza.

lunes, 17 de febrero de 2014

En ti

En ti quiero perderme en esta hora
negra de la tristeza y del olvido.
Ahora cuando llueve sobre el campo.
Con el miedo de todo, te recuerdo.

Me viene muy despacio la nostalgia:
tu cuerpo como tierra bendecida,
tu pubis como pluma de un arcángel,
suave como el otoño y la llovizna.

Aquel amor furioso, aquellos labios
abiertos a la noche, aquellas manos
con soledad de viejas estaciones,
tus pechos en mis dedos y en mi boca.

Allí donde la vida comenzaba,
donde habitaba siempre la alegría,
cuando todo era luz, cuando tus ojos
buscaban las tormentas de los cuerpos.

Relámpagos azules en tus piernas.
Explosión de la sangre. Y esa muerte
rozando el corazón sobre la cama
de hoteles en la niebla y viejos barcos.

En ti me pierdo ahora, cuando nada
puede volver a aquellos días gloriosos,
ahora que el recuerdo sólo tiene
el olor de las cosas que perdimos.