martes, 4 de septiembre de 2007
Princesas
El otro día oía a una periodista de las que confunden la información con el chismorreo, decir, muy suelta ella, que, al fin y al cabo, el yate era un regalo de unos empresarios al rey.Y que el rey, generoso él, lo había donado al Patrimonio Nacional. Qué bueno es el rey de España, que no quiere nada suyo. Lo que no contaba la periodista pelota es que, pasando el yate a Patrimonio se evita todos los gastos que se derivan de su mantenimiento, atraques, pagos de personal, etcétera, etcétera.
No sé el tiempo que le queda a la Monarquía. Y tampoco es que sea una de mis prioridades. Pero lo cierto es que resulta casi rayando en lo obsceno el espectáculo de esa Familia Real, cada vez más larga, disfrutando de los largos veranos a costa del presupuesto. nadie sabe en qué se gasta el Rey esos casi 8,5 millones de euros que le caen año tras año en los Presupuestos Generales.
Tan obsceno como una Princesa que necesita un periodo de baja de varios meses antes de cumplir con sus escasa obligaciones de acudir a recepciones y actos oficiales de tan escaso interés. Ahora dicen que la Infanta Leonor, a la que han paseado por televisiones y revistas buscando la complicidad de la buena gente que sublima las gracias de cualquier niña de la edad de Leonor como si fueran intrínsecamente ligadas a su estatus real, va a ir a una guardería. Supongo que será un guardería real.
No es demagogia. Pero cualquier trabajadora de la edad y al situación de la Princesa se vuelve loca para buscar una guardería a sus hijos. Leticia no tendrá ese problema. Por cierto La familia Real danesa lleva a sus hijos a guarderías pública. Tal vez porque en países de larga tradición democrática las guarderías públicas nada tienen que envidiar a las privadas.
En España vivimos situaciones absurdas. Los mismos políticos que defienden la sanidad pública van a hospitales privados cuando tienen que tratarse de cualquier dolencia: los de derechas y los de izquierdas. Lo público no es de fiar, aún siendo de los mejores sistemas del mundo. Será porque siempre es molesto compartir sala de espera con el albañil o el zapatero o el empleado de un banco.
Resulta cada vez más cansado el debate de la Monarquía. Cansado por inútil. A ver si es verdad que con Juan Carlos de Borbón se acabe este absurdo de una institución que no representa a nadie ni ha sido elegida por nadie. Salvo por Dios todopoderoso. Y ya sabemos los errores que suele cometer Dios cuando de pone a elegir. Véase, sin ir más lejos, la historia de los Papas.
lunes, 3 de septiembre de 2007
De nuevo en casa
De ellas conozco poco, o mucho, según se mire. Y en sus blogs -que he visitado también cuando he podido- he encontrado poesía y humor esperanza en fin en un mundo difícil.
Estuve en los países nórdicos. Un viaje cansado y, al mismo tiempo, feliz. Una manera de comprobar que esta tierra es pequeña y frágil y que, por encima del idioma, el hombre es igual en todas partes. Una manera de comprobar que el ombligo es mucho más grande y digno de mirarse de lo que pensaba.
Durante unos días he estado en el pueblo de mi mujer. Una aldea minúscula, no tan diferente, si bien se piensa, que Copenhague u Oslo, con sus grandes diferencias. Hoy en el metro he vuelto a ver las mismas caras que entonces, he leído el mismo periódico y me han asaltado las mismas -terribles noticias- que antes de irme de vacaciones. Nada ha cambiado y todo es tan diferente.
Hoy, ya de vuelta, Madrid ha amanecido con ese olor imposible a croissan y gasolina, a soledad, a esperanza.
Madrid huele a vida.
viernes, 24 de agosto de 2007
Más poesía
Carta a padre
I
Estos días, padre, y en este sol de la infancia
me viene tu recuerdo como un viento caliente,
el viento que en verano acunaba las siestas
y secaba el camino por donde tú llegabas.
Recuerdo tus silencios en las noches de invierno.
Cuando, sentados juntos, madre contaba historias
y tú te sonreías del miedo y de los muertos.
