lunes, 18 de junio de 2007

Cárcel para los sindicalistas

Acaban de ingresar en prisión Juan Manuel Martínez Morata y Cándido González Carnero. Están condenados a tres años de prisión porque durante las protestas laborales de 2005 unas cámaras de vigilancia sufrieron daños importantes. Tres años. Son los dos sindicalistas en los que se inspiró Fernando León para hacer la película Los Lunes al sol.

Se celebran ahora los 30 años de democracia. Y como en esos treinta años se ocultará ahora la existencia de líderes obreros en la cárcel. En los años de la Transición que celebran hoy como protagonistas los mismos que persiguieron a obreros y estudiantes, numerosos obreros pagaron con prisión su lucha por la libertad.

No ha sido noticia de primera página el ingreso en prisión de Juan Manuel y Cándido. No es noticia. Ellos eran los responsables de las protestas y, por tanto, los responsables de la rotura de unas cámaras callejeras de vigilancia. Es la fuerza de la ley. Manda huevos.

Mientras ellos están en la cárcel, los Albertos, condenados en firme, siguen desde hace años en la calle, el banquero Botín es absuelto y otro juez considera que el presidente de Air Madrid no es responsable de lo que ocurrió en su compañía, con cientos de viajeros estafados. Por citar sólo los que recuerdo de memoria.

Hay ley para ricos y ley para pobres. Un desgraciado toxicómano ha pasado 15 meses en la cárcel, después de haber sido absuelto, por un error de todo el aparato de la Justicia. Los ricos no suelen entrar en la cárcel, salvo casos muy escandalosos. En Estados Unidos -tomo nota Gabriela de que no sólo ellos son americanos- los ricos pueden pagarse su celda con todos los lujos. En España no van ni siquiera a ella. Los jueces mandan mucho.

Es, sin duda, la ley de oro: quien tiene el oro hace la ley.

Triunfo

Una crónica de los periódicos:

"La victoria se extendió ayer por toda la ciudad. El equipo de representantes de la Ciencia y de las Artes había, por fin, conseguido tan ansiado triunfo. Las calles se llenaron de gente jubilosa que, a voz en grito, feliz y sudorosa, celebraba la victoria siempre tan deseada.

El alcalde de la capital había anunciado que, dado lo importante del evento, se pondrían los medios necesarios para que nada ni nadie ensombreciera los actos. Se cortarían las calles y se permitiría excepcionalmente que el capitán del equipo se acercara a la estatua que simbolizaba la ciudad y colocara en la cabeza de granito los adornos y colores que nos habían llevado al triunfo.

La ciudadanía no durmió aquella noche. Gritos y cánticos celebraron la victoria. Los padres, con sus hijos a hombros, se echaron a la calle para que los niñas y niños supieran ver cómo la belleza, la poesía, la pintura, los valores de la tolerancia, la sabiduría se imponían en el alma de la gente.

Sólo lamentar algún grupo que, enfervorizado por el triunfo, había protagonizado algunos incidentes con las Fuerzas del Orden. Los medios de comunicación dedicaron sus más amplios espacios al acontecimiento. Y esa misma tarde estaba previsto que el equipo fuera recibido por las autoridades y, posteriormente, por el mismísimo cardenal que haría una ofrenda a la Patrona de la Ciudad".

Bueno. Pues, no. Todo esto, o algo parecido, se ha dicho y hecho sobre el triunfo de un equipo de fútbol, de propiedad privada, que representa, en muchos casos, valores de violencia, insolidaridad, competitividad. Un equipo de hombres que arrasan económicamente, que tienen sueldos insultantes, que ni dan ejemplo de deportividad ni de ciudadanía. Espejo y crisol de pasiones donde la testorena juega un papel importante y en el que la cultura tiene su máxima expresión en frases como "pienso de que...", o "bueno, yo... bueno, pues".

Un equipo pensado para entontecer a la ciudadanía, para demostrar que la educación o la cultura nada puede ante la fortaleza de un puntapié o el resuello de una carrera. Un equipo que ha paralizado una ciudad, que ha cortado calles, que ha cambiado el ritmo entero de un país.

