jueves, 18 de octubre de 2007

Una noche con mi padre

Era yo muy pequeño. No recuerdo la edad exacta. Fui un niño frágil, de salud algo delicada. La verdad es que luego he tenido y tengo lo que se llama una mala salud de hierro. El caso es que, de pequeño, tenía que venir con alguna frecuencia a Madrid, al médico. En uno de eso viajes me tuve que quedar hasta el día siguiente. Nos quedamos mi padre y yo. Por entonces él trabajaba en Madrid, en la construcción.

Esa noche me llevó a cenar a una vieja taberna que, siempre he buscado inútilmente. Recuerdo de ella el alto mostrador de azulejos y la mesa de madera donde nos sentamos con algunos albañiles más que conocían a mi padre. Me preguntó qué quería comer. Y no supe qué decir. Sentía verdadero pánico a pedir algo muy caro que mi padre no pudiera pagar.

Él decidió por mí y me pidió una sopa de fideos y unas rodajes de pescadilla. Recuerdo que le pregunté por lo bajo si podía pagarlo y que él me respondió: "Tú no te preocupes". Era la primera vez que comía en un restaurante, escuchando las conversaciones de aquellos hombres que hablaban de trabajo y de política. Estaba feliz.

Luego, mi padre me llevó a una de las Posadas de la Cava Baja. Creo que fue a la del Dragón. Veo todavía el zaguán y el patio. Y recuerdo la habitación con una bombilla amarillenta, sin tulipa ni lámpara alguna, colgando sobre una ancha cama matrimonial. Dormimos los dos juntos, yo acurrucado junto a su cuerpo, notando su calor, el olor de su sudor.

Muchos años después, he llevado a mi padre a comer por ahí. He intuido en su cara la misma preocupación que yo tuve de niño por si pedía algo que yo no pudiera pagar. En muchas ocasiones he decidido por él y, como él, le he susurrado: "Tú no te preocupes".

19 comentarios:

Margarida dijo...

Que historias tan tiernas, Rodolfo. Son historias de ayer y de hoy. Historias de todos y todas, con los mismos miedos y temores, con la misma visión inocente de cualquier niño, pero que solo TU sabes plasmar tan bien en un "papel", bueno, en este caso, pantalla. Un abrazo, amigo.

Bf dijo...

Mi madre suele decir " Ya se ha dado la vuelta a la tortilla" y es que hay un punto vital en nuestro desarrollo donde efectivamente se da la vuelta a la tortilla. Es cuando acompañamos a nuestros padres al médico, a realizar alguna gestión y vemos en el brillo de su mirada el desamparo de aquel que un día te sostuvo en sus brazos y hoy, sus brazos ya no pueden sostener el paso de los años.

Gracias, por recordarme el valor de la vida cotidiana.
Un saludo.

CARMEN dijo...

Una entrañable historia, la que nos ha regalado esta mañana.
Son de esos recuerdos de infancia que siempre estarán con nosotros,los que nunca se olvidan.
Sólo añadir la gran suerte que ha tenido de haber podido disfrutar de su padre, de hacer con él las cosas que un día ellos hicieron por nosotros.
Una envidia sr Rodolfo, sana, pero envidia.
Un abrazo.

Sun dijo...

Sólo decir que al leerla, han vuelto a mi cabeza muchos recuerdos. Una historia realmente bonita.
Besos

carmen dijo...

cronicas de la infancia... son como dicen "aquellas pequeñas cosas" que nos llorar cuando nadie nos ve... un saludo desde tierras lluviosas costarricenses.

Azul78 dijo...

Muy tierno...

Mi envidia más dulce, hoy se la regalo...

Un saludo

txilibrin dijo...

¿Qué más decirte?
Un maestro de la palabra.

Con tan poco dices mucho más que la mayoría.

síl dijo...

hay que encontrar esa taberna, rodolfo! y escribir algo de tantos tiernos y entrañables recuerdos...

besos y abrazos


pd. yo (casi siempre) sigo pidiéndome lo más barato cuando salgo a comer con mis padres...

Paseando por tu nube dijo...

