jueves, 13 de marzo de 2008

Viejos recuerdos

A veces te vienen viejos recuerdos, viejos nombres, viejos rostros. No sé muy bien por qué, tal vez al oír en el autobús un acento argentino, me ha venido a la memoria el recuerdo de mi primer viaje a Argentina. El país acababa de salir de unas de sus crisis. Y la ciudad era tan terriblemente hermosa como siempre.

Recorrimos, incansables, sus calles, sus avenidas, sus plazas. Entrábamos y salíamos de los cafés viviendo cada instante intensa y amorosamente. Tal vez se veía una cierta tristeza en su gente, niños mendigando cerca de Florida, parejas bailando el tango junto a Caminito. Tenía la ciudad ese aire que tienen las ciudades españolas en una tarde de paseo.

No sé por qué entramos en una vieja librería. Esas librerías de Buenos Aires maravillosas, refugio del paseante, paraíso de libros nuevos y antiguos, lugar mágico. Preguntamos por algunos libros de la editorial Losada. La editorial Losada era la única que en España, durante el franquismo, nos trajo los libros de Miguel Hernández, de Machado, León Felipe, Neruda. Esas ediciones blancas, de cartoncillo troquelado, con el olor del papel gris de sus páginas interiores.

Nos mandaron al sótano de la librería. Y allí estaban. Nos entretuvimos mirando, cogiendo libros, acariciando los tomos recordados. Un hombre, con esa amabilidad y esa dulzura que tiene cada argentino, se acercó a nosotros. Sonriente, nos preguntó de dónde éramos, qué hacíamos, por qué habíamos venido... Luego nos empezó a contar su historia. Era profesor. La crisis le había golpeado, perdió su trabajo. decía: "Tuve que vender mi autito, nos quedamos sin nada..." .

No había rencor en sus palabras. Tampoco una resignación autocompasiva. Sólo la dura constatación de un cambio brutal de vida. Nos contó que había tenido suerte, que había encontrado este trabajo y nos dijo que cobraba un sueldo que nos sonó ridículo. Pero él era feliz entre sus libros, contento con un trabajo que le gustaba. Hablamos unos instantes de España, de Buenos Aires, de literatura.

Años después Argentina cayó en otra de sus crisis económica. Fueron los tiempos del corralito. En aquellos momentos, para mí, la crisis argentina era aquel hombre que había tenido que vender su "autito", que trabajaba por cuatro cuartos en una vieja librería. Pensé muchas veces en él. Me hubiera gustado saber si había tenido suerte, si había conseguido sobrevivir a la nueva crisis. Si seguía con su traje pulcro, con su rostro sonriente y amable, atendiendo a los "gallegos" que llegaban a Buenos Aires buscando los viejos libros de Losada..

Nunca he sabido de él. Y, a veces, por la noche, cuando hojeo y acaricio alguno de los libros que trajimos de Buenos Aires, cuando escucho en el autobús ese acento tan querido, vuela mi alma hacia esa ciudad bendita, al sótano con olor a papel viejo, al lado del profesor que había perdido su empleo. Y me angustio y pido a todos los dioses que siga allí, que no sea él una cifra desechada por los datos del FMI, por los resultados de los bancos internacionales, por las estadísticas malditas de los créditos y la deuda externa. Que continúe esperando a alguien para hablar de los libros de Losada.

31 comentarios:

Paseando por tu nube dijo...

Viejos y bellos recuerdos, parece que hoy fuera un día de melancolía. Yo andaba en otros mios, curioso.
Un beso Rodolfo

Dorian Grey dijo...

Buenos Aires... recuerdo las verjas rodeando la rosada y el Congreso, la lluvia por San Telmo, las camisetas de Diego en La Boca, el subte de madera y las ganas de un telo. Gracias por hacerme recordar a mis amigos argentinos que hace poco hablé con ellos, y por las las ganas de volver.
Salud

Carlos F. dijo...

Cada persona tiene impuesta una Leyenda Personal que debe cumplir puntualmente. Una crisis económica y una pérdida de empleo no son el mejor destino... o quizá sí. Me imagino a ese "pive" en la librería y le veo feliz. Más que antes. ¿Saber por qué? Por el traje impoluto. Quizá, por culpa de ese desahucio, haya encontrado nuevas razones por las que apagar el maldito despertador. No sé, tal vez, quizá. Pero yo me imagino a ese "pive" feliz con sus tintas.
Un abrazo Rodolfo.

Lluis de Zamora dijo...

Es una entrañable historia pese al doble fondo trágico que tiene: la censura en el franquismo y los estragos que causa el capitalismo en Argentina.

Un país tan rico saqueado por las manos extranjeras pero también por sus políticos. La historia del "autito" tampoco nos queda muy lejos, si esto sigue igual, pronto contaremos por aquí la historia del "pisito" o del "cochecito".

Salud

Alicia dijo...

Nunca he viajado a Argentina pero con estos relatos "me muero por volver"... Gracias una vez más. Besos

Isa dijo...

Argentina es uno de mis destinos pendientes. Me muero por escuchar ese acento por todas partes, rodearme de él.
Mis antepasados emigraron a Buenos Aires, algunos de esos gallegos a los que debemos el apodo el resto de españoles.