Y decías: “A quien hay que temer es a los vivos”.
Luego más tarde supe, padre, que tus temores
venían de muy lejos y habitaban cercanos
en las calles de barro y en las casas de adobe
y te ahogaban el pecho y el corazón cansado.
Pocas veces hablaste de la guerra, aunque a veces
nos dejabas que viéramos la metralla azulada
que aún tenías en el cuerpo y nosotros pasábamos
los dedos por aquellas cicatrices de hierro.
No estuviste en el bando de quienes conquistaron
esa paz que te trajo el miedo de los días,
el silencio del hambre, la búsqueda imposible
del sueño de un muchacho de diecinueve años.
El miedo de los vivos te ha acompañado siempre.
Y puso entre tus brazos el dolor de las cosas,
cuando España no era sino la historia triste
más triste de todas las historias de la historia.
Te recuerdo en la noche cuando en la vieja radio
buscabas entre ruidos que estaban prohibidos
la esperada noticia de que, al fin, aquel año
un viento bien distinto lo barrería todo.
Pero nunca llegó aquello que esperabas.
Ni siquiera más tarde, cuando todo cambió
pudiste pronunciar en las nuevas palabras
las que el miedo te había cosido a los labios.
Era la historia otra. Y eran otras las cosas.
Y seguían los mismos que habitaban tus miedos.
Aquella vieja radio años llevaba rota
y Radio Pirinaica era sólo nostalgia.
II
Tú me enseñaste, padre, a andar en bicicleta
y a mirar la pobreza con orgullo y sin miedo.
Y que todo es de todos cuando el hambre lo dice
y que el dinero vale para comer hoy mismo.
Recuerdo tu sudor amasando el adobe.
Y los sacos de pájaros que te daban a cambio
de limpiar los tejados y la fiesta que era
aquella noche en casa –risa y pájaros fritos-.
Yo no sé si he tenido tiempo para contarte
de mis libros y versos. De mis tristes triunfos,
de todos mis fracasos. Ni de las muchas veces
que te he echado de menos cuando he llorado solo.
Y de lo que me gustaba el mediodía del sábado
cuando los dos tomábamos en aquel bar de Poli
un vino y me decías que, al fin, los socialistas
subirían las pensiones y había que darles tiempo.
Luego fuiste dejando memorias y recuerdos
Y tu mundo fue oscuro como el de aquellas noches
de los cuentos de madre en la cocina fría
y mirabas sin vernos. Y llorabas a veces.
Ahora, en estos días azules de mi infancia,
cuando tengo los mismos años que tú tenías,
te recuerdo callado y me dicen a veces
que soy como tú mismo. Y, como tú, yo callo.
sábado, 18 de agosto de 2007
Saludos
Hablé, en una larga noche, con Joaquín Pérez Azaustre. Fue una maravilla. Su poesía es, probablemente, de lo mejor que se hace hoy. Me regala su último libro. Ya lo contaré en septiembre. He descubierto que el blog crea mono. Estoy deseando volver.
viernes, 27 de julio de 2007
Vacaciones
Otro poema
Encuentro
Al cruzar el semáforo me ha parecido verte.
Eras una muchacha con pantalones blancos
y carpeta de flores sujeta contra el pecho.
Tenías el cansancio de aquellos viejos días
y el pelo negro y corto y hasta hubiera jurado
que guardabas intactos tus veinticuatro años.
Andabas como entonces. Y hasta estoy convencido
de que seguías teniendo a un lado de tu vientre
la suave cicatriz de aquella apendicitis.
Atocha ya no era el territorio amigo
donde tu y yo explorábamos praderas y desiertos
y vencíamos siempre lo mismo que Alejandro.
Quién sabe cuantos días caben en el olvido.
Sé que el recuerdo tiene alas de mariposa
y es como el negro cuervo de Poe en el alfeizar.
He aprendido adjetivos, fumo mucho, y ya no
lloro con la escena final de Casablanca,
ni releo las cartas que nunca me enviaste.
Te echo tanto de menos que alguna noche incluso
sueño con viejos bares y cócteles de estrellas
cuando tu y yo bebíamos las calles de Madrid.
