domingo, 1 de abril de 2007

Viejos recuerdos

Me acuerdo a menudo de mi padre. Y de su muerte. Pero, a medida que me voy yo también haciendo mayor, mis recuerdos me llevan a escenas de mi infancia. Mi padre iba a trabajar lejos del pueblo, en bicicleta. Y volvía por la tarde. Mi madre le había preparado en una tartera de aluminio la merienda, la comida que él consumiría en un descando del trabajo. Casi siempre se trataba de algo de tortilla, o de magro con tomate, unos pimientos, sardinas en aceite...
Y todas las tardes mis hermanos y yo íbamos hasta el camino a esperar a mi padre que volvía cansado y pedaleando con esfuerzo. Tengo clavada la escena de mis hermanos y yo -debíamos ser muy pequeños- esperándole en el camino.
Se paraba un momento. Le preguntábamos: "¿Te ha sobrado algo?". Y él nos alargaba la tartera de aluminio envuelta en una servilleta a cuadros. Mis hermanos y yo lo abríamos con alborozo. y allí encontrábamos un trocito de tortilla, algo de magro, un pimiento. A mi padre siempre le sobraba algo que devorábamos nosotros con verdadera alegría. No era por hambre. No recuerdo haber pasado ahambre alguna vez. Era la satisfacción de comer aquello que él había guardado para nosotros.Tengo todavía en la boca ese gusto de la tortilla, el aceite del pimiento, el ácido del tomate.
Años después comprendí que a mi padre no le sobraba nada. Que él, cada día, guardaba unos trocitos de su merienda sabiendo que, en el pueblo, nosotros esperábamos encontrar algo en aquella tartera. Nunca nos falló.
No sé si yo he hecho algo por mis hijos. Posiblemente nunca lo sepamos, aunque creamos que el haberles dado estudios, el haberles buscado una casa cómoda, el llevarles al cine o comprarles un disco, un libro, unas chucherias o el mejor juguete, nos ha convertido en buenos padres.
Pero sí sé que mi padre, que nunca me llevó al cine, me hacía cada día, cada tarde, el mejor de los regalos.

13 comentarios:

Paula dijo...

sabe? mi papá tb se iba cada mañana a la fábrica en bicicleta, con su bolso con la comida para el dia, cada tarde yo y mis hermanos lo esperabamos sentados en el jardín de la casa, todo esto sucedía en Santiago de Chile, en pleno centro de la ciudad...

Cada tarde, espero darle lo mejor de mi, a mi pequeña Belén, asi lo hicieron nuestros padres...

Núria dijo...

El mejor regalo de todos, quizá sea el habernos mantenido, pese a las dificultades, la sonrisa.

Anónimo dijo...

Sin ánimo de ofender, Rodolfo, pero "devorar" se escribe con V.
Me ha gustado el texto.

Rodolfo Serrano dijo...

Quérido anónimo:
Gracias por tu correción. ¿En qué estaría yo pensando? Queda corregido.
Gracias a los que entrais en este blog.A ti paula, de Chile, a mis amigos argentinos.
Un abrazo

martes dijo...

Guau!
Enhorabuena por ese don de escribir así de bien!

VICTOR ALFARO dijo...

Estimado Rodolfo, los tiempos cambian, la vida se transforma, lo que ayer nos daban nuestros padres, no puede ser igual que lo que nos dan hoy. Pero no por ello no es bueno lo que nos dáis hoy. Me imagino que habrás intentado ser un buen padre, pregúntale a tus hijos si ellos te consideran de tal modo y lo sabrás.
***
Respecto a lo de Machado, de más abajo, he de decirte que me ha encantado lo que decía Don Antonio. Te recomiendo la extensa y cuidada biografía que Ian Gibson ha escrito sobre Macho. Ligero de equipaje, creo recordar que se llama.
Abrazos!

Rocio dijo...

En estas fechas a mi tambien se me viene un recuerdo intenso de mi querida abuelita,que ya hace que me falta un año,y como ella lo daba todo por mi, como me ha criado desde pequeña porque mis padres estaban trabajando...y ya de mas grande cuando comiamos juntas todos los días,me contaba chistes,me decia refranes antiguos...como ha sido una segunda madre para mi...pero mientras yo este viva ella seguira viva y cada vez que veo a la luna la veo a ella.

Me ha gustado muchisimo el texto.
Besos!

Anónimo dijo...

Rodolfo, soy el "anónimocorrectordedevorar"¡Ya me gustaría a mí escribir como tú lo haces! Aunque alguna vez se me colara una b en lugar de una v. Sigue así. Seguiré pasando por este blog.

Antoine dijo...

Siempre se queda dentro de nosotr@s la sensación de que quienes ya no están siguen enseñándonos desde su lejana influencia, que siempre habita en algún lugar de nuestro corazón...