Rodolfo, gracias por aumentar mis ganas de cruzar el charco y visitar ese gran país.

Un saludo.

yo mismo dijo...

qué bonito tuvo que ser aquel viaje, rodolfo, si ahora sigues recordándolo con tanta ternura, si sigues pensando en los que encontraste allí y que te marcaron tanto, de alguna manera.

sólo espero poder viajar yo también a esas tierras hermanas... ojalá siga bien tu amigo.

un abrazo.

ALBERTO LÓPEZ dijo...

En mi etapa laboral en Madrid conocí a varias parsonas Argentinas. Me contaban historias de sus vidas, de sus familias, de como el destino les llevó a España casi sin quererlo y sin darse cuenta. Es curioso, en la calle Barco, conocí a un Argentino que tenía una librería o almacen de distribución de libros de filosofía, CATRIEL creo que se llamaba la editorial. Me recuerda mucho a el hombre de tu viaje, pero al otro lado del charco.

maria jose dijo...

Me ha emocionado esta historia.Los argentinos me caen bien.Me gusta su acento, me parece música y me encanta el tango,escucharlo y bailarlo,aunque no lo hago muy bien.

Hay un señor argentino que vende objetos de regalo en los mercadillos de la costa del sol.Cuando voy a la playa, soy una clienta asidua.Es un placer ver cómo se pone sus gafas para explicar cualquier cosa sobre sus piedras.Tiene una mirada dulcísima y una voz tan melosa que parece acariciarte cuando habla.Ya nos conocemos y siempre me saluda con afecto,como yo se lo tengo a él.Creo que es a través de él y por él por lo que me caen tan bien los argentinos.
Espero poder visitar su tierra algun día.Mientras tanto ellos son bienvenidos a la nuestra.

Saludos,Rodolfo.

Verónica dijo...

Preciosos recuerdos.
Me encantaría pegarme un viaje por Argentina, y leyendo estos relatos la verdad que se siente más cerca...

Un abrazo Rodolfo

eigual dijo...

Fue un Argentino amigo mio, quien me enseñó una vez, hace ya bastante tiempo, lo importante que son para las personas "los recuerdos". Cuando me lo explicaba, lloró, entonces no hicieron falta más palabras: los recuerdos le sacudían de cualquier manera, con lágrimas o risas. Pero aún así, estaba seguro de que era lo más valioso que poseía. Y yo supe que era verdad. Desde aquel día, para mi, los recuerdos también son lo más valioso.

Gracias por compartir "tantas cosas" con todos nosotros. Nunca sabré como agradecerte tanto...

Samuel Villena dijo...

Rodolfo, es uno de los relatos más bellos que he leído de tus textos o escuchado de tus labios alguna vez. Me ha emocionado bastante, y me han invadido unas ganas terribles de visitar Argentina. Sienpre he tenido el gusanillo, pero nunca tanto como esta vez. Me encantaría visitar esa librería y ver esos libros antiguos (me encantan los libros, es una de mis pasiones), acariciar sus lomos, pasar suavente sus páginas, leer algún poema o algún parrafo... Y sobre todo, me encantaría encontrarme con ese nostálgino argentino, y decirle que te acordaste de él, y que sigue en tu corazón.

Gracias, Rodolfo, una vez más, por dar un sentido al latido de nuestros corazones.

Piluchi dijo...

No se si es porque paso por unos días dificiles y tengo los sentimientos a flor de piel o porque en realidad lo que que has escrito es tan bello como me parece... pero me hiciste llorar como una boba leyéndolo...

Como diría alguien que conocemos...
"El caso es que me afectan las cotidianas tristezas,
la de los supermercados, la del metro y las aceras,
también las que me quedan lejos,
las de los secos desiertos, las de las verdes selvas."...

Y espero que siempre que lea o me cuenten historias así llore de la misma manera que lo hice esta tarde... espero que me sigan afectando de la misma manera... Aunque en realidad lo bueno sería que no tuviera que llorar más historias así... que no ocurrieran... en fin... ya te digo, unos malos días y muy sensiblona estoy...

Los recuerdos... los buenos recuerdos... manteniendo siempre un lugar privilegiado en la memoria... Siempre me ha llamado la atención como lo cosa más tonta puede hacerte volver al pasado sin darte cuenta...

Un abrazo Rodolfo...

Manuel Berrocal dijo...

Mil millones de Felicidades para tu hijo Ismael, perdona que te tutee, pero te leo a diario y ya me siento amigo tuyo. Un abrazo fortisimo para ambos, tengan un buen dia.

Sebas dijo...

No tengo palabras.

Azul dijo...

Argentina es casi una obligación en mis planes... una obligación de esas que se cumplen con gusto...

La economía nunca está para excesos... pero... he de viajar a argentina...

Linda la historia, triste las conclusiones que de ella se sacan... al menos, algunas de ellas...

Un abrazo

Laksmi dijo...

Que ganas de visitar esas tierras......

Gracias, Rodolfo, por ayudarnos a imaginar y conocer....

Esther dijo...