Viva el furbo.

viernes, 15 de junio de 2007

Cambalache

Lo ponen muy difícil. Las negociaciones de los partidos para hacerse con el poder, ese cambalache de cargos con tal de lograr apoyos suficientes para presidir una comunidad o un ayuntamiento, la descarnada compraventa de prebendas, consejerías, concejalías me llevan a la melancolía.

Lo que los electores han dicho en las urnas se retuerce para poder compaginar intereses contrapuestos, ansias de poder. No es ya que se llegue a pactos entre ideologías afines y que, sumadas, den mayorías. No. Es que el acuerdo no se busca por similitud de principios ni de programas, se busca para conseguir entrar o mantenerse en el poder. Así que lo que se valora no es la importancia social de una consejería o de una concejalía, sino la dotación presupuestaria de que va a disponer.

El "afán" de servicio de los partidos es tremendo y desolador. Luego se quejarán de la abstención, del desinterés de los ciudadanos, del pasotismo de los electores. Pero lo cierto es que lo ponen muy difícil. Ponen muy difícil creerles. creer en su voluntad por servir al pueblo, por hacer de la política una profesión honesta.

Hasta en los análisis electorales realizados por los líderes políticos se deslizaba un lapsus. cuando hablaba cada uno de su triunfo decían: "tendremos más poder", "gobernaremos en más sitios", mandaremos en más pueblos". Pero, coño, ¿no habíamos quedado en que ganar unas elecciones servía para ponerse al servicio del pueblo?.

El espectáculo de este patio de mercaderes luchando a brazo partido por los despojos de la batalla electoral es para echarse a temblar. Y no se libra nadie. Ni la izquierda ni la derecha. Dentro de año y medio, más o menos, iremos otra vez a las urnas. Ganas dan de mandar a esta tropa, con sus promesas y sus buenas palabras, a hacer puñetas, por decirlo en fino.

martes, 12 de junio de 2007

El hombre feliz

Leo que han encontrado al hombre feliz en España. Lucina Gil ha hecho un cortometraje sobre este hombre, Luis, tras meses de buscar por Madrid. Parece ser que el hombre feliz baila el chotis -Dios mío-, lleva con la misma mujer 56 años y ha sido cristalero. Son circunstancias que, me parece a mí, por separado nada dicen de la felicidad, pero que juntas puede que tengan algo que ver con ese estado vital. O lo contrario.

A mí me parece bien que declaren hombre feliz a Luis, el jubilado cristalero. El artículo no explica qué criterios se han seguido. Y, en el fondo, cualquier criterio es válido. Todo arranca de un estudio de la Universidad de Wisconsin. Los americanos que tanto esfuerzo dedican a amargar la vida de los habitantes de la tierra, de vez en cuando, se lanzan a buscar científicamente la razón de los sentimientos, del amor o de la felicidad.

Así que han hecho su fórmula y les ha salido cuál era el hombre más feliz de la tierra. Yo, la verdad, no me lo creo. No hay fórmulas para eso. Siempre he pensado que la felicidad es un estado transitorio. Se puede ser muy muy muy feliz durante cinco minutos y, al instante siguiente, el ser más desgraciado de la tierra.

No sé si Luis es un hombre feliz. Por los datos que aporta el artículo, no me parece que sea el paradigma de la felicidad, aunque hay que reconocer que el periodista da pocos detalles. Dice que en los 56 años que lleva con su mujer jamás ha discutido. Lo siento. Eso no es signo de felicidad, sino de tontuna. ¿Cómo no discutir alguna vez para luego reconciliarse? Si es así, Luis ignora la felicidad de la reconciliación, de pedir perdón, de arreglarse de nuevo, de prometer que nunca más volverá a suceder, volverá a haber una nueva discusión.

Pero, sobre todo, es que no creo en la felicidad permanente. Ni en fórmulas de Wisconsin. he conocido gente feliz. conozco gente feliz. Gente que se toma su chatito con los amigos, que discute amargamente por su equipo favorito, que mira con placidez el caminar de una joven que enseña el ombligo, gente que se levanta cada mañana con la idea de que, otra vez, le ha ganado el pulso a la vida.