Mi abuelo era un eminente físico. Hasta escribió libros sobre la materia... Quizás tú estudiaste con alguno de ellos Rodolfo... Todos los sábados venía a comer a casa y para mí no pasaba de ser el tipo aquel que se ponía ciego de arroz con leche, que se se grapaba los botones de las chaquetas al no saber coserlos y que al final de la comida, en la sobremesa, me preguntaba por enésima vez sobre el Real Madrid o por mi marcha en el colegio...

Yo pensaba con sencillez que él tenía memoria frágil y que no se acordaba de nada de lo que apenas unos días antes le había explicado. Pero no... Simplemente se zambullía en la excusa más redundante que encontraba para mantener una charla conmigo, en la que la distancia de nuestras realidades, la experiencia y lo vivido no estuvieran demasiado presentes.

A mi abuelo le interesaba el próximo avance científico que anunciara el diario, no los goles de Santillana. Para mí, la verdadera ciencia se hallaba en cómo Santillana aguantaba suspendido en el aire y a los golazos de cabeza que marcaba pese a su escaso 1'71 cm, que luego yo trataba de imitar en el recreo...

Nunca pude ver lo que habia detrás de esas dos maneras de ver la vida. Y ahora daría media vida por volver a aquello entendiéndolo como lo hago ahora, pero me conformo con haberlo aprendido, aunque sea tarde...

El tiempo, el pasado, los recuerdos, han de ser nuestros aliados, tal y como tus palabras sugieren. También mi padre murió sin que yo descubriera su pimiento o su tomate guardado con cariño en su particular tartera para serme ofrecido. También ahí llegué tarde...

Pero me siento feliz por saberlo apreciar ahora, por hacerlo sin que pase un solo día en que no lo haga, por entender que tod@s pasamos por ello y que tod@s luchamos por saber heredar la mejor de las virtudes, la que no enseña Proust, la que de pasada trató Sartre, la que no alcanza en los versos de Rostand: el orgullo envuelto en lagrimas de cariño...

Mil gracias por evocarme todo ello Rodolfo...

ILSA dijo...

A mí también en una etapa lejana de mi vida me cogieron de la mano para ir a buscar a mi padre a la hora en que salía del trabajo. Esto es una cosa que permanecía en el hueco del olvido con el que se burla de mí la memoria. Pero hace poco he evocado ciertos pasajes de los de entonces y ha sido por una razón: hace casi tres años que mi padre se bautizó en eso de ser abuelo, y sin más veo reflejados en su nieta ciertos actos del pasado.

Veo como mi sobrina está expectante al sonido del timbre, adivinando por la hora, que es el “abu” y el “abu” siempre viene con un regalo en forma de manjar; una veces es una pulguita que no se tomó con la caña, otras un churrito que paró a comprar aun desviándose unos metros de su camino de regreso a casa, otra unos caramelos sin más...
Viendo la cara de la niña me veo como en el reflejo de un espejo que me devolviera a la infancia. Cuando desde lejos, mi hermana mayor y yo, mirábamos al final de la calle esperando el color rojo de SEAT127 de papá. Y el subir de las palpitaciones cuando sonaba el claxon de aquél cacharro. Entonces íbamos a la ventanilla corriendo a regalar besos y buscar nuestro regalo, allí nos montábamos en el coche y él nos devolvía a casa.
Entonces parecía que íbamos a buscarle lejos, muy lejos, casi al otro lado del horizonte. Hoy sé que apenas eran unas cuantas manzanas.

Me ha parecido curioso leer esto a tan poca distancia de mi vuelta a los recuerdos. Éste es una de esos escritos que parece que nos hagan sentir menos solos, a sentir que no estamos locos y saber que todos tenemos recuerdos parecidos.

Ha sido un placer leerle, Rodolfo

eva dijo...

querido Rodolfo, yo también me acuerdo a menudo de mi padre, que falleció este verano, menos mal que llegué a tiempo para estar a su lado, nuestra relación era como de amor-odio, eramos iguales y no lo queriamos reconocer y él me picaba siempre, también me queria como un padre puede querer a un hijo y viceversa.
Me ha gustado mucho el texto, ;) recuerdo que él siempre las aceitunas que mi madre le echaba a la ensaladilla rusa, como sabía que me gustaban mucho las que le caían a él me las echaba en mi plato

NATALIA dijo...

y vaya, voy leyendo y hay referentes inmensos que comparten tu relato y mi vida. son varios kilometros, pero las mismas formas de demostrar amores profunos.
NATALIA- ALHUÉ, CHILE

verito dijo...

Querido Rodolfo:
ha llenado de brisas frescas, q brotaron desde mis ojuelos, al permitirme viajar hacia mis propia infancia...
un fuerte abrazo

una fiel seguidora de sus bellas palabras