Pura melancolia...gracias Rodolfo por hacernos sentir.Ojala algun día pueda verlo con mis propios ojos...

MaríaGabriela dijo...

Comparto profundamente la percepción que tienes de los argentinos.
En mi país, existe una bronca excesiva y absurda por todo lo que provenga del otro lado de la cordillera, y lo peor, que es casi recíproco. Digo casi, porque habemos qalgunos que no nos invade ese sentimiento.

Argentina ha sufrido tanto como mucho países de latinoamérica, pero sabe sobreponerse, puesto que sigue teniendo ese gustillo a no sé qué.

Recomendable para quien aún no la visitan. No se arrepentirán.

Tus viejos recuerdos desempolvaron los míos...

Saludos

Anónimo dijo...

Foi através de um argentino que cheguei a este blog. Ale(Romano) é, certamente, um desses bons e simpáticos argentinos de que aqui se fala. Não sei se algum dia visitarei a Argentina, mas ler estes relatos já é para mim um consolo. Obrigada! Ana

Eclipse dijo...

"se me pianta un lagrimón", como dice un viejo tango.
esa crisis que también por acá, en este rinconcito al sur, pegó tan fuerte.
es tan curioso que a ti te guste tanto nuestro acento rioplatense y yo me muera por oír las "s" y"j" pronunciadas por los españoles.
será este cariño mutuo y tácito que hace de estas naciones un poco hermanas.

Dani Mena dijo...

Que cantidad de comentarios....Que tal Rodolfo??
Hoy justamente vengo de hablarle de ti a un amigo. Soy hijo de Carmela ( compañera tuya de universidad y años de batalla). Y justamente una amiga me recomienda que visite este blog.Me ha parecido un guiño simpático de la señora casualidad. Así que aprovecho para mandarte un abrazo. Visitaré el blog. Y se lo diré a mi madre. Llevo detrás de ella un tiempo para que haga uno. A ver si con esto se anima...Un saludo!!

Anónimo dijo...

Tengo previsto un viaje a Argentina este septiembre. Seguro que nos vemos allí, en el sótano de alguna vieja librería... Seguro...
B.

Anónimo dijo...

Querido Rodolfo:

Vivo de este otro lado del charco, de las tierras en las q cada dos por tres nos sorprende una crisis, como bien lo decis. Tambien la q se forjó con la conjuncion de la sangre de los indios americanos y la de los españoles q llegaron hace unos siglos.

no dejan de sorprenderme tus palabras, justamente ayer me crucé con unas jovenes españolas q estan de visita por estas tierras y entre palabras compartidas descubrimos q tu hijo Ismael es quien musicaliza nuestras vidas (además de haber sido q desde su foro llegué a este maravilloso lugar).

Q lindo descubrir la hermandad entre un lado y el otro del atlantico.

Un abrazo grande, gracias por tus recuerdos, por tu sensibilidad.

Vero

Arcángel Mirón dijo...

Gracias, muchas gracias por este escrito.

Margarita dijo...

Cuando mi mente cruza la cordillera recuerda a Nora, hija de detenidos desaparecidos, que fue (junto o muchos otros) estafada con el dinero de la compensación que el estado le había dado, siempre pienso en ella y su pequeña hija, ojalá estén bien.

Anónimo dijo...

es inevitable que no se me ponga la piel de gallina y vuelva a sentir esa misma sensacion de abandono, de naufragio, esa sensacion que senti en cada crisis...es tan triste y se siente tanto orgullo a la vez q pese a todo y a cada cosa q paso mi tierra, su gente sigue adelante siempre con la misma fe...

Caurana dijo...

Gente, Argentina es mi vida, de hecho soy argentina. Gracias Rodolfo por tus palabras tan bien bienvenidas a mis oídos...Bs As es encantador más allá de piquetes, cacerolazos o lo que sea...la esencia está intacta...Ojalá todos puedan visitarla.
Gracias una vez mas por vuestras palabras.

Fernanda dijo...

Rodolfo,

Estoy recorriendo tu página y me detuve a leer esto. Soy argentina y estamos atravesando una crisis nuevamente pero esta vez por un capricho del gobierno (casi siempre son caprichos de los manejos políticos de este mundo) y leer tus palabras, me compromete el alma. Estoy trabajando y lloro, pensarán que estoy loca...

Ale dijo...

Sabe que estaba recorriendo viejos escritos de su blog y me encontré con este. Los recuerdos siempre están ligados a situaciones, sentimientos, canciones. Diálogos interminables y fugaces.

Mientras leía se me ocurrió algo. Me dije "y yo, que soy de Buenos Aires, ¿no podría ir a la misma biblioteca y buscar al mismo hombre para saber qué fue de sus días?" y acá estoy, comentándole esto y ofreciéndome si usted lo desea a buscarlo, hablarle de usted, leerle en voz alta lo que acabo de leer yo. Quien sabe, quizás le damos una razón más para seguir contento con su trabajo si es que sigue en él.

Un abrazo.

ANGEL TARABORRELLI dijo...

Muy, muy bueno el relato, casi se me pianta un lagrimón a mi también.
Gracias, Rodolfo