Pero esa gente, me parece a mi, no encaja en ninguna fórmula.

lunes, 11 de junio de 2007

Generosidad

Somos de un generoso que tira para atrás. Manuel Marín, presidente del Congreso de los Diputados quiere poner a siete salas el nombre de cada uno de los considerados padres de la Constitución. Entre ellos, claro, estaría Manuel Fraga. ERC ya ha anunciado que se negará. No estoy de acuerdo nunca con ese afán de conmemorar fechas y nombres bautizando salas, salones y despachitos o despachazos.

No puedo, además, estar de acuerdo con Marín. Manuel Fraga participó en Gobiernos de Franco. Se sentó en Consejos de Ministros a los que se les informó de penas de muerte, mantuvo una lucha constante contra obreros y estudiantes que querían la libertad y durante sus años de ministro del interior ocurrieron hechos gravísimos (torturas, detenciones, muertes, represión) que no han quedado lavadas porque el señor Fraga viera que las cosas eran inevitables y se apuntara a la incipiente democracia, poniendo, por cierto, cuantas ramas encontró en las ruedas del futuro.

Siempre se ha pedido perdón y respeto a los vencidos. Los vencedores ni perdonaron ni olvidaron. Durante cuarenta años se masacró, persiguió y encerró a estudiantes, obreros, intelectuales que querían una España mejor. Fraga estaba allí, para represaliar. Y no se arrepiente. periódicamente, con esa gracieta de viejo chocho se permite decir que los muertos de Vitoria no fueron nada o asegurar en sus memorias que Grimau era un asesino peligroso.

Siempre se dice a los vencidos que deben ser comprensivos, que deben perdonar. Pero a ellos no se les ha reconocido nada más que a regañadientes todo el dolor que sufrieron. Siguen apareciendo fosas con cientos de fusilados por los franquistas, se conocen cada día nuevas atrocidades, Mueren los viejos que pasaron sus años en la cárcel. Y ahora, a un viejo chocho fascista, se le quiere rendir un homenaje poniéndole el nombre de un salón. Si todavía fuera el de un retrete...

Otro poema

Ahí va un poema:

La Barca de Caronte

Tenemos que quedar alguna tarde.
Hablar de aquellos años, cuando éramos
lo mejor de cualquier generación
que hubiera habido nunca en estas tierras.

Yo sigo igual. Lo mismo. Aunque los hijos
no me dejen vivir con esa vida
de noches locas. Yo no sé qué quieren.
Lo nuestro era otra cosa muy distinta.

Nosotros estábamos luchando
contra la dictadura, contra Franco.
Ya te digo, teníamos conciencia.
Libertad, obreros y estudiantes.

Tenemos que quedar algún día de estos.
Tomar algunas copas. Hablar de todo aquello.
Y la mujer, ya sabes, cada día
le gusta menos que llegue tarde a casa.

Yo ya no escribo apenas. Algún verso perdido.
Me dieron algún premio
de esos que te publican
200 ejemplares. A ver si te doy uno.

García, sí. Ése se vendió pronto.
Publica asiduamente. Y escribe en el Babelia.
Un gilipollas. Apenas ya le veo.
Algunos ahora lo tienen de película.

Te llamo. Te lo juro. Dale un beso
a Concha. ¿Que no sigues con ella?
Ya me dirás qué tal
la nueva. Supongo que más joven.

Cabrón. La vida, qué vas a decirme.
Quedamos cualquier tarde.
Y nada, que me alegro.
Qué tiempos, eh, qué tiempos. Yo te llamo.

viernes, 8 de junio de 2007

Objetivos de ETA

Somos de nuevo, todos nosotros, objetivos de ETA. Al margen de cualquier consideración, al margen de cualquier ideología, la ruptura de la tregua (ya rota con el atentado de Barajas) es una triste noticia. Porque todos queremos la paz. Porque, por mucho que se empeñen, los españoles queremos vivir en paz, coño.