Casi prefiero que escribas sobre la mala situación política del país, estoy demasiado tierna ultimamente para acercarme a recuerdos paternos.
Mientras leía tus líneas han venido a mi memoría, muchos recuerdos, hoy se agolpan demasiados en mi disminuido ánimo, cuando mi padre me cogia en brazos para entrar al metro cargado de gente, el olor a café y tabaco cuando me despertaba para ir al colegio, el día que me llevé la ropa de casa de mis padres, en aquella època el día antes de casarme, todavía puedo ver las lagrimas silenciosas de mi padre, yo era la pequeña de sus cinco hijos y la última que ya salía de su casa, uff tantos recuerdos.
No, no es mi momento, estoy demasiado triste.
Un beso amigo.

Fernando Sarría dijo...

"no te preocupes"...asumes el papel que el tiempo te cede...seguro que tus hijos harán lo mismo algún día....abrazos.

yraya dijo...

Bonito relato, ¡¡como se invierten los hechos con la edad!!
Saludos

Gabriela dijo...

“Hay golpes en la vida, tan fuertes...”, estimado Sr. Serrano, que no sospecha cuán bien me han hecho sus bellas palabras de estos últimos días. Gracias.
Un abrazo
Gabriela

Rita Sandoval dijo...

Rita: a buenas palabras no quedan mas que suspiros y un vagon de recuerdos que vienen a mi de un monton de noches que pase en vela imaginando que tenia un padre con quien compratir pequeñas cosas. pero eran solo deseos porque era mas que consiente que mi padre nunca mas volveria..mama dijo que dios se lleva lo mejor de cada familia y con ese mensaje cargado de odio y dolor creci.
muchas gracias por tus palabras y una sana, muy sana envidia chiquita.
soy argentina es la primera vez que te hago un comentario, aunque si leo siempre tu blog. te dejo la direccion del mio, por si un dia queres pegarte una vuelta por hechos sociales argentinos.
incertidumbrekm0.blogspot.com

Antoño dijo...

recuerdos, cuando era niño, me pasó algo parecido en un pueblo de México, mi abuelo me pidio lentejas con huevo, no supe como las pagó, seguimos con la costrucción de la casa, ahora no sé donde era la casa en ese pueblo, gracias por esas historias, señor Rodolfo

UB dijo...

Es un recuerdo precioso, me ha faltado cero coma para echar la lagrimilla.


PD: Por cierto, que desde ayer sigo absolutamente traumatizada con la muerte de Juan Antonio Cebrián. Se ha ido un hombre culto, un cachondo mental, y un gran periodista.

Anónimo dijo...

Mi abuelo siempre decía: "el día que tengas trabajo me invitas tú" Lo primero que hice cuando firmé mi primer contrato de trabajo fue pasar por una pastelería y llevarle una docena de sus pasteles preferidos... lástima que no pudo disfrutar de mi cambio de trabajo y mi mejor posición...

Cecis ... funámbula dijo...

Uf...en estos dias particulares para mi, leer esto me llena de emocion (nada extraño cuando visito tu espacio) hace pocos dias mi padre hubiera cumplido 81 años y ya no esta conmigo fisicamente, pero al leer esto, recorde que cuando era niña, los viernes a la noche y los domingos al mediodia...ibamos a comer afuera, era, por lo tanto, una fiesta...y mi papá...todos los viernes le decia al mozo que de costumbre nos atendía: "lo que pase de los $10, lo paga ella" señalandome...y yo, en una mezcla de divertimento, sabiendo que era un juego pero con un poco de nervios de que aquello se cumpliera, rogaba que la suma no sobrepasara esa cifra...nunca supe, en definitiva, de cuanto era la cuenta cada viernes, pero no voy a olvidar la sonrisa complice de mi padre con el mozo....gracias Rodolfo, por haber refrescado este recuerdo....

Cecis ... funámbula dijo...

Acabo de darme cuanta que esto fue escrito el 18 de octubre....el dia del cumpleaños de mi padre...no hay casualidades dicen por ahi...yo le deje mi pequeño homenaje en mi blog ese dia....
Gracias otra vez!!!

Madame Bovary dijo...

Querido Rodolfo, cuánta sensibilidad y ternura esconden estas palabras. Es un placer ir conociéndote a través de lo que escribes. Gracias por permitir que nos acerquemos a tus recuerdos.