martes, 10 de abril de 2007

Murió un amigo

No es difícil imaginarse el sufrimiento de los familiares que siguen el juicio del 11-M. Alguna vez he intentado ponerme en su lugar. No he podido. Me es imposible pensar que un familiar mío -hijos, mujer, sobrinos- pudiera haber muerto en aquel terrible 11 de marzo. Y por eso, no puedo saber qué dolor les llena todavía el alma. ¿Cómo estaría yo en su caso?

Ayer murió un vecino de mi edad con el que tenía una muy buena relación. Personaje entrañable, sonriente siempre, que te paraba cuando volvías de por el pan y los periódicos y echaba contigo largas parrafadas. Me preguntaba por cada uno de mis hijos y sonreía, sonreía siempre.

Ha muerto en apenas veinte días. De una extraña enfermedad que no tiene tratamiento alguno. Ante la muerte no es que te quedes impotente, es que te das cuenta de lo efímero que es todo, de lo absurdo de los afanes que nos mueven en el día a día. Se llamaba Ricardo y quiero recordarle en estas líneas.

No seguimos ya tanto el juicio del 11-M. El tiempo termina por destruir hasta los recuerdos, no digamos el interés. Me da la sensación de que el dolor ha quedado oculto tras el aparato mediático. No importa el sufrimiento de los padres, de los hermanos, de los esposos de las víctimas. Importa más, me parece, la conspiración, los avatares políticos, la guerra de medios.

Pienso en los familiares de los asesinados el 11-M y trato de imaginarme cómo vivirán ahora el olvido, cómo sentirán que las vidas perdidas han quedado relegadas, ocultas entre los miles de folios del sumario. Sus nombres son nombres como el titadin, la nitroglicerina o el ácido bórico.

Pero el dolor es dolor real. Y la muerte está ahí, en cada interrogatorio, en cada mentira, en cada palabra. La vida, siempre, es sólo un prólogo. No sé quién lo dijo.

6 comentarios:

Paula dijo...

Las víctimas de los atentados terroristas (11-S, 11-M, 7-J, Irak, entre otros) siempre terminan en el olvido...es realmente lamentable q estas personas terminen siendo un objeto más para la politica.

En cuanto a la muerte de Ricardo, solo me resta enviarle un gran abrazo a usted, y la vida dura solo un segundo, hay q vivir ahora!

Cata dijo...

Por años he vivido la lucha de los detenidos desaparecidos en Chile como propia. Tengo el honor de militar y conocer a uno de los más reconocidos abogados de DDHH en Chile, Eduardo Contreras... y sé que la única forma que no se olviden los nombres, los rostros, las historias, es precisamente escribiendo y hablando de ellos... Transformarlos en nuestros muertos, no de un bando (o en el caso del 11-M, de una pasad de cuenta), convertirlos en parte de nuestra historia, sólo es tarea nuestra. En Chile, casi no hay cobertura sobre los juicios de DDHH, acaso una que otra pagina o nota por ahí, pero no por eso renunciamos... si la vida es demasiado fragil para resistir el olvido, eso depende solo de nosotros.Un abrazo.

carmen dijo...

no creo que sea tan facil olvidar...creo mas bien que lo facil es pretender que se olvida pero el recuerdo permanece, como que se adormece y nos engaña pero el dia menos pensado salta y cuando te das cuenta estas llorando por esos recuerdos o por esas personas q no estan. Perdi a mi padre de manera violenta y aunque de eso hace mucho tiempo y creo q ese dolor es ya "prueba superada" siempre me sorprende y me sigue doliendo, él y otros muertos q no conocí y no quiero olvidar.

Núria dijo...

Venía hoy de trabajar pensando en eso: en lo efímera que es la vida. Recordando que hace aproximadamente cinco meses, mi padre estuvo a punto de morir. Ese tiempo de incertidumbre, en el que casi es posible hacerse la idea de cómo será la vida sin esa persona que tiene más de un pie en el otro lado, es terrible. No sé por qué me vino eso a la cabeza, supongo que con la perspectiva que da el tiempo transcurrido y la necesidad de no olvidar, uno relativiza, casi como protegiéndose de aquel dolor que aún se siente.

La vida es efímera. Hoy estás y mañana quién sabe. Quizá, el consuelo es que por ejemplo, usted recuerde a Ricardo por su sonrisa y su simpatía. Eso nunca se lo podrán quitar, por muchos años que pasen.

ivan (paranoico) dijo...

No creo que se hayan quedado en el olvido,.. creo que los que los han olvidado fueron como siempre los medios... que solo los convirtieron en cifras sin rostro y sin nombre... pero en todos aquellos que sufrimos aunque sea un poco de todos esos atentados y de todas aquellas muertes que nos parecen injustas.. no los olvidamos... lo llevamos en algun rincon de nuestro cuerpo y son parte del impulso para cambiar desde nuestra trinchera un pedacito del mundo...

Romano dijo...

Todavia me duele y extraño a Ramiro mi cuñado,murio para semana Santa del ' 97 ,tenia 24 jovenes años y un mundo por delante.
Era todo un personaje ,tenia una calidez humana impresionante,recuerdo ese mismo dia que nos dejo compre en compañia y asesoramienmto de el una Bicicleta la cual conservo como oro.Jamas quedara en el olvido ,,,,