No he vuelto nunca a verte, aunque a veces me llegue,
como un dulce mordisco, tu nombre en otra boca.
Y recuerde el olor escondido en tu cuello.
El claxon de algún coche te borró en mi memoria.
Y Atocha fue de nuevo un lugar desolado.
Y la muchacha entonces fue una chica cualquiera.
jueves, 26 de julio de 2007
Jueces
Al juez no le pasó nada. Desde entonces, ha interpretado la ley a su manera. Es juez de familia y él no cree en el divorcio. ¿Hay algo más absurdo? Se cuentan mil cosas sobre él: que coacciona a la gente para que no se divorcie, que obliga a acuerdos absurdos, que tiene en cuenta la situación y orientación de cada personas a la hora de emitir sus sentencias... Ahí sigue.
La última es buena. La última es que ha negado la custodia de su hijo a una mujer divorciada porque es lesbiana. O cree que es lesbiana, cosa que, al fin y al cabo, es un asunto íntimo y personal. Al buen juez no le importa que la Constitución y las leyes protejan la opción sexual de cada quien. No. Él cree sólo en el matrimonio basado en la unión hombre-mujer. Lo demás es puro vicio y pecado. En consecuencia, ha decidido que la madre no era la persona adecuada para custodiar a su hijo.
Al juez se le ha abierto un expediente por parte del Consejo del Poder Judicial. Pero no se le ha retirado de la Magistratura. La sanción, la posible sanción que le puede caer va desde los 300 a los 3.000 euros. Una bagatela comparado con el daño causado. Pagará y volverá a cometer cuantas tropelías le dicten sus particulares creencias.
Tienen los jueces un poder omnímodo. Te pueden hundir la vida, arruinarte o encerrarte en la cárcel. Sólo ellos están facultados para interpretar las leyes y nada prevalece frente a su criterio. Ni el sentido común. Las acciones contra jueces corruptos, prevaricadores o malas personas son escasas y de corta carrera. El ciudadano -tú y yo- nos sentimos atemorizados y desamparados ante unas personas que pueden impedirte hablar en tu defensa, que se revisten de un ropaje atemorizador e inquisitorial y manejan las leyes no para defender tus derechos, sino como una navaja. Valga siempre aquello de que hay excepciones.
Y más de jueces. Han declarado los autores de la portada sobre los Príncipes de Asturias en El Jueves. El caso continúa judicialmente. Miedo me da decir esto: pero hay que recordar que otras personas de otra índole (quiero decir que no son príncipes) han salido caricaturizados en lo que han calificado de actitud grosera y zafia. Pero el Fiscal no ha actuado contra ellos. Ayer mismo en El Jueves salía una caricatura de la ex ministra Carmen Calvo en esa actitud "zafia y grosera". ¿Van a abrir diligencias?
Si yo fuera Carmen Calvo pediría que no hicieran nada. Pero vete a saber. Ya puestos, los jueces, que son muy suyos, van a terminar exigiendo que las revistas de humor vuelvan a ser como el TBO o el Pulgarcito de los años de posguerra.
Y como guinda final. Recomiendo vivamente la lectura de un artículo de Anasagasti en su blog personal. No tiene desperdicio. ianasagasti.blogs.com el articulo se llama Bribón.
miércoles, 25 de julio de 2007
Cliente o empleado
Comprar un billete de metro o de autobús en una estación es toda una odisea. Tú te acercas decidido a la máquina. Lees las instrucciones. Al fin y al cabo, tienes estudios y descifras, con alguna dificultad, el modus operandi. Pero resulta que la máquina no funciona o exige el dinero justo. está todo previsto. Y pulsas el telefonillo para requerir la presencia de un empleado que nunca viene. Te dedicas entonces a ejercer casi de mendigo, pidiendo a tus compañeros de infortunio que te cambien, por compasión, un billete. Nadie tiene cambio, con lo que terminas por salir fuera, buscar un bar y tomarte un café que no necesitas para obtener las malditas monedas.
