martes, 7 de enero de 2014

Lluvia lejos del pueblo

Afuera debe estar el tiempo detenido.
Habrá pájaros húmedos en la higuera de enfrente.
Y la lluvia caerá como un manto de besos.
Las encinas, lejanas, serán sombras mojadas.
Pasará triste  un perro por la calle desierta.

El canalón dorado tendrá el ruido monótono
de un cantar olvidado en la tarde de enero.
En la iglesia estarán las viejas. Y los niños
gritarán en la plaza de piedras y de hastío.
El pueblo debe ser una mancha de niebla.

Llegarán por los cerros nubarrones oscuros.
Y en la casa vacía tendrá la chimenea
añoranza de fuego y de amor a la lumbre.
El reloj sonará en la torre. Las horas
irán lentas. El campo estará triste y sólo.

Me acercaré despacio. No sé si habrá silencio
mayor que el dulce estruendo
del agua en los cristales. Si estuviera allí ahora
iría lentamente a tu cuerpo y mis manos
te buscarían torpes mientras suena la lluvia.

De todo lo que tengo salvaría  este instante.
Esta suave nostalgia de tormenta  y deseo.
En el sofá, la manta nos estará esperando
Y la fiebre vendrá con los últimos fríos.
Tus manos en mi frente. Anochece. Me duermo.

8 comentarios:

Suso dijo...

Excelente, es como volver al pueblo de infancia, al verano bajo la parra y los barreños de agua bajo el sol de la tarde, a recordar a la abuela con su pelo blanco de cal y sus pasos rápidos preparando con esmero la merienda. Un fuerte abrazo maestro.

Suso dijo...

Excelente, es como volver al pueblo de infancia, al verano bajo la parra y los barreños de agua bajo el sol de la tarde, a recordar a la abuela con su pelo blanco de cal y sus pasos rápidos preparando con esmero la merienda. Un fuerte abrazo maestro.

Salva dijo...

Hermoso poema, amigo. Ha sido una gozada leerlo y disfrutarlo.

Isa Motos. dijo...

Y, al final, de la vida lo que salvamos son siempre los instantes...

Precioso poema, Rodolfo. Así da gusto volver a la rutina. :)

Antonio dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Antonio dijo...

...y la lluvia caerá como un manto de besos....
Gracias amigo, abrazos

Anónimo dijo...

Resulta un placer retomar las buenas costumbres de leer y releer tus tiernas palabras, que son sosiego entre tanta tormenta. No sólo nos haces sentir mejor, sino que además creas ese pequeño rincón al que volver para recordarnos la importancia de valorar las cosas más sencillas, que muchas veces por las prisas y otras tantas por inconsciente indiferencia, dejamos de lado. Gracias por recordarlas cada semana. Un abrazo desde El Escorial.

Ana

Lilí Valladares dijo...

¡Muy bonito el poema,me remonta a mi pueblo ,y a tantos sentimientos!!!(un abrazo,Rodolfo)