Volveremos a salir con miedo a la calle. Volveremos a mirar con angustia los periódicos, sentiremos que se nos rompe algo cuando leamos que ha muerto un hombre de un disparo, de un artefacto explosivo. Vigilaremos los aeropuertos, los aparcamientos, los grandes almacenes, con el temor de que pase algo.

Y ni siquiera en esta ocasión los políticos se pondrán de acuerdo. Para ellos (para unos más que para otros) ETA es un elemento más útil si con él se desgasta y se lamina al adversario.

Triste país éste en el que ni siquiera podemos vivir sin la amenaza de la muerte.


Amigos

Dicen que la diferencia entre un hermano y un amigo es que a los amigos se los elige. Pero ni siquiera esto es verdad. A veces te sientes elegido y te dejas querer. Lo cierto es que la amistad es, en ocasiones, lo único que te puede salvar de esos malos días.

Estuve ayer con un puñado de esos amigos, de los que tanto he hablado. Ayer se nos unió Saturnino García, actor. Fue protagonista de "Justino, un asesino de la tercera edad", película de La Cuadrilla. Durante toda la comida estuvo hablando de anécdotas con una humildad increíble. Frente a esa gente que hace de cualquier nimiedad la creación del mundo, Saturnino quitaba importancia a su trabajo, como si lo que él hiciera no tuviera importancia alguna.

Nos habló de su papel y de los cientos de papeles hechos como si no fuera nada. Quitaba importancia a todo y nos dio una lección de lo que es un gran hombre: el que no tiene que decir que lo es porque se le nota en sus palabras y en sus actos.

Con él, estaba Fany, payaso y el magnífico Pepe Regueira que ayer, con ese corazón generoso que tiene, nos regaló la creación del sombrero. No sé si alguien lo recordará. Yo lo había visto y ayer parecía un espectáculo nuevo. Son las alas de un sombrero que va manipulando y convirtiendo en teja de cura, gorro de Napoleón, toca monjil, gorro de arquero, gorro de pirata.... imposible decir cuántos personajes saca de una simple ala de sombrero.

Como siempre estuvo magnífico. Y, mientras, contaba anécdotas de su supuesta familia absolutamente desternillante. Cuando hoy vemos en la televisiones públicas auténticos homenajes al mal gusto, a la zafiedad y a la grosería, resulta que Pepe hace un espectáculo sano, divertido, respetuoso y tremendamente ingenioso. Dijo algo que me encantó: "A veces en mis shows tengo que decir alguna palabra mal sonante y pido perdón a las señoras y señoritas. Y les advierto que, coño por ejemplo, no es palabra fea. Que las palabras feas son: hambre, guerra, sufrimiento...."
Dí que sí, Pepe. Si va por vuestra ciudad no dejéis de verlo. Creo que iba a ir esta semana por Galicia.

Fany es un payaso, tranquilo y sentimental. Contó algunos chistes de antología que lamento no poder contar. Me falta la vis cómica de Fany. Nos decía: Si yo os los cuento para ver si aprendéis algo..." A lo mejor los chistes los aprendemos, pero la gracia de Fany es imposible.

Los amigos. Ay, los amigos.




martes, 5 de junio de 2007

7 años pagando

Dicen los periódicos que un español necesita el sueldo de 7 años para pagar un piso. Y eso, suponiendo que tenga un salario medianamente decente. Dicen los periódicos que subirán los tipos de interés. Con lo que más que siete años, van a necesitar 14 para hacerse con una vivienda. Eso, en el caso de que no coman , no vistan, no beban durante esos años.

Se firman hipotecas a 35 años. Es decir que un muchacho o una muchacha en la treintena dejará de pagar la vivienda cuando entre en la edad de jubilación. Toda la vida pagando un piso, si es que tiene la suerte de tener 30 años de buen sueldo, de no estar parado ni un solo mes y de ser capaz de vivir hasta los 65.

Pero, ¿alguien es capaz en esas condiciones de comprar vivienda? Yo confieso que me siento incapaz. Y comprendo que los jóvenes entren en una espiral de desesperación, desencanto, pasotismo o... yo qué sé.