He descubierto que trabajo en más sitios o que contribuyo a enriquecer a más gente. Un día tengo que hablar con quien me suministra la luz, el gas o el agua. Llamo al teléfono de atención al cliente. De momento, una máquina me va indicando que apriete botones, para terminar diciéndome que espere al teléfono hasta que algún operario quede libre.
Y, mientras, el teléfono va contabilizando pasos y voy sintiendo que la consulta va a terminar saliéndome por un pico. Porque no se trata de un servicio gratuito. Es un servicio por el que pagas. Cuando finalmente logro llegar a una persona que, amable, me da su nombre y me pregunta por mi problema, resulta que he equivocado la tecla y no es ese el departamento que me lo puede solucionar. Normalmente el joven o la joven amable no me puede pasar directamente y me veo obligado a marcar de nuevo, con lo que el ciclo y el gasto comienzan de nuevo.
No tengo a quien quejarme. Y si lo hago con el joven o la joven amable, si le doy cuatro voces diciendo aquello de no hay derecho y ustedes no tienen vergüenza, acabo pidiéndoles perdón porque comprendo que ellos nada tienen que ver y demasiado tienen con aguantar diatribas, insultos y quejas por un sueldo de miseria y un horario de locura. Al final, si es para facturación, por ejemplo, me piden que lea yo mismo el contador y s e lo haga llegar por correo, con lo que acaban de convertirme en lector de contadores sin paga y sin Seguridad Social.
Vivimos en una país maravilloso y tecnificado. Así que tu deseo de llamar ladrón o sinvergüenza a la compañía en cuestión, se queda en nada ante una máquina que te repite constantemente: "Si es para asuntos de facturación, marque uno, si es para averías, marque dos.... Y así hasta el cansancio. Sospecho que la maquinita ni se inmuta ante el insulto y el Presidente de la compañía está muy entretenido contando sus beneficios.
Trabajo gratis en más sitios. Las gasolineras han optado por hacernos a todos empleados suyos, dispensadores de gasolina. Así que llegas a la gasolinera y, angustiado ante lo desconocido, coges la manguera y en un curso aceleradísimo de formación profesional, te conviertes en operario y te llenas tú mismo el depósito. Luego pasas por caja y pagas religiosamente.
Las gasolineras se han ahorrado varios puestos de trabajo, y lo lógico sería que ese dinero redundara en beneficio de quien, sin comerlo ni beberlo ni desearlo, se ha convertido en empleado, es decir, el cliente. No. La gasolina sigue valiendo lo mismo. Y la calidad del servicio se ha reducido de forma drástica.
Ninguno hemos protestado. Todos hemos aceptado la situación como algo inevitable.Además ¿será por falta de trabajo? Cada español tiene varios empleos, basta con saberlo ver.
martes, 24 de julio de 2007
Cuentos de invierno
Es verdad que la patria, como decía el poeta, es la infancia. Recordaba el otro día a mis hermanos, con mi madre, sentados ante la lumbre, en una cocina que ahora veo minúscula y que, entonces, me parecía un mundo. Mi madre nos contaba historias de muertos y aparecidos. No teníamos radio y la televisión no existía.
Mis hermanos y yo escuchábamos atentos aquellos viejos cuentos de brujas y miedo. Una de esas historias, que más tarde descubrí que pertenecía a las viejas leyendas castellanas, hablaba de una mujer de mi pueblo que decían que era bruja. Y contaba mi madre que salía cada noche en forma de botija, con dos asas, bailando en medio de la plaza.
Una noche alguien lanzó una piedra y rompió una de las asas. La botija desapareció, pero al día siguiente, la mujer a la que acusaban de bruja apareció con un brazo roto. Viejos cuentos para hacer más cortas y apasionantes las largas noches de invierno.
Recuerdo también que mis padres tenían una gata: Lola. La gata se marchaba todas las noches al Vedao, un monte cercano. Y traía, de vez en cuando, un conejo intacto que dejaba en la cocina. Nuestra comida del día siguiente. A la Lola la mató un guarda del Vedao y nos quedamos sin el regalo del conejo.
