lunes, 11 de junio de 2012

Un viejo se sienta en una terraza y mira a las muchachas


Me decía que era como ganarle el pulso
a un corazón cansado y a todos los recuerdos
de aquellos años de oro cuando estaba el deseo
vibrando por el músculo y la sangre caliente.

No sabe usted, hablaba, de lo que significa
ese cuerpo glorioso de una muchacha al lado.
No es la turbia ansiedad de la carne y el hueso.
Ni siquiera nostalgia de las noches vencidas.

No deseo sus besos, ni el vino de su risa.
Es sólo la esperanza de vivir en sus ojos.
Tampoco –no le engaño- me recuerdan a ella.
Ni a esas madrugadas en que ganaba el cielo
subiendo por su pecho, viendo que el mundo era
la piel acariciada, el estremecimiento
de una boca, por fin, encerrada en mi boca.

Vivo cada minuto, sentado en esta mesa,
y contemplo, sediento, sus pasos por la acera,
me sumerjo en sus voces y luego me imagino
el calor de su vientre sin pasión ni deseo.

Yo que todo lo he dado y todo he recibido
no deseo más luz que la que habita en ellas.
Y moriría tranquilo viendo pasar la tarde
de pájaros y árboles y muchachas abiertas.

Y sé muy bien, amigo –a qué voy a contarle-,
que nadie entiende esta nostalgia de los viejos.
Sin embargo, le juro que en mi alma cansada
únicamente está la presentida y cierta
belleza de sus pasos y el  mundo que me queda
por descubrir ahora, antes de que mi vida
se consuma en el fondo de esta cerveza fría.

***

17 comentarios:

Antonio dijo...

y caminando te giré la cara para decirte, mira que dos preciosas muchachas, y me dijiste, cuales ¡¡¡ aquellas, y me dijiste, donde ¡¡¡ y te dije aquellas, y contestaste, son todas......ellas son así. Gracias por cumplir, y hacer de las miradas y los deseos de algunos no tan viejos, un precioso poema. Abrazos
Antonio

CARMEN dijo...

Tu poema de hoy me ha hecho sonreir, porque los hombres sois así, os gusta contemplar a las muchachas y a una hermosa mujer cuando pasa por vuestro lado, creo además que no teneis edad para eso.
Gracias por tus Lunes de poesía.
Un abrazo y buena semana.

José Antonio Fernández dijo...

Mirar una muchacha bonita y una buena cerveza fría. ¿para qué más?

Anabella dijo...

Hermoso tu poema de hoy, en donde una mirada puede tener miles de significados pero todos convergen en la nostalgia y la certeza de haber vivido todo, siempre, a flor de piel! Un beso!

eigiual dijo...

PRECIOSO Y PERFECTO.

Gracias amigo.

eigiual dijo...

PRECIOSO Y PERFECTO.

Gracias amigo.

Alea dijo...

Gracias por hacer que los lunes sepan a viernes. Para mí este poema es la nostalgia de la juventud y me ha recordado a algo que dice siempre mi padre: "Como te veo me he visto y como me ves te verás". Un saludo

Sara dijo...

Cada uno tiene sus propias nostalgias, y personalmente, esta me parece impresionante. Un beso, Rodolfo. Y gracias.

Romina dijo...

"No deseo sus besos, ni el vino de su risa. Es sólo la esperanza de vivir en sus ojos"
Realista y esperanzador al mismo tiempo, como buen lunes.
Gracias,Rodolfo

Marisa dijo...

Me recordaste la obra de teatro de Castelao "Los viejos no deben de enamorarse" y aquella preciosa canción, como decía..."quero mirarme
nas meniñas dos teus ollos"
Qué bueno, qué bonito.

Un abrazo.

Niuqech dijo...

Te juro que al leer el título me ha venido a la cabeza un viejo verde, jajajajaja... menos mal que luego uno lee el poema y los tiros no solo van por otro lado, sino que es uno de esos que tocan en los más hondo.


Un abrazo, maestro Rodolfo.

Laura dijo...

Debo confesar que siempre me quejo de los viejos verdes y de los hombres babosos, que rara vez sonrío al piropo de un extraño, y que me repugna darme cuenta que un hombre que podría ser mi abuelo me está mirando el escote... pero esto que acabo de leer me causo tanta ternura, tanta. Como siempre haciendo magia con las letras don Rodolfo.

jironesdeletras dijo...

Por qué no hay que cumplir años para mirar muchachas bonitas, pero si es cierto que el anhelo de tiempo mejores le da solera a la cerveza fría que bebemos. Cualquier tiempo pasado fue mejor, pero ahí tenemos al recuerdo para deleitarnos en el presente. Y si la muchacha te hace ojitos, pues mira, otra caña...

jaime dijo...

Después de estos versos, lo que me pide el cuerpo es bailar un vals.

Hermoso...

Cristina Benito dijo...

¡Qué nostalgia se respira y qué bonito lo has plasmado! Un placer volver.
Un abrazo.

Anónimo dijo...

Es curioso descubrir sensaciones nuevas en cada uno de tus poemas, una mirada distinta, la necesidad de transformar en palabras lo que te inspira y el desconcierto de algunos que te seguimos más recientemente, al sentir las ganas de inventar situaciones paralelas a la que nos muestras tan abiertamente, para convencernos cada día de que, en el fondo, no estamos solos.

Tras leer tu poema, me imaginaba mirando a ese hombre desde otra mesa cercana y la sensación que tendrían otras jóvenes al mirarle y pensaba en....

Dos jóvenes conversaban animadamente sin prestar atención
y reían perdiendo la noción del tiempo,
olvidando cada instante, el momento anterior,
disfrutando de la compañía en el centro de Madrid,
cualquier día de primavera, una mañana a pleno sol.

Una pareja paseaba y discutía, hablaban
sobre no se qué pared y sobre no que qué color.
Un niño los miraba y sonreía, procurando
captar algo de la conversación y un señor,
ya mayor, sentado a su lado, absorto en sus pensamientos,
observaba a las jóvenes abiertas a la primavera,
dibujando sus perfiles, lentamente, con atención

Si no fuera por la nostalgia de su miraba, hubieran pensado
que, aquel hombre, no era más que un mirón,
pero segundo a segundo ambas comprendieron
que su mirada no era lasciva, sino de sincera admiración
de quien sorbo a sorbo consume su vida
y espera que su cerveza fría, se convierta en esa visión.

Sin añorar tiempos pasados, disfruta de la paz
de los años que fueron su mejor valor,
recuerdos que le han llevado a este momento
a la cerveza fría y a las jóvenes que pasean hoy,
el pasado transformado en presente,
y el futuro, un regalo, belleza de juventud.

que tienen tus poemas, que no puedo parar de escribir????

Anónimo dijo...

Gracias. Ana