Mientras tanto, los beneficios empresariales crecen, la bolsa se dispara, el ladrillo sigue siendo un negocio y los políticos discuten si debe dimitir o no un secretario general, un candidato, por unos resultados electorales. Quien debería dimitir son los políticos que han dejado que esta sociedad crezca sobre las ruinas y la desesperación de tantos ciudadanos, de tantos jóvenes.

Pero, en fin, esto, sin duda, es demagogia.

lunes, 4 de junio de 2007

Sigue la novela (7)

Otro trozo más:

-¿Vive en el convento con los frailes?

-Bueno. Según le convenga. Yo creo que el chaval tiene su propia vida. Es muy raro.

-Parece muy colgado, ¿no? -pregunté, tras dar el último trago de café.

-Hace de todo. Yo creo que sigue pegándole. Y vende, para pagarse los picos, ya sabes.

Yo no sabía gran cosa pero asentí para no parecer un pardillo. Antonio se acarició la canosa barba y prosiguió.

-A los frailes los tiene engañados. Lo ponen como ejemplo de rehabilitación. Después de hacerle el reportaje, estuve en contacto con él. Bueno, de aquella manera. Me llamaba de vez en cuando, para ofrecerme alguna historia. Hasta que le dije que yo no pagaba los reportajes. Además que aquí lo de la droga prácticamente ya no interesa a nadie.

Antonio Navarro dio por terminada la comida y me enseñó las dependencias del Casino. A aquellas horas las salas estaban prácticamente vacías. Se respiraba un aire rancio pero, al mismo tiempo, en sus paredes, en las majestuosas escaleras, en la magnífica biblioteca, podía apreciarse todavía un aire señorial y tranquilo. Recordé los versos de Antonio Machado y me imaginé a aquel “hombre del casino provinciano” que, estaba seguro, en las tardes de invierno se jugaba su patrimonio al monte en aquellas mismas mesas de los salones reservados “sólo para socios”. Sí, el pasado es efímero, maestro.

Cuando llegué al hotel, la chica rubia me informó que mi jefe me había llamado y había dejado el recado urgente de que me pusiera en contacto inmediatamente con el periódico. Llamé desde la habitación. Quería, por esos extraños razonamientos de los redactores jefes, que siguiera con la historia del hombre muerto, sin abandonar, claro está, el reportaje de los frailes. Según él, un suceso como aquel revestía sin duda el morbo necesario para hacer una paginilla de fin de semana. Maldije para mis adentros el exceso de imaginación que había volcado en la crónica en mi afán de verla publicada y le aseguré que yo mismo había pensado que aquella era una historia que merecía investigarse. Colgué y, a continuación, llamé a Rafa para que me diera la dirección de la viuda y algún otro contacto en la policía.

La mujer vivía por el barrio de El Pilar. Relativamente cerca de la Vaguada. Era un bloque de moderna estructura, sin personalidad alguna. Pulsé el timbre del telefonillo y, casi inmediatamente, se abrió la puerta con un chasquido. Supuse que la viuda se había cansado ya de preguntar, sabedora de que los visitantes tenían como intención mostrar sus condolencias por la muerte del marido. En el portal encontré una mesita con una bandeja en la que habían depositado una decena de tarjetas. Busqué el ascensor y subí hasta el cuarto piso. Había una puerta abierta y, asomada a ella, una mujer todavía joven, con una rebeca negra y los ojos hinchados.

-Buenos días, ¿es usted la viuda de...?

No me dejó terminar.

-Pase, pase... –se echó a un lado y me dejó libre el camino hacia un pequeño salón. Una televisión ofrecía los gritos de dos señoritas de muy buen ver que hablaban a la vez y mostraban un generoso escote. La mujer se acercó al aparato y lo apagó.

-Por distraerme un poco. Ya sabe... –se justificó con una sonrisa.

-No, si la comprendo –eché una ojeada a lo que se veía era un cuarto de estar. Un par de sillones de orejas, tapizados de ramos de rosas, y una mesa camilla en el centro, vestida todavía con las faldillas del invierno, eran prácticamente todo el mobiliario. Pegada a la pared, había una vitrina en la que se mostraban unos vasos altos de cristal, una licorera con sus correspondientes copas y una sopera de porcelana blanca adornada de flores. Había una fotografía en la que la mujer, vestida de novia, se agarraba, feliz, del brazo de un hombre moreno y adusto, de ceño fruncido.