Fui todo lo feliz que puede ser un niño. Éramos -y somos los que quedamos- una familia muy unida. Con muy poca edad de diferencia, mis hermanos y yo formábamos un bloque, junto con mis primos, que nos permitía buscar aventuras, juegos, sin necesidad de recurrir a nadie más.
El clavo, el aro, el rescate. Juegos sencillos y apasionantes. Hoy, cuando los niños no tienen otra cosa que las consolas, me parece a mí que éramos afortunados. Hoy, cuando las únicas historias, son las de las series de televisión, creo que nada era tan fantástico como aquellos viejos cuentos que mi madre nos contaba junto al fuego.
Nota:
Dicen que hay una invasión de topillos que están arruinando la agricultura de Castilla. Dicen las autoridades que se debe a esta situación climática que ha hecho que estos animalitos se reproduzcan a velocidad de vértigo. No digo yo que no. Pero creo recordar que hace años se soltaron algunos roedores para dar de comer a las águilas. No recuerdo ya si fueron topillos. A lo mejor alguien lo recuerda.
domingo, 22 de julio de 2007
El Jueves
Dicen que es una injuria a la Monarquía y una falta de respeto y que hubiera dado igual que fueran otros los protagonistas. Sorprenden esas palabras para justificar lo injustificable. El Jueves ha sacado en actitud similar a otras personas, a otros personajes, y en ningún caso se ha llegado al secuestro de la publicación.
Debe ser porque el honor de otras gentes no tienen para el Fiscal ni para el juez el mismo valor. Cuando estamos hartos de ver ataques tremendos, zafios, desvergonzados en programas televisivos, se utilice como excusa que se trata de una caricatura soez.
El secuestro de El Jueves supone un ataque brutal a la libertad de expresión. Me parece muy bien que los interesados se querellen ante los tribunales. Al fin y al cabo, para eso están. Pero acudir a la policía para que actúen como en los peores tiempos de la dictadura no es sólo un error, es la demostración de que la intolerancia, lo retrógrado, la prepotencia aún está escondida en los aparatos del Estado.
¿Se ha secuestrado por la caricatura o porque en ella se decía lo que todos pensamos? Que la Familia Real vive de la sopa boba, del Presupuesto engordado año a año por los Presupuestos generales, es algo que sospecha o sabe cualquiera medianamente lúcido. ¿Es un delito decir lo que se piensa?
Nadie ha explicado todavía qué sentido tiene en el siglo XXI una institución arcaica y contra toda inteligencia. La Monarquía no es sólo añeja, es algo contra el sentido común y la inteligencia. Creer que alguien por haber nacido de un padre y una madre determinada tiene ya un derecho adquirido va contra la razón y el más mínimo sentimiento democrático.
Apoyo a El Jueves. Y me autoinculpo ante el juez por no creer que la Corona está por encima de los demás. Yo, señor Fiscal, también creo que la Monarquía no debe de existir. Creo que todos los hombres somos iguales ante la ley. Que todos nacemos con el más inmenso valor del hombre: su propia libertad, aunque nos lo pongan cada día más difícil.
viernes, 20 de julio de 2007
Un retrato
Un retrato
Siempre acababa en playas de emoción y de ausencia,
tenía el alma limpia como un niño o un pájaro
y bebía de un verso de azúcar y de lluvia.
Caminaba entre luces sabiendo que la vida
era un suspiro dentro de un viento huracanado
y que siempre podría refugiarse en la noche.
Odiaba los relojes, las guerras y los lunes.
Y en sus manos tenía los surcos y los trigos
y un pequeño unicornio descansando en su palma.
El mundo era difícil. Le dolían las lágrimas
de los niños en fotos que habían ganado el Pulitzer.
Y amaba las películas viejas en blanco y negro.
Nunca supo por qué la paz no estaba nunca
entre los pobres más pobres. Sospechaba
que alguien la había metido en las cuentas corrientes.
Y preguntó en el banco el valor de los besos
para poder pagar con ellos la tristeza.
Pero no consiguió que le dieran un crédito.
Supo entonces que todo tenía un alto precio
y que nunca sería millonario y jamás
podría extender cheques de paz a todo el mundo.