Ella captó mi mirada y no pudo evitar un puchero.

-Ya ve usted –dijo en un sollozo.

-Lo siento –argumenté, intentando recordar si en aquellos casos era prudente y dentro de las normas más elementales de educación pasarle el brazo por el hombro en gesto de consuelo. Ante las dudas, decidí abstenerme.

-Pero, siéntese, por favor... –y me señaló uno de los sillones- ¿Es usted un compañero del trabajo? –y antes de darme tiempo a contestar, añadió:

-Es que como me dijo que vendría uno de ustedes a por la cartera...

-No, señora, no. Verá usted. Yo soy periodista. –contesté con la esperanza de que mi profesión me diera el aire de respetabilidad del que, estaba seguro, carecía mi figura.

-Ya…

-¿Eso de la cartera…? –pregunté.

-No sé. La cartera. Ésa –señaló un abultado cartapacio que reposaba en un rincón-. Supongo que serán cosas de trabajo.

Estuve tentado de decirle que sí, que me la diera, pero ya había negado que fuera empleado del banco, así que me limité a comentar:

-Ya, pues, no. No sé, la verdad…

-Ah...

Y no dijo más. Me quedé yo también en silencio. Luego me atreví a preguntar:

-¿Y no sabe usted si tenía algún enemigo?

-Ya se lo dije a la policía. Era un hombre muy bueno. Un poco raro, a lo mejor. Tan serio, que yo se lo decía a veces: Ay, hijo, ya podías ser un poco más alegre –lloriqueó de nuevo-. Porque yo, no es porque yo se lo diga, pero soy un cascabel. A mí me gusta salir, el baile, el cine. Y él era todo lo contrario. Siempre me decía: Pero Luisi, ¿dónde vamos a estar mejor que en nuestra casita, tan a gustito?

Se quedó un momento en silencio. Como para sí misma, musitó:

-Toda mi juventud perdida sentada al brasero.

No dije nada. Me daba la sensación de que la mujer había entrado en uno de esos trances en los que, ajeno a lo que te rodea, uno inicia un monólogo que es más una forma de apurar el recuerdo que otra cosa.

viernes, 1 de junio de 2007

Los padres de la democracia

Nos visita Condoleeza Rice, esa mujer con cara de muñeco diabólico. Está enfadada porque la política española respecto a Cuba es demasiado condescendiente. no le gusta. Dice que cómo podemos apoyar un país con graves deficiencias en derechos humanos, sin democracia. No seré yo quien empiece a cuestionar el régimen cubano. Ya hay quien lo hace. Tampoco voy a defenderlo. Pero no deja de ser un sarcasmo que EE UU proteste por los ataques a los derechos humanos.

Cuando Batista asesinaba y masacraba al pueblo cubano, hambriento y desesperado, EE UU tenía a Cuba como su lupanar privado, su casino de juego y su finca particular. Nunca le preocupó la falta de libertad en la isla. Allí mandaba a sus gangster, sus chulos y sus marines para que descansaran en brazos de una mulata.

Todavía en Cuba existe una de las mayores ignominias de la historia: Guantánamo. Ni la peor cárcel cubana puede ser peor que un lugar donde un hombre no tiene derecho alguno y puede permanecer años desaparecido para el mundo, torturado y asesinado.

Cuando se instauró en Chile un Gobierno de Izquierdas con Salvador Allende, los guardianes de la democracia, inspiraron y apoyaron uno de los más crueles y sangrientos golpes de estado del mundo. En fin, que la representante de un país que creó Vietnam, Irak y que a dia de hoy todavía secuestra a voluntad a quienes considera enemigos, no respeta la autonomía de ningún país, tortura y asesina, tenga el cuajo de dar lecciuones de moral, de democracia y de defensa de los derechos humanos. es, cuando menos, irónico. Por no decir -por decir, sí